martes, 31 de marzo de 2015

Imágenes de la Pasión: LA ÚLTIMA CENA


"En diciendo esto , Jesús se conturbó en su espíritu y declaró y dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Se miraban unos a otros los discípulos, perplejos por no saber de quién lo decía. Estaba recostado en el seno de Jesús uno de sus discípulos a quien Jesús amaba. Hácele pues señas Simón Pedro: Pregúntale quién es aquél de quien habla. El, dejándose caer confiadamente  sobre el pecho de Jesús, le dice: Señor ¿quién es? Responde pues Jesús: Aquél a quien daré el bocado que voy a mojar. Mojando pues el bocado, lo toma y lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y tras el bocado, en el mismo instante entró en él Satanás. Dícele pues Jesús: Lo que vas a hacer, date prisa en hacerlo."
Evangelio según San Juan, 13, 21-27.




Domenico Ghirlandaio (Florencia 1449 - ibid. 1494) La última cena, 1480. Cenacolo di Ognissanti, Florencia.




lunes, 30 de marzo de 2015

Imágenes de la Pasión: ECCE HOMO


"Entonces los soldados del gobernador, tomando a Jesús y conduciéndole al pretorio, reunieron en torno de él toda la cohorte. Y habiéndole quitado sus vestidos, le envolvieron en una clámide de grana, y trenzando una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza y una caña en su mano derecha; y doblando la rodilla delante de él, le mofaban diciendo: Salud, Rey de los judíos. Y escupiendo sobre él, tomaron la caña y le daban golpes en la cabeza."
Evangelio según San Mateo, 27, 27-30.



Trophime Bigot (Arlés 1579 - Avignon 1650) Ecce Homo


lunes, 23 de marzo de 2015

¿Qué pinta aquí una mujer? Marlene Dumas


La primera obra que ví de Marlene Dumas (Ciudad del Cabo 1953) es la primera que he seleccionado aquí, un extraño retrato de grupo de unos alumnos con su maestra. Yo mismo tengo una foto idéntica de mis años escolares, los de mi clase colocados en filas escalonadas ocupando todo el espacio, el cura en el centro. Toda la violencia del autoritarismo, la fabricación en serie de mansedumbre, la mentira pedagógica está plasmada en esta imagen que aquí la artista ha trabajado, como suele hacer, a partir de una fotografía, añadiéndole, además de los valores plásticos propios de la pintura (color, textura, dibujo, composición, etc) sobre todo el comentario, la nota a pie de página, explicitando mediante su arte lo que en la fotografía se hallaba implícito, la emoción.

Igual nos sucede con otras de sus obras, son imágenes que nos resultan familiares, que re-conocemos, en la segunda vemos unos hombres contra un muro ¿el Muro de las Lamentaciones? ¿o un grupo de hombres a punto de ser fusilados contra un muro cualquiera? ¿y por qué no las dos cosas a la vez?, la imagen en su ambigüedad permite esas cosas. En la tercera obra, titulada "The visitor" vemos a un grupo de prostitutas en un club exhibiéndose ante un cliente que permanece invisible desde nuestro punto de vista. La siguiente nos muestra un grupo de niños expuestos como en una revisión impúdica, desnudos, con los genitales a la vista, agrupados, en pose vulnerable, con una patética inocencia que querríamos proteger. 

Todas sus imágenes proceden de otras imágenes, lo que no quiere decir que no hayan sido elaboradas o reelaboradas, quiere más bien aludir al hecho de que la imagen, las imágenes, hoy son un patrimonio universal, son algo que nos alcanza en todos lados, que nos persigue, que se ha democratizado, que se ha liberado de sus sujetos, que se ha banalizado, una plaga de imágenes que no paran de proliferar. Con ese material en bruto, el trabajo de esta artista consiste en crear significados, dar profundidad, crear texto donde sólo hay fragmentos sin sentido. 

Marlene Dumas mira esas fotos, mira esas imágenes procedentes del porno, mira esas caras, los famosos, Warhol, Passolini, Obama Bin Laden, y los anónimos, ¿son retratos? en todo caso no pretenden reivindicar un género tan reaccionario como el retrato burgués, el retrato para colocar sobre la chimenea, más bien parecen esas colecciones anónimas de rostros que hemos visto en este siglo XX, las fotos de los judíos muertos en el Holocausto, las de las víctimas del terrorismo, esos homenajes masivos, o por qué no, a los rostros de El Fayum. Son rostros únicos y a la vez en su unicidad son don-nadies, sólo caras, fantasmas que nos miran como preguntando, como los rostros que Dante entreve en su recorrido por el Infierno, mezclados en su anonimato. 

Me gusta Marlene Dumas también porque es mujer y pinta como una mujer, desde ser mujer, femenina y feminista ¿podría ser de otro modo? Como ella misma dice, con mucha auto-ironía, mucho sentido del humor y afortunadamnte muy poca corrección política, en un texto suyo, Mujer y pintura, de 1993: 
"Pinto porque soy una mujer religiosa. 
(Creo en la Eternidad) 
La pintura no congela el tiempo. Recicla y hace circular el tiempo como una rueda que gira. Los que fueron los primeros, bien pueden ser los últimos. 
La pintura es un arte muy lento, no viaja a la velocidad de la luz. Por eso es por lo que los pintores muertos brillan tanto. 
Está bien ser el segundo sexo, 
está bien ser el segundo mejor, 
la pintura no es una actividad progresiva. 
[...] 
Pinto porque soy una mujer sucia, 
(pintar es un sucio negocio) 
No puede ser un medio puro, conceptual. Cuanto más "conceptual" o limpio es el arte, más se puede separar la cabeza del cuerpo, y más el trabajo puede ser hecho por otros. La pintura es el único trabajo manual que hago. 
Pinto porque me gusta que se compre y se venda. 
La pintura trata de los restos del tacto humano, trata de la piel de una superficie. Una pintura no es una tarjeta postal. El contenido de una pintura no puede separarse de la percepción de su superficie".

Sobre todo me gusta, y es lo que reivindica aún en nuestro tiempo el inmortal valor de la pintura, que sus imágenes sigan resistiéndose al comentario, a la glosa, porque son imágenes, nada más y nada menos, y por tanto ambiguas, simbólicas, plurivalentes, misteriosas, poderosas, hipnóticas. El primer hombre que pintó unos animales en la pared de una caverna ya sabía esta simple verdad: Si pudiésemos explicarlas destruiríamos su magia.










































































































































En la Tate Modern de Londres se está celebrando, desde el 5 de febrero hasta el 10 de mayo, una gran exposición restrospectiva de la obra de Marlene Dumas bajo el título "The image as Burden" (La imagen como carga), les dejo aquí el enlace de la cita:
http://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/exhibition/marlene-dumas-image-burden

lunes, 16 de marzo de 2015

El hombre sin rostro: retratos para un rey


En 1700 comienza el reinado de Felipe V, el primer rey Borbón de España y el reinado más largo de la historia de nuestro país, 46 años interrumpidos tan sólo por el brevísimo intervalo del reinado (229 días) de su hijo Luis I. Un rey nuevo, extranjero (nunca hablará más que francés) llega a tomar posesión de sus reinos con 17 años y fue y sigue siendo uno de los reyes más controvertidos de nuestra historia. Ninguno como él ha sido objeto de juicios tan contradictorios, tanto en su época como en la nuestra. Todavía hoy, según qué visión de España se tenga, es usual alabar o denostar al primer borbón para fijar posiciones. 

Persona siempre huidiza, es juzgada por los comentarios de sus contemporáneos siempre desde lejos, bien como un ser abúlico, dominado por sus mujeres, melancólico, loco, bien como "el animoso", valiente guerrero, reformador, piadoso, culto. El rey es poco comunicativo desde los comienzos, luego su enfermedad depresiva lo recluirá aún más en sí mismo, finalmente sus temporadas, largas, de enajenamiento mental y sus horarios nocturnos le mantendrán apartado por completo de la vista pública. 

Sin embargo, en parte por haber sido el reinado más largo de nuestra historia, en parte por haber comenzado una nueva dinastía, en parte por el esfuerzo propagandístico tras la Guerra de Sucesión, el caso es que ha sido seguramente el rey más retratado de la historia de España. Felipe V no tuvo para esto la suerte de haber contado con ningún Velázquez o ningún Goya a su servicio; sus retratistas, si no mediocres, que los hay y muchos, lo mejor que se puede decir de ellos es que son medianos, buenos artesanos de lo suyo. Todos estos pintores nos han dejado una amplísima colección de rostros que, cuanto más los vemos, menos nos permiten conocer a la persona ¿Ineptitud? ¿Idealización propagandística? El rey no parece haber tenido aquellos rasgos tan característicos de los Habsburgos, sus antepasados, el caso es que Felipe V parece seguir queriendo escabullirse y desaparacer tras la máscara de todos esos reflejos.

Llega un rey nuevo y hay que pintar un montón de nuevos retratos que irán a presidir las audiencias provinciales, las capitanías, los gobiernos civiles, retratos que se mandan a embajadas o cortes extranjeras, que se encargan por miembros de la nobleza, que llegan a cada rincón del país donde haya una institución oficial. Todo ese inmenso trabajo había que hacerlo a mano: el pintor, o los pintores, de cámara tenían la misión de elaborar esos retratos, o al menos sus prototipos, que luego serían copiados por otros pintores más mediocres conforme bajaba el escalafón. Los pintores de cámara también debían supevisar estas copias para verificar unos mínimos de calidad y controlar que mantuviesen unos estándares de decoro y que sirviesen a los propósitos propagandísticos del nuevo régimen. Muchísimo trabajo, y más si, como sucedía con Felipe V, el rey, o no estaba casi nunca a mano porque estaba en la guerra, o no podía posar porque estaba apartado del público por su enfemedad. Los pintores no tenían un modelo que posara como tuvo Velázquez, tenían literalmente que inventarse el retrato del rey, para eso eran unos artistas profesionales, para crear.

Vamos por orden, Felipe de Borbón, Duque de Anjou, segundo hijo del Delfín de Francia, se había criado en Versalles y formado allí sus gustos estéticos. En 1700, nada más ser nombrado rey en el testamento de Carlos II, su abuelo Luis XIV encarga a Hyacinthe Rigaud un retrato del que se harán numerosas réplicas, una de las cuales, la del Prado, será durante mucho tiempo el único retrato de sí mismo que le guste a Felipe. En Versalles igualmente debió pintarse el pastel de Joseph Vivien, un pintor a la moda de la Carriera. El rey seguirá pidiendo a su abuelo desde Madrid que le mande pintores franceses, pues no le gusta el estilo de los españoles, así llega Jean Ranc, discípulo de Rigaud, quien patentará el tipo de retrato oficial que va a ser la nueva imagen de la monarquía. A éste  lo sustituye Michel-Ange Houasse, contemporáneo del rey y maestro suyo de dibujo, que a Felipe le gustaba mucho. Finalmente en los últimos años del reinado, cuando ya el rey estaba tan estropeado por su enfermedad que no podía posar, y ni pensar en pintarlo tal y como estaba, llegó Louis-Michel van Loo a hacer unos bombásticos retratos que intentan apuntalar la imagen pública de la monarquía con mucha pompa y circunstancia.

Como he dicho anteriormente, al rey no le gustaban los pintores españoles. Cuando llegó a Madrid el pintor de cámara, o uno de ellos, era Antonio Palomino, quien debió durar poco en el cargo, pues no hay muchos retratos suyos del monarca. Sin embargo el pintor que sí hará una enorme cantidad de retratos reales será Miguel Jacinto Meléndez, pintor asturiano heredero de la tradición que había tenido sus últimos destellos en Carreño de Miranda y Claudio Coello y que se remontaba al propio Velázquez, e influenciado también por Van Dyck y por los italianos, a él debemos una buena cantidad de imágenes muy hemosas y afortunadamente alejadas del retrato de pompa y circunstancia que imperaba en el momento, sin por ello desmerecer la dignidad del retrato regio. De la escuela italiana cabe resaltar a Francesco Solimena, un superviviente napolitano del reinado anterior.

Otro aspecto muy interesante de las imágenes que ha generado Felipe V es el hecho de que, como también he dicho, su reinado controvertido ha sido plasmado en imágenes que, bien son de propaganda, como la que le muestra convertido en un nuevo Santiago-y-cierra-España, bien le tiene, como en el retrato de Xàtiva, castigado, colgado boca abajo, por haber incendiado la ciudad en el trascurso de la guerra y le sigue mostrando aún hoy como la bicha de los independentistas catalanes por haber sido el autor de los Decretos de Nueva Planta. 

Finalmente hay en las colecciones reales un retrato que pintó su esposa Isabel de Farnesio, que quizás, por no tener ella demasiada formación artística y por sus implicaciones afectivas, podría ser la imagen más próxima que tengamos de cómo era la persona llamada Felipe de Borbón.




ESCUELA FRANCESA

 Joseph Vivien, Felipe V, 1700. Pastel sobre papel



 Hyacinthe Rigaud, Felipe V,1701. Chateau de Versailles.



 Hyacinthe Rigaud, Felipe V, 1701. Museo Nacional del Prado



 Jean Ranc, Felipe V, 1723. Museo Nacional del Prado



 Jean Ranc, Felipe V a caballo, 1723. Museo Nacional del Prado



 Jean Ranc, La familia de Felipe V, 1722-23. Museo Nacional del Prado



 Michel-Ange Houasse, Felipe V



 Louis-Michel van Loo, Felipe V, 1737-42



 Louis-Michel van Loo, Felipe V a caballo, 1737. Patrimonio Nacional. Palacio de Oriente, Madrid



Louis-Michel van Loo. La familia de Felipe V, 1743. Museo Nacional del Prado




ESCUELA ESPAÑOLA

 Antonio Palomino, Felipe V, 1710-20. Universidad de Salamanca



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V, 1701-03. Pastel sobre papel. Meadows Museum, Dallas.



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V, 1727. Biblioteca Nacional, Madrid



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V cazador, 1712. Museo Cerralbo, Madrid.



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V, 1716-17. Palacio de Viana, Códoba.



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe "El animoso".



 Miguel Jacinto Meléndez, retrato de los reyes Felipe de Borbón y María Luisa de Saboya



 Autor desconocido, retrato de los reyes Felipe de Borbón e Isabel de Farnesio



 Juan Ruiz Melgarejo, Felipe V. Museo de Bellas Artes de Murcia



Anónimo Madrileño, Felipe V. Cartuja de Miraflores, Burgos.




ESCUELA ITALIANA

 Francesco Solimena, Felipe V.



 Nicola Vaccari, Felipe V. Piacenza, Galleria Alberoni



 
Giovanni maria delle Piane, Felipe V.





PROPAGANDA Y ANTIPROPAGANDA

 Anónimo, Felipe V como el Apóstol Santiago. La Paz, Bolivia.



 Felipe de Silva, Felipe V, Maria Luisa de Saboya y Luis I combatiendo la herejía, 1707-12. Palacio Real de Aranjuez.



 
Anónimo, Felipe V. Museu de l'Almodí, Xàtiva.





EL HOMBRE EN LA INTIMIDAD

Isabel de Farnesio, retrato de su esposo Felipe de Borbón, 1721, pastel sobre papel. Palacio de La Granja de San Ildefonso, Segovia.