miércoles, 6 de enero de 2016

Acuarelas de John Singer Sargent

John Singer Sargent (Florencia 1856 - Londres 1925) fue un hombre singular por muchos motivos, estadounidense de origen, vivió toda su vida en Europa, se puede decir que fue más bien uno de esos europeos cosmopolitas al estilo de Stefan Szweig, pues vivió igualmente en Italia, en Suiza, en Francia, en Inglaterra o Alemania y hablaba con fluidez el inglés, el alemán, el italiano y el francés, además de ello viajó extensamente dentro y fuera de Europa. 

Otra de sus singularidades la constituye el hecho de que nunca recibió algo parecido a una educación formal o reglada. Su familia vivía un estilo de vida un tanto errante y de todos modos los escasos períodos de escolarización del joven parece que fueron un fracaso. Sin embargo recibió una esmerada educación de sus padres y era considerado un hombre bastante culto que frecuentaba amistades de literatos como Henry James y que tocaba más que aceptablemente bien el piano, participando incluso en las polémicas musicales de su tiempo en defensa su amigo y admirado Gabriel Fauré. 

Desde niño manifestó un extraordinario talento para el dibujo y la pintura y el éxito le alcanzó siendo aún bastante joven, principalmente en el género del retrato. Sus retratos eran solicitadísimos y alcanzaban precios muy elevados, en ocasiones los clientes viajaban desde fuera de Europa para ser retratados por su pincel. Se puede decir que el artista le cogió el tranquillo al quid del retrato y consigue ofrecer a sus clientes una versión idealizada de sí mismos, un aire ennnoblecido, interesante, chic, que era lo que hacía que éstos hiciesen cola ante la puerta de su estudio londinense. Algún crítico británico veía en él a un nuevo Van Dyck, lo que resume todo lo dicho en pocas palabras. El propio pintor llegó a estar muy harto de pintar retratos, por lo que conllevaba de obligación social, de cuidar al cliente, entretenerlo, pintar su lado amable y adularlo en definitiva. 

Así, en 1907, con el bolsillo bien cubierto ya, decide cerrar para siempre su estudio y dedicarse a otras cosas, como por ejemplo el paisaje, que era un sujeto que siempre le había interesado, pero no había tenido tiempo de cultivar. Singer Sargent pintó muchísimo a lo largo de su vida, tuvo la suerte de vender mucho y era un gran trabajador, lo que le mantenía en general tremendamente ocupado, pero parece que además de sus obligaciones profesionales, su propio temperamento era más bien de índole hiperactiva, de modo que incluso en sus viajes o en sus ratos de ocio solía dibujar incansablemente. Esto ha hecho que nos haya legado una enorme cantidad de obra pictórica, que llena museos y colecciones particulares, pero también, y esto es lo que quería mostraros esta vez, una grandísima colección de acuarelas (se han catalogado unas 2000). 

Así como su obra retratística me parece demasiado "bonita" (no en el mejor sentido de la palabra) y, sin desmerecer su maestría técnica, no me interesa demasiado, sin embargo sus acuarelas me parecen la parte más bella de su trabajo, más sincera, es en ellas donde se ve al artista visual explorar efectos de luz, de color, de composición, donde va al grano de lo que interesa sin impostaciones ni concesiones, donde no repara en lo infrecuente de un determinado encuadre... pero también y sobre todo me parecen geniales porque Singer Sargent tiene una extraordinaria comprensión de las posibilidades expresivas de la acuarela, y de sus limitaciones. Así sus acuarelas mantienen su cualidad de transparencia, buscan la sencillez, dibujan pero sin exceso, mantienen la loable frescura del apunte, tienen un bello control de la aguada para que ésta ni desborde y emborrone, ni por el contrario la mancha quede demasiado definida. Es en estas obras íntimas, en las que el pintor habla consigo mismo, donde muestra todo el prodigio de su técnica y toda la curiosidad y la amplitud de su mirada y por ello sus acuarelas merecen ser admiradas y pasar a la posteridad tanto o más que su obra al óleo.




 John Singer Sargent. Venecia. Santa Maria della Salute. 1904.





 John Singer Sargent. Venecia. Siesta de los gondoleros. 1905.





John Singer Sargent. Venecia, Palazzo Cornaro, 1880.





 John Singer Sargent. Venecia, Palazzo Grimani, 1907.





 John Singer Sargent. Venecia, Scuola Grande di San Rocco. 1903.





 John Singer Sargent. Venecia. Bajo el puente de Rialto. 1909.





 John Singer Sargent. Venecia, ponte San Giuseppe di Castello. 1903-04.





 John Singer Sargent. Venecia, café en la Riva degli Schiavoni. 1880-82.





 John Singer Sargent. Peter Harrison dormido. 1905.





 John Singer Sargent. La colada. 1910





 John Singer Sargent. Corfú. Luces y sombras. 1909.





John Singer Sargent. Carrara, los lizzatori. 1911.





John Singer Sargent. Carrara,  Trabajadores, 1911.





 John Singer Sargent. Canadá. Lago O'Hara. 1916.





 John Singer Sargent. EEUU. Tienda de campaña en las Montañas Rocosas.





 John Singer Sargent. EEUU. Arroyo de montaña. 1904-07.





John Singer Sargent. Soldados bañándose.





 John Singer Sargent. Los bañistas. 1917.





John Singer Sargent. Lucca. Villa di Marlia. 1910.





John Singer Sargent. Frascati, pinada. 1907.




4 comentarios:

  1. Me ha sorprendido la gran luminosidad y el vivo colorido que barnizan tanto el dinamismo de la escena - como ocurre en algunas venecianas - como el reposo. Entre estas últimas me parecen extraordinarias la de la casa de Corfú, "La colada", o la de "Peter Harrison dormido". Pintura "terapéutica", sin duda, pues la alegría, viveza y serenidad que de ella emana es un auténtico bálsamo para el espíritu.

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    1. La acuarela tiene una ligereza, un colorido y un toque diáfano que no consiguen ni el óleo, ni los acrílicos ni otras técnicas gráficas, es una técnica muy bella pero muy difícil. En este caso las de Singer Sargent son, como bien dices, una bálsamo para el espíritu, pequeñas maravillas que no se cansa uno de contemplar.

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  2. La acuarela es un medio de expresión tan frágil en cuanto a la pérdida de color por una simple prolongada exposición a la luz, que los museos evitan colgarlas en sus salas, preservándolas en carpetas especialmente diseñadas.
    Lo que Ud. hace, valiéndose de la actual tecnología, las pone en valor y las acerca al gran público. Éste es el sentido práctico de blogs como el presente. ENHORABUENA

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    1. En efecto esa fragilidad de la acuarela, en parte debido a los propios pigmentos y en parte debido al propio soporte, la hacen difícil de ver, los museos hacen alguna que otra exposición, pero en general prefieren atesorarlas bien guardadas lejos de la luz. Lo bueno que tiene esto de lo virtual es que nos permite ver lo que en el original no tendríamos oportunidad.

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