martes, 19 de enero de 2016

Hecho en Polonia: Wiesław Walkuski

Las imágenes de Wieslaw Walkuski no son de las que dejan indiferente, te atrapan inmediatamente y no podrías dejar de mirarlas, es más, si las miras durante el tiempo suficiente corres el riesgo de que se introduzcan en tus sueños y te persigan en ellos. Ése es el secreto del cartelista, debe crear un icono que sea lo bastante poderoso para captar nuestra atención, atención hoy cada vez más dispersa, más reclamada por múltiples señuelos, pero al mismo tiempo condensar en una sola imagen el contenido emocional de una película, de una obra de teatro, de una ópera, de un evento, pocos diseñadores gráficos salen con bien de semejante reto, aunque, hay que decir que Polonia tiene una muy buena escuela de cartelistas, pienso ahora en Mieczyslaw Gorowski o en Michal Batory, que son los dos que yo conozco y admiro, pero hay gremio en abundancia. 

Walkuski, nacido en 1956, estudió en la Academia de Bellas Artes de Varsovia entre 1976 y 1981 coincidiendo con los últimos años del gobierno comunista, como profesional ha trabajado como cartelista para el cine y el teatro y ha recibido numerosos premios tanto en su país como en USA. Su arte se ha beneficiado de la apertura de su país tras la caída del bloque soviético, hecho que posibilitó al arte polaco deshacerse de la rígida censura a que estaba sometido, pero también de los prejuicios estéticos que estaban vigentes durante el período comunista, así los años 80 ven a Polonia abrirse a posturas más postmodernas en consonancia con el arte globalizado actual (es curioso, hablo de Polonia y pienso en España, qué paralelas son nuestras historias contemporáneas). 

El arte de Walkuski no será ajeno a este movimiento general, si bien su obra transita por territorios de una retórica expresiva cercana a veces al surrealismo, a veces al comic, pero siempre en una búsqueda de intensidad emocional, de sorpresa, el rostro humano es para él esa imagen desconcertante, bella u horripilante, enigmática siempre, portadora de significados variables, muro o palimpsesto escrito una y otra vez, que esconde y manifiesta, máscara que se ha quedado adherida, nihil humanum a me alienum puto es lo que, como Terencio, nos viene a decir el arte de Wieslaw Walkuski desde sus affiches.
 



























































































































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