martes, 3 de noviembre de 2015

Irving Penn. Desnudos 1949-1950

Entre el verano de 1949 y el año siguiente Irving Penn (Plainfield, New Jersey 1917, New York 2009), un joven fotógrafo muy prometedor, un astro ascendente de 32 años, fue completando un trabajo muy singular: su serie de desnudos. Una serie muy personal que el autor acometía por las tardes en su estudio o los fines de semana y completamente diferente a su trabajo oficial para la revista VOGUE, donde fotografiaba modelos de moda.

Fotografía con una cámara Rolleiflex que crea un formato cuadrado, lo que condiciona la composición. Hay un trabajo interesante en el revelado de cada imagen, así como en la cuidada iluminación de los cuerpos. El autor persigue a veces una imagen y crea series de imágenes casi idénticas con pequeñas variaciones. Hay una deliberada y estudiada despersonalización (el rostro de los modelos nunca aparece, sólo fragmentos del cuerpo) y una exploración plástica que busca la forma, el juego de curvas, la composición. 

Estos extraños desnudos rehuyen el estereotipo de lo erótico, para ello el distanciamiento también del blanco y negro es útil, es más económico, subraya sólo la línea, el sombreado construido por la luz. Más que desnudos son una especie de bodegones, de naturalezas muertas. Igualmente se ha rehuido conscientemente el estereotipo de la belleza canónica, estos cuerpos no son perfectos, no son 90-60-90, o cualesquiera que sean las medidas ideales, son unos cuerpos que recuerdan más a las Venus neolíticas, como la Venus de Willendorf, que a la estatuaria clásica. 

Y sin embargo esos fragmentos de cuerpos poseen una delicadeza, un aroma de intimidad no expoliada todavía, una exquisita humanidad que los hacen, a mi manera de ver, bellísimos, constituyen un delicado canon de variaciones sobre el cuerpo femenino, unas variaciones Goldberg de la carne que conmueven al espectador dispuesto a dejarse seducir por ese juego de curvas, por esos amados volúmenes. 

La serie, que Irving Penn trabajó entre 1949 y 1950, permaneció largo tiempo en la oscuridad, tanto Edward Steichen, fotógrafo, como Alexander Liberman, director artístico de VOGUE, aconsejaron al joven autor que guardase para sí estas fotografías, sin duda temían que su valor no iba a ser comprendido por la sociedad estadounidense en ese momento. No fue hasta la década de los 80 cuando se expusieron en la famosa galería Marlborough, cuando su autor era ya una celebridad intocable. Posteriormente el Metropolitan volvió en 2002 a dedicar una exposición a estos desnudos juveniles de Irving Penn.

Hoy que vivimos en una sociedad saturada por el erotismo, que no nos escandalizamos por un desnudo, que incluso estamos ya cansados de ver desnudos de toda clase, quizás podríamos "sine ira et studio" volver a revisar el valor de estos enigmáticos y extraños desnudos que constituyen una isla secreta dentro de la producción de un autor, Irvig Penn, que ha transcurrido por los cánones de lo que nuestra sociedad de un modo estandarizado considera bello, glamuroso, cool, y que son un desahogo íntimo o una venganza secreta contra esa estandarización de la belleza y nos obligan una vez más a preguntarnos ¿Qué es bello?
















































































































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