lunes, 21 de diciembre de 2015

Santiago Calatrava, un hombre del renacimiento


Santiago Calatrava Valls (Benimàmet, Valencia 1951) es un genio de la arquitectura, juega en una liga donde se codea, y compite, con nombres como Sir Norman Foster, Frank Gehry, Richard Meyer, Herzog & De Meuron, Zaha Hadid, Tadao Ando y otras exclusivas divinidades del panteón arquitectónico mundial, esto no hace falta que lo diga yo, lo sabe todo el mundo. Calatrava además es un creador con una formación artística y técnica enciclopédicas: cursó Bellas Artes y se graduó como escultor, luego se pasó a la carrera de Arquitectura en el politécnico de Valencia y finalmente amplió su formación estudiando ingeniería civil en Zurich, de modo que aúna en su persona la visión estética del artista con la dura, y sólida, formación del ingeniero. En ese sentido se me aparece como un Leonardo da Vinci de nuestro tiempo, sólo que de Benimàmet, que está aquí al lado. Quizás por eso, por aquello de que nadie es profeta en su tierra, los españoles hoy nos fijamos más en los aspectos polémicos de su obra (los sobrecostes que han solido tener sus proyectos, los fallos que alguna vez han trascendido, los juicios) y en cambio minimizamos el hecho de que estamos conviviendo, aquí, en nuestro país, con uno de esos genios cuya obra saldrá en los manuales de Historia del Arte en los siglos venideros y como que no le damos importancia. Por eso, por esa indignación que me provoca esa mediocridad española que se duele de reconocerle el mérito a un paisano, me gustaría hoy, pese a mi total ignorancia de la arquitectura, rendir un pequeño homenaje a este gran artista español que, a mí al menos, me provoca mucho orgullo como español y como valenciano. He querido hacer esta entrada como un pequeño recorrido a través de cinco de sus obras más características, o al menos cinco de las que a mí más me gustan de ya su larguísimo catálogo.





1. Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. 2000. Valencia, España.

Este edificio está concebido como una gran fachada de cristal plegada en su fachada Norte y una fachada Sur sujetada por toda una serie de arbotantes y contrafuertes que nos recuerdan a una catedral gótica, en un juego de compleja geometría. La obra está configurada a partir un sistema de plataformas suspendidas de una estructura compuesta por cinco grandes árboles de hormigón cuyas ramificaciones sujetan la cubierta y vertebran el espacio total. El aspecto es el de un costillar de alguna especie de inmenso dinosaurio, o de la compleja raspa de un gran pez. El interior, con una circulación del espacio fluida y una iluminación inmejorable, crea multitud de espacios singulares. A este edifico en particular le tengo un gran cariño porque lo he visto crecer en mis años valencianos.



















2. Turning Torso. 2005. Malmö, Suecia.

La idea surgió de una escultura del mismo nombre del propio Calatrava que el futuro dueño del edificio, John Örback, había visto en fotografía, le gustó y sugirió al arquitecto convertir esta escultura en una torre. El edificio es uno de los más altos de Europa y el único edificio en torsión hasta el momento. La torre se compone de 147 departamentos agrupados en nueve bloques cúbicos, estos cubos (en realidad son pentágonos) van girando sobre sí mismos, hasta completar los 90º y, para hacer más dramático el efecto, la propia fachada está curvada respecto a la vertical, acentuando la impresión visual de torsión. La estructura está anclada a un núcleo circular central que actúa a modo de columna vertebral y que distribuye las circulaciones verticales y está además reforzada exteriormente por una estructura de vigas de forma helicoidal que contrarrestan el empuje de los vientos y rigidizan la estructura total, a modo de un exoesqueleto. Esta obra ha sido galardonada con el "10 Year Award" concedido por el Council on Tall Building and Urban Habitat  con sede en el Instituto Tecnológico de Illinois.




















3. Estación Liège-Guillemins. 2009. Lieja, Bélgica.

Esta estación, que ha convertido a Lieja en el nudo ferroviario más importante del Este de Bélgica, incorporándola a la red de la alta velocidad europea, está concebida como una cubierta transparente de acero y cristal que armoniza su curvatura con la de las colinas cercanas y que cubre como la tela de una gigantesca jaima, pero al mismo tiempo no supone una barrera (de hecho no tiene fachadas propiamente) ya que la cubierta se abre al entorno dando una sensación de accesibilidad y de integración total. La estación es como un gran invernadero abierto, donde la luz penetra en el espacio cubierto de los andenes mientras la estructura de acero crea un dibujo tramado de líneas entrecruzadas. El autor recibió por esta obra el Golden Belgian Building del gobierno de Bélgica.
















4. Bodegas Ysios. 2001. Laguardia, Álava, España.

Las bodegas fueron concebidas como uno de los edificios más vanguardistas en su género. Están planeadas como un gran espacio rectangular sujetado por dos muros de carga con trazado curvo en planta como en alzado, de modo que la ondulación del muro anterior y el posterior están desfasadas, esto es lo que crea la sensación de movimiento de las cubiertas, unidas por simples vigas rectas que cubren una luz de unos 30 metros. El edificio se utiliza tanto como bodega como para la visita turística y edificio de representación. Lo singular de este edificio es su bella armonía con el paisaje circundante, el juego ondulado de las techumbres rima con las montañas cercanas y su marcada horizontalidad lo integra en el terreno.



















5. Puente de la Mujer. 2001. Buenos Aires, Argentina.

El proyecto fue encargado por el empresario Alberto González quien presentó la idea y donó la obra a la ciudad de Buenos Aires. El puente es una pasarela peatonal que une los dos lados del dique de Puerto Madero y que tiene la singularidad de que consta de una parte central, la que está atirantada, que es móvil, gira sobre un pivote central troncocónico y en pocos minutos deja paso a los barcos. El diseño, de una ligereza y sencillez extraordinarias, tiene similitudes con otros dos puentes muy conocidos de este arquitecto, el del Alamillo en Sevilla, que une la isla de la Cartuja con la ciudad y el puente Samuel Beckett de Dublín.
















6 comentarios:

  1. El rey Fernando, en vez de agradecer al Capitán FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA las batallas ganadas y tierras conquistadas para la corona, le pidió relación de los gastos ocasionados, a lo que el militar -acompañada la "lista" de uno de sus raídos guantes de montar- le envió lo que se ha dado en llamar LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN.
    Su arquitecto preferido vuelve a sufrir -5 siglos más tarde- las injusticias, envidias y desagradecimientos de "esta España nuestra"...

    Me encanta que a través de sus artículos reivindique, pues algo queda.

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    1. No conocía la historia de las cuentas del Gran Capitán, aunque sí el dicho, me recuerda otra petición de cuentas similar, la que le hacía una y otra vez Catón al vencedor de Aníbal, a Escipión el Africano, en este caso el puñetero Catón consiguió con su infatigable insistencia en las cuentas jubilar al ilustre héroe de la guerra púnica. Ambos son casos de ingratitud, de no saber la medida de las cosas, que un problema de dinero a veces es poca cosa comparado con los servicios que se han prestado.

      En el caso de Calatrava sus problemas con los sobrecostes de las obras no son diferentes de los que le han ocurrido a otros muchos arquitectos con proyectos de ese nivel de complejidad, uno puede leer en la prensa cosas parecidas sobre Foster, Moneo, Herzog & De Meuron... creo que en su caso le ha perjudicado una cierta conexión con el PP valenciano que patrocinó su Ciudad de las Artes y las Ciencias, y la izquierda patria para atacar al PP de paso le sacudió a Calatrava. Hace bien de momento en vivir fuera de España, porque si no me temo que, por my genio que fuera, estaría cada día recibiendo ecupitajos de sus paisanos, como Messi.

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  2. Estoy completamente de acuerdo en cuanto al genio. Lo que no quita que comparta el recelo común del sobrecoste de sus obras (recelo avivado por el sector mediático de cierto cariz político). Pero eso no es algo que reprocho al señor Calatrava, es algo que reprocho al mecánico, al albañil, al fontanero... cuando sus presupuestos no estimaron el total de una obra.

    La arquitectura se mueve en un terreno límite del arte precisamente por su carácter funcional. Calatrava se atreve, dentro del estrecho corsé que la arquitectura le impone, a imaginar obras grandiosas, casi salidas de la imaginación desbordante y endiablada de un chiquillo. En ese sentido, me rindo a su arte. Lo del sobrecoste... me mantengo. Posiblemente de esto no tenga toda la culpa nuestro insigne conciudadano, y quizá su responsabilidad sea mínima con respecto a esta práctica común que se ha instalado en nuestro sistema presupuestario como si de un mal endémico se tratara.

    Saludos ;)

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    1. Desconozco cómo se elaboran los presupuestos de una megaobra como el Palau de les Arts Reina Sofía, o del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, no debe ser nada fácil anticipar el monto total de gastos de una cosa así, ni por muchas catas geológicas, o mucha previsión de la planificación de la obra que se haya hecho, se puede evitar que sobre la marcha salgan problemas con el terreno y la cimentación, problemas con las empresas subcontratadas, con los plannings de trabajo y los retrasos, con los proveedores... de todos modos también es cierto que hay una legislación en el tema de licitar obra pública que es demencial y que, ni ha evitado la corrupción, antes al contrario la ha alentado, ni permite tampoco licitar con otros criterios que no sean los del coste más económico, lo que provoca la "trampita" de hacer presupuestos totalmente ficticios para licitar a una determinada persona y que luego todo el mundo sabe que se incumplirán. Hay que cambiar esas leyes que han demostrado ser una mala herramienta, pues no permiten ni contratar al que se considera el mejor proyecto, ni evitan el cobro de comisiones por todos los tramos intermedios.

      En cuanto al genio de Calatrava, me parece del tipo de arquitectos que priman la parte artística, el reto estético a lo funcional, que también es muy importante en la arquitectura, por eso sin duda se ha especializado en este tipo de arquitectura monumental y emblemática, lo veo como un Bernini contemporáneo, que hizo una fachada preciosa para el Louvre, pero luego se escandalizaba, como si le preguntaran una tontería, cuando los de la comisión gubernamental que debía aprobar el proyecto le preguntaban dónde había colocado los aseos. La arquitectura está en ese filo, unos cuidan más la parte funcional, otros se sienten atraidos más por el impacto estético, ambos son necesarios.

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  3. Me sumo a a las opiniones de tus prudentes comentaristas: estas faraónicas obras solo pueden ser fruto de la fructífera mente de un emprendedor capaz de materializar sus sueños sacrificando su coste, en sentido real y figurado (valoración de su honradez, aspecto crematístico,...).
    La visualización de tus magníficas fotografías me ha evocado al - nunca menos "ideal" que ahora - idealismo alemán decimonónico por sus, evidentemente, ya anacrónicos lemas "El hombre es un mendigo cuando piensa y un dios cuando sueña" (Hörderlin) o la identificación del arte con "Un efluvio del absoluto" (Schelling). En suma, la falta de reconocimiento de un talento, por desgracia, no es novedad en nuestra cultura, donde precisamente los mismos genios del arte han sido muchas veces presa de uno de nuestros más "capitales" pecados, la envidia (Leonardo-Miguel Ángel; Quevedo-Góngora...). Sorprendente entrada.

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    1. Los grandes divos artísticos de nuestro tiempo son sin duda alguna los arquitectos, algunos de ellos, los grandes, hacen obras de una complejidad técnica, de una ambición, de una espectacularidad, que uno solo de sus proyectos puede cambiar la faz de una ciudad y situarla en el mapa de lo que hay que ver. Los estados lo saben y buscan para sus grandes infraestructuras a los dioses de la profesión, así China encargó el estadio para sus olimpiadas a Herzog & De Meuron, Londres muestra con orgullo las obras de Foster, Zaragoza fichó para la Exposición Universal a Zaha Hadid, Cartagena le encargó su museo del teatro romano a Moneo... y Valencia quiso tener su Ciudad de las Artes y las Ciencias de Calatrava, un sueño un poco faraónico quizás, pero que ha situado a una pequeña ciudad como Valencia en el mapa internacional y ha creado unas obras de belleza imperecedera, ha costado mucho, sin duda, y muchos se han llenado el bolsillo, probablemente, pero lo bueno queda y cuando el moho de la envidia se haya desvanecido, las grandes obras de Calatrava seguirán ahí, como las de Gaudí, y dentro de varios siglos serán parte de nuestra memoria colectiva.

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