domingo, 24 de mayo de 2015

100.000 visitas y pico...


Queridos visitantes, tanto si sois asiduos como ocasionales:

En primer lugar ¡MUCHAS GRACIAS POR VUESTRAS VISITAS!
Mi blog ha cruzado el Rubicón de las 100.000 visitas. Aunque no soy en absoluto un maniático de los números, ni de las fechas clave, creo sin embargo que la ocasión merece celebrarse aunque sea un poquito. 

Revisando las 193 entradas que tiene el blog después de casi tres años de andanzas, hay 10 entradas que han sido las más visitadas hasta el momento.

Por eso, os pido y os animo a los que pasáis por aquí a que me ayudéis a elegir la ENTRADA del blog, así, con mayúsculas, la que, dentro de las 10 más visitadas, por la razón que sea, os gusta más u os resulta más entrañable, yo, como podéis suponer no puedo juzgar porque todas son hijas mías y, mal que bien, las quiero a todas y no soy imparcial.

Para eso os he colocado una encuesta en la parte derecha de la pantalla, para que podáis votar la entrada que más os guste. También, por descontado podéis hacerlo vía comentario, esto es a gusto del consumidor.

La lista de las diez entradas más visitadas desde los comienzo de AB LAEVA RITE PROBATUM es la siguiente:   
(El título de la entrada contiene el enlace para acceder a ella y poder verla)


1. Miguel Cabrera y la pintura de castas






2. Eduardo García Benito: un español en Nueva York






3. Picasso, el Minotauro






4. Bernardo Vittone






5. Piet Mondrian






6. Iván Aivazovsky






7. MEDUSA: Una cabeza sin cuerpo






8.  ΓΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ 






9. Frederic Edwin Church, el Paraíso en la tierra






 10. ΔΩΡΙΑ





miércoles, 20 de mayo de 2015

San Antonio de los alemanes, ardor barroco


Hay un lugar asombroso en Madrid que muy pocos conocen, a pesar de estar en el mismísimo centro de la ciudad, oculto en lo más obvio. Si uno sale desde la Gran Vía a la altura de Callao en dirección norte por la calles estrechas de detrás, enseguida enfila la corredera baja de San Pablo y allí, haciendo esquina con la calle Puebla, se encontrará con un edificio de ladrillo de exterior anodino perteneciente a la Real Hermandad del Refugio, una institución caritativa con siglos de antigüedad. Seguramente, más que en el edificio reparará en las colas de menesterosos que acuden a su comedor social. 

Esta manzana tiene en su esquina una iglesia pequeñita que desde fuera no llama la atención, es necesario entrar para quedarse boquiabierto y sobrecogido, nada más cruzar el umbral, por la maravilla barroca que contiene, como una ostra perlífera, tosca y anodina por fuera, nacarado continente de una joya preciosa (me viene ahora a la memoria que barroco justamente es un nombre que alude a un tipo de perla rara).

La historia de la iglesia es azarosa; se construyó bajo el reinado de Felipe III, entre 1625 y 1630, vinculada a la institución caritativa San Antonio de los portugueses (piénsese que en esa época Portugal y España estaban bajo la misma corona), de ahí la dedicación a San Antonio de Padua, un santo portugués  nacido en Lisboa muy milagrero y muy popular entre las clases humildes. 

Tras la muerte del rey Felipe IV, la iglesia pasó al patrimonio de la reina doña Mariana de Austria. Para entonces Portugal ya se había independizado de la corona española y se cambió el nombre por el que tiene en la actualidad, ya que la institución había de servir al alojamiento y curación de los alemanes católicos pobres o enfermos, y por supuesto a la conversión de los aquejados de la enfermedad de la herejía.

Con el cambio de dinastía Felipe V de Borbón otorga la administración de la iglesia y de la institución de caridad anexa a la Real y Pontificia Hermandad del Refugio y Piedad, con lo que la finalidad caritativa de la institución tendrá continuidad hasta nuestros días. El feo exterior actual se debe a una restauración decimonónica poco afortunada.

La construcción, obra del jesuíta Pedro Sánchez y el arquitecto Juan Gómez de Mora es muy sencilla: la planta está constituída por un espacio elíptico, rodeado por un muro corrido grueso que sujeta sin pechinas una bóveda encamonada (dícese de una falsa bóveda, formada de materiales de poco peso, como yeso o cañas, cosa por otra parte muy frecuente en el barroco). El diseño arquitectónico es típicamente barroco, por lo de la elipse, pero ciertamente los arquitectos no se calentaron mucho la cabeza. 

Lo sorprendente, lo espléndido, lo alucinante (literalmente), es la decoración al fresco. Todo el interior de la iglesia está pintado, no hay ni un metro cuadrado de pared libre de decoración, se podría decir que su interior es el sueño loco de un grafitero. La iconografía sigue en los muros verticales la narración de algunos de los muchos milagros de San Antonio, así como, en la parte de abajo, entre los arcos de los altares, aparecen los santos reyes, como San Fernando, Santa Isabel, San Hermenegildo, o San Luis de Francia, todos ellos defensores de la ortodoxia católica. Estos muros fueron pintados por el gran Luca Giordano

La cúpula en cambio está pintada en colaboración por Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizzi y es una mezcla de trampantojo de arquitectura fingida y en lo más alto una apoteosis al estilo de las que se habían hecho en el Gesú o en San Ignazio en Roma, el tema, el triunfo de San Antonio de Padua. 

Las fotografías no llegan a dar tesimonio ni mínimamente de la impresión de estar DENTRO de un espacio semejante, es algo abrumador, mirar hacia la cúpula con esa visión triunfante de la hueste celestial y perderse en los detalles de las falsas columnas y decoraciones arquitectónicas es una experiencia casi de levitación, es la promesa del Cielo al alcance de los pobres, así es la Gloria con toda su pompa, la Gloria que nos espera.






 San Antonio de los alemanes, vista frontal de la nave






 San Antonio de los alemanes, vista desde el coro






 Altar mayor, proyectado por el arquitecto Miguel Fernández en 1760






 Detalle del altar mayor: Talla de San Antonio de Padua, obra del escultor Manuel Pereira






 Escudo de Felipe V sobre el altar mayor






 Muros laterales, milagros de San Antonio y santos reyes, obra de Luca Giordano






 Muros laterales, milagros de San Antonio y santos reyes, obra de Luca Giordano






 Muros laterales, milagros de San Antonio y santos reyes, obra de Luca Giordano






 Muros laterales, milagros de San Antonio, obra de Luca Giordano






 Muros laterales, milagros de San Antonio y santos reyes, obra de Luca Giordano






 Altar lateral con calvario de Luca Giordano






 Talla barroca de Cristo crucificado






 Portal de entrada con el órgano del coro y medallón con la imagen de Dª Mariana de Austria






 Cúpula elíptica, pintada por Francisco Rizzi y Juan Carreño de Miranda






 Cúpula elíptica, pintada por Francisco Rizzi y Juan Carreño de Miranda






 Cúpula elíptica,  pintada por Francisco Rizzi y Juan Carreño de Miranda






 Cúpula elíptica, pintada por Francisco Rizzi y Juan Carreño de Miranda






Cúpula detalle: apoteosis de San Antonio de Padua






Fragmento de un mapa de Madrid del siglo XVII atribuido a Antonio Teixeira, se ve la iglesia con la traza original debida al jesuita Pedro Sánchez y a Juan Gómez de Mora






 San Antonio de los alemanes en la actualidad, vista exterior






Plano alzado de la iglesia de San Antonio de los alemanes y el colegio de la real hermandad del refugio, visto desde la corredera de San Pablo, con la fachada fruto de la restauración de Ruiz de Salces en 1886.






 Vista aérea de google earth






Planta de San Antonio de los alemanes, la cúpula es una bóveda encamonada, sin tambor, que se sustenta directamente sobre un muro elíptico grueso conformado en sus volúmenes exteriores al trazado de la calle.





Si quieren saber más sobre este espacio único de nuestro barroco, pueden informarse en estos dos vínculos que les dejo a continuación, merece la pena visitarlos por lo completo de su información:

http://www.realhermandaddelrefugio.org/index.php/la-iglesia

http://madridconencanto-siema.blogspot.com.es/2015/01/san-antonio-de-los-alemanes.html



jueves, 14 de mayo de 2015

Imaginando a los romanos IV: Sic semper tyrannis


Los conjurados le rodearon al tomar asiento simulando que deseaban ofrecerle sus respetos, y acto seguido Cimber Tilio, que se había reservado el papel de protagonista, se le acercó aún más como si quisiera pedirle un favor, pero al rechazarle César e indicarle con un ademán que aplazara su petición para otro momento, lo cogió de la toga por los hombros y, al exclamar César: "¡Esto es un acto de violencia!",  uno de los dos Casca le hirió por la espalda algo más abajo de la garganta. César le agarró del brazo y se lo atravesó con su estilete, luego intentó escapar, pero otra herida le obligó a detenerse. Entonces, al darse cuenta de que era el blanco de innumerables puñales que contra él se blandían de todas partes, se cubrió la cabeza con la toga, y con la mano izquierda hizo descender los pliegues hasta la extremidad de las piernas para caer con más dignidad, puesto que así quedaba cubierta la parte inferior de su cuerpo, y en esta posición pereció acuchillado por veintitrés puñaladas, habiendo lanzado sólo un gemido al primer golpe pero sin proferir palabra alguna. [...] Entonces todos los presentes se dieron a la fuga mientras César, exánime, permaneció algún tiempo tendido en el suelo, hasta que tres jóvenes esclavos le colocaron en una litera y en ella le transportaron, con el brazo colgando, a su casa."
Gaius Suetonius Tranquillus, Divus Iulius, LXXXII, 1-3.
Traducción de Mariano Bassols de Climent.

De este modo tan cinematográfico nos describe Suetonio el asesinato de César por los conjurados. Toda la tensión, la brutalidad, el espesor de la sangre derramada, el miedo y la violencia mimética de los asesinos, el dolor y la resignación de la víctima, todo está pulidamente narrado por este bibliotecario romano que vivió más de un siglo después. Los romanos gustaban de narrar este tipo de detalles, por dónde le entró el puñal, cómo se suicidó, eran una sociedad acostumbrada a la violencia. El asesinato de César ha sido el arquetipo de todo magnicidio, todo terrorista que ha matado a un gobernante se ha sentido otro Bruto, otro Casio, se ha sentido justificado en su santa ira y en su lucha por la libertad, contra el tirano, más de uno incluso, como el asesino de Lincoln, hasta ha proferido el tópico "sic semper tyrannis", así siempre a los tiranos, ante un público estupefacto. Así una y otra vez, arreglando el mundo mediante la violencia, sólo para que el mundo siga necesitando arreglo, porque así no, así no...

Ese momento final, cuando el cuerpo queda tendido en el suelo y los matadores huyen, aún dándose palmaditas en el hombro, animándose supongo para quitarse el miedo a lo que acaban de hacer, a las consecuencias ineluctables que habrán de venir, ese momento vacío final en que sólo queda un giñapo en el suelo en medio de un charco de sangre, rodeado de silencio, ese instante es el que Jean-Léon Gérôme (1824 - 1904) ha elegido representar de la muerte de César, una sala vacía (al fondo salen puñal en ristre los asesinos), y a un lado en penumbra yace un cuerpo aún tibio sobre el mármol, cubierto por la toga. El César ha muerto.



Jean-Léon Gérôme. La muerte de César. 1867. Tha Walters Art Museum. Baltimore




miércoles, 13 de mayo de 2015

Imaginando a los romanos III: Los Idus de marzo

Cierto día, mientras César ofrecía un sacrificio a los dioses, uno de los sacerdotes especializados en extraer agüeros consultando las vísceras de los animales sacrificados, un arúspice etrusco llamado Espurinna, le anunció que se guardara de un gran peligro que no se demoraría más allá de los idus de marzo (15 de marzo). 

El día anterior a los idus, se vio en Roma un presagio funesto: un reyezuelo que volaba llevando en el pico una rama de laurel en dirección a la curia de Pompeyo, era atacado por una multitud de otras aves y despedazado en pleno vuelo. 

La noche de la víspera, el propio César se ve en sueños volando por los aires y estrechando la mano de Júpiter; al mismo tiempo su esposa Calpurnia sueña que el techo de su casa se hunde mientras su esposo es apuñalado entre sus brazos, al despertarse del sueño pudo ver cómo las puertas de su dormitorio se abrían súbitamente sin que nadie las empujara.

Este momento nocturno es el que parece haber representado el pintor victoriano Sir Edward John Poynter (1836 - 1919), aún de noche, Calpurnia, desvelada, intenta convencer a su esposo de que no asista a la sesión del Senado que tendrá lugar de aquí a unas horas, le explica su sueño que, está segura, es una advertencia de los dioses. La hora es oscura, pero el gesto de Calpurnia señala la salida del sol más allá de la colina del Capitolio, aún hay tiempo, César podría decir que está indispuesto. 

Y de hecho se encuentra indispuesto, según parece, aquejado de su afección epiléptica, no pudo salir de casa hasta sino hasta bien avanzada la mañana e incluso llegó a pensar en no hacerlo. Al final el César, sobreponiéndose y rechazando los malos presagios como meras aprensiones, se dirige a la curia de Pompeyo donde se ha convocado la reunión del Senado. 

Por el camino se encuentra a Espurinna, el arúspice, y bromea con él tachándolo de impostor, le dice: "¿Ves? ya han llegado los idus de marzo", a lo que el otro le responde una frase memorable: "Han llegado, César, pero aún no han pasado".





Edward John Poynter, Los idus de marzo, 1883. Manchester City Art Galleries.




lunes, 4 de mayo de 2015

PLEIN AIR: Jaime Morera y Galicia


En 1857 un joven pintor de origen belga, Carlos de Haes (Bruselas 1826 - Madrid 1898), obtiene por oposición la cátedra de pintura de paisaje de la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, iniciando así una decisiva revolución en la pintura de paisaje en España. Hasta entonces la pintura de paisaje se trabajaba en el estudio, si bien en ocasiones basándose en bocetos tomados del natural,  y sobre todo servía al arte romántico para subrayar el exotismo del paisaje español, visto, más que con ojos españoles, a través de la imagen tópica de los viajeros ingleses o franceses, con sus ruinas morunas, sus bandoleros achulapados y sus gitanas flamencas, un horror de pintura, vamos. 

Este estado de cosas es el que Carlos de Haes se propone corregir con una disciplina auténticamente puritana, instaurando la pintura de paisaje "au plein air", es decir, que el pintor de paisaje de ahora en adelante se va a recorrer sierras y quebradas, va a trepar a los montes, va a quemarse por el sol en las playas y a helarse de frío entre las nieves, a mojarse cuando Dios quiera que llueva, todo en aras de retratar el paisaje con total veracidad, sin adornos y sin flamencas de por medio, como un notario o un topógrafo, que va a dar cuenta de la luz, del color, de la textura, de la geometría de un determinado lugar. 

Su trabajo le costará, pero Haes es un luchador y desde su cátedra se hace con un grupo de fieles que le van a secundar en esta revolución artística: Aureliano de Beruete será uno de ellos, un enorme pintor, aunque sin duda el discípulo más querido de Haes (a él le dejará como heredero de su obra y de sus posesiones) será Jaime Morera y Galicia (Lleida 1854 - Madrid 1927). Deudor también de esta corriente aunque tardío, será el ilustre Joaquín Sorolla y Bastida, aunque no llegó a formar parte del grupo.

Hoy quiero traer a este blog la obra interesantísima de Jaime Morera, catalán afincado en Madrid, que continúa el camino abierto por su maestro y lo lleva aún más lejos. Si la pincelada de Haes es aún bastante clásica, si toma del natural, pero luego concluye en el estudio con mucho detalle y primor, la pincelada de Morera en cambio es más impaciente, más rápida; algunos efectos abocetados, donde el pintor está pendiente sólo del efecto lumínico, de la textura, se parecen ya mucho a lo que hacen en Francia los impresionistas. Él, con todo, permanece fiel a sus principios y se distancia de los ismos, tanto de los impresionistas como de los iluministas, en su afán de veracidad insobornable y severa. 

Al menos ese principio es el que preside toda su serie dedicada a la sierra madrileña del Guadarrama, probablemente ningún pintor español ha pintado las cumbres de esta sierra como Morera. Ya más adelante, en su obra de madurez, el autor se deja seducir por una pintura más colorista, más bonita, de pincelada gruesa y con un gran parecido al impresionismo que ya también está introduciéndose en España.

Pienso en la moda un tanto pija que los progres de la Institución Libre de Enseñanza introdujeron de las excursiones al campo, en concreto los institucionistas son unos grandes forofos de la sierra del Guadarrama, y me pregunto si ese deseo de  conocer el paisaje no les llegaría inducido por estos pintores realistas que, excursionistas tempranos, antes que ningún españolito quisiera gastar suelas pisando los caminos del monte, se iban al campo a coger catarros (Haes murió de una pulmonía) con los trastos de pintar al hombro y fueron así los pioneros en enseñar a sus paisanos el amor por la Naturaleza.





 Jaime Morera. Guadarrama, 1897.





Jaime Morera. Guadarrama.





 Jaime Morera. Guadarrama.





 Jaime Morera. Guadarrama.





 Jaime Morera. Picos de la Najarra.





 Jaime Morera. Sierra de Guadarrama.





Jaime Morera. Cabeza de hierro. Guadarrama.





 Jaime Morera. Peñalara, Sierra de Guadarrama.





 Jaime Morera. Guadarrama.





Jaime Morera. Leñadoras.





Jaime Morera. Patio de Miraflores.





 Jaime Morera. Jardingane, Algorta, 1912.





 Jaime Morera. Lirios





 Jaime Morera. Jardinera.





 Jaime Morera. Estudio de flores moradas.





Jaime Morera. Marina.





 Jaime Morera. Gabarra esperando la marea.





Jaime Morera. Playa con sol poniente.