martes, 26 de enero de 2016

Bibliotecas, Candida Höfer

Hace muy poco que la fotógrafa alemana Candida Höfer (Eberswalde, Alemania 1944) ha inaugurado en la Galería Helga de Alvear de Madrid una exposición con el título "El espacio, el detalle, la imagen". El otro día, después de leer la noticia y la entrevista del ABC, me puse a hacer búsqueda de imágenes por el GOOGLE y, para mi sorpresa, me di cuenta de que la mayor parte de las que había ido recogiendo por internet de las grandes bibliotecas europeas eran suyas, que, mira por dónde, esas imágenes que me habían hecho soñar con esos maravillosos espacios las había ido fotografiando paciente y cuidadosamente Candida Höfer. 

Lo primero que pensé fue, ¡Qué suerte haber podido estar allí! Si os detenéis a mirar las bellas fotografías de Höfer convendréis conmigo en que las bibliotecas son unos lugares muy especiales, lugares sagrados, no menos que las iglesias. Además de la intencionada monumentalidad con que han sido construidos todos ellos, independientemente de que la propia fotografía de Höfer está concebida para mostrar esa monumentalidad, para desvelar la simetría de su arquitectura, además de todo ello, estos lugares están penetrados de un silencio muy especial, de un silencio reverente, justo como el de un templo. Flota en ellos el denso y pesado bagaje del saber humano, las lentas horas de estudio que dieron  luz esos libros, las horas que se tardó en leerlos, en comprenderlos, en conectar su saber con el contenido en otros muchos libros, esa conexión neuronal que en toda biblioteca vibra en el aire como la electricidad. 

El saber humano que es vanidad, pero no sólo ni siempre vanidad, que es la tarea del hombre en esta tierra. Los lomos multicolores de todos estos libros, como las miles de teselas de un mosaico, componen entre todos ese inmenso Libro de la Creación que el Gran Rabino celeste lee incansablemente, hasta el día en que, tras la última letra de la última página del último capítulo, el mundo llegue a su fin porque ya haya sido leído y desvelado por completo.






Candida Höfer. Biblioteca de la abadía de Admont, Alemania





Candida Höfer. Biblioteca general de la Universidad de Coimbra, Portugal





 Candida Höfer. Biblioteca de la abadía de Wiblingen, Alemania.





 Candida Höfer. Biblioteca del Real Monasterio del Escorial, Madrid.





 Candida Höfer. Archivo general de Indias, Sevilla.





Candida Höfer. Biblioteca Anna Amalia de Weimar, Alemania.





Candida Höfer. Biblioteca del castillo de Detmold, Alemania.





Candida Höfer. Biblioteca degli Uffizzi, Florencia, Italia.





Candida Höfer. Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela.





Candida Höfer. Sala de lectura pública de la British Library, Londres, UK.





Candida Höfer. Biblioteca dei Girolamini, Napoles, Italia.





Candida Höfer. Biblioteca del Trinity College, Dublin, Irlanda.





Candida Höfer. Bibliothèque Administrative Géneral de Paris, Francia.





Candida Höfer. Biblioteca del Palacio de Mafra, Portugal.





Candida Höfer. Bibloteca Nacional de Francia.





Candida Höfer. National Libray of Ireland, Dublin.





Candida Höfer. Biblioteque National de France, Paris.





Candida Höfer. Real gabinete portugés de lectura, Río de Janeiro, Brasil.





Candida Höfer. New York Public Library, EEUU.





Candida Höfer. Biblioteque de Saint Genevieve, Paris, France.





Candida Höfer. Antigua biblioteca del ministerio de justicia, Handelindenkamer, La Haya, Holanda.





Candida Höfer. Biblioteca Cappuccini Redentore, Venezia, Italia.





2 comentarios:

  1. Excelsos templos de sabiduría custodiados por una consumada obra de orfebrería artística que, respondiendo a su época, birló las leyes de la caducidad.
    Lástima que, en los tiempos que corren, el admirable respeto a la cultura haya quedado relegado, casi exclusivamente, a estos solemnes lugares, contraviniendo así nuestra propia condición como protagonistas de la sociedad del bienestar, ya que, cotidianamente, hablamos, leemos, escribimos y, para descansar de estas actividades, continuamos elaborando ficciones en el mundo onírico.
    La contemplación de estas imágenes me ha hecho añorar - por su elegante sencillez, y respetable dotación libresca en un Centro de Secundaria - nuestra entrañable biblioteca del instituto. ¿No crees que es digna de una entrada monográfica?

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    1. Pues no sería mala idea hablar e una entrada de nuestra biblioteca, de algunas de sus curiosidades, la verdad es que contiene un conjunto de libros que deberíamos todos valorar más de lo que lo hacemos, acepto el reto, a ver cómo lo hago.

      Respecto de estas otras grandes bibliotecas, qué lugares, cómo me gustaría conocerlas, ver esos libros raros, únicos que cada biblioteca tiene guardados como el oro, disfrutar de esos tesoros que hoy tan pocos aprecian, algún día podré hacer estas cosas.

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