domingo, 14 de febrero de 2016

Acuarelas de Eric Fischl

Eric Fischl (New York 1948) se crió en los suburbios de Long Island, pero a los 19 años su familia se traslada a Phoenix, Arizona, así que fue allí donde comenzó sus estudios artísticos, para, a partir del 1970, pasar al California Institute of Arts, en Valencia, Los Ángeles, donde se impartía un tipo de enseñanza que ponía todo el énfasis en la espontaneidad del artista, en la creatividad, y donde la técnica se despreciaba como una atadura conservadora. En conclusión, una escuela donde, según confesión propia, no le enseñaron nada útil, la técnica del oficio la tuvo que aprender después de manera autodidacta a lo largo de su carrera. Hay que tener en cuenta que eran los años de plomo del expresionismo abstracto y todo lo que no fuera abstracción, gestualismo y otros ismos etiquetados como vanguardistas, era tachado automáticamente por la crítica y la profesión como retrógrado, el peor sambenito que te podían colocar. 

De este modo Eric Fischl comienza produciendo pintura abstracta, pero a partir de finales de los años 70, en una evolución creativa similar a la de Avigdor Arikha, siente la necesidad de volver a la figuración, se siente atado por la rígida ortodoxia abstracta del momento que no le ofrece las herramientas que necesita para expresar sus inquietudes. Necesita pintar lo que ve, reflejar mediante su pintura la hipocresía de la sociedad americana, su falso optimismo, su vacío existencial, su nihilismo, y acierta a dar en la diana de su crítica: la sexualidad. Sus interiores de clase media, sus escenas de la vida suburbana con su medida ambigüedad, esas escenas que buscan provocar en el espectador la incomodidad que le obligue a reflexionar. Fischl se ha hecho famoso también por sus escenas de playa, donde la sociedad contemporánea exhibe sus nuevos valores: el culto al cuerpo, la sexualidad como objeto de consumo, el afán de estandarización. Sus desnudos no son de los que provocan deseo ni de los que despiertan admiración, o remiten a la idea de perfección, por el contrario hablan, en palabras de Terry Rodgers, de la política del cuerpo, ese modo de opresión contemporánea. 

Al volver a la figuración su pintura vuelve a encontrarse, y a encararase, con la tradición de la pintura occidental y se ve compelida a dialogar inevitablemente con otros muchos pintores, en sus obras se pueden percibir influencias de Manet, Lucian Freud, Hopper, Balthus, Winslow Homer, los impresionistas y un largo etcétera, de ellos obtiene en ocasiones soluciones  a sus problemas de representación, en ocasiones polemiza con ellos, marcando distancias.

No estoy interesado en esta ocasión en mostrar sus pinturas, muy interesantes y justamente famosas, algunas ya las he mostrado en una entrada reciente, sino su producción en un medio menos valorado en general, pero más íntimo, menos formal, como es la acuarela. Eric Fischl es un consumado acuarelista, en sus acuarelas sigue tratando su tema más recurrente, el desnudo, pero estas obras no se preocupan apenas por los problemas de composición, no pretenden ser cuadros en pequeño, una escena al completo, por el contrario estas obras de pequeño formato parecen tener el carácter de estudios o de apuntes, o al menos tienen la espontaneidad del boceto, normalmente no suelen componer temas complejos, apenas aparece un cuerpo o una pareja en el papel, sin fondo, sin contexto. 

Estos desnudos me recuerdan mucho a la serie de desnudos que en su juventud pintó, también en acuarela, Georgia O'Keeffe, aunque hay en ellos una preocupación por el movimiento, por la luz, una deliberada simplificación formal, que en O'Keeffe estaba ausente. La mordacidad que frecuenta sus pinturas al óleo aquí está ausente o atenuada, el desnudo es impersonal, apenas dibuja rostros, sólo el modelado del cuerpo, a veces casi una sombra, captar una postura el inicio de un movimiento, la incidencia del sol sobre la piel, es todo lo que busca, y no es poco. En este reducido y económico medio casi siempre menos es más, eso es lo que el autor ha comprendido y sus acuarelas son consecuentes con esa comprensión.




























































































































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