lunes, 29 de febrero de 2016

El poder en una fábula (o en tres)

Hay historias que, por mucho que las cuenten historiadores, más parecen fábulas, es decir, relatos que explican un fenómeno, su origen o su naturaleza, no al modo del análisis racional, sino al del antiguo μὐθος, es decir, contando un exemplum. Éste es el caso de la historia que me propongo contar y respecto de la cual, lo confieso, siempre me ha quedado la duda de si no habrá llegado a ocurrir en realidad. La primera de estas historias transcurre en Grecia y nos la cuenta, cómo no, Heródoto, el padre de la Historiografía: trata de un joven tirano que acaba de suceder a su padre en el gobierno de su ciudad, Corinto. Periandro (uno de los siete sabios de Grecia, por cierto, además de tirano) a la muerte de su padre Cípselo pide consejo a un colega, Trasíbulo, tirano de Mileto. Ésta es la narración de Heródoto:

"Envió Periandro un embajador a Trasíbulo con la comisión de preguntarle de qué medios se podría valer para estar más seguro en su dominio y para gobernar mejor su Estado: pues bien, saca Trasíbulo al enviado de Periandro a paseo fuera de la ciudad, y éntrase con él por campo sembrado, y al tiempo que va pasando por aquellas sementeras le pregunta los motivos de su venida, y vuelve a preguntárselos una, y otra, y muchas veces. Era empero de notar que no paraba entretanto Trasíbulo de descabezar las espigas que entre las demás veía sobresalir, arrojándolas de sí luego de cortadas, durando en este desmoche hasta que dejó talada aquella mies, que era un primor de alta y bella. Después de corrido así todo aquel campo, despachó al enviado a Corinto sin darle respuesta alguna. Apenas llegó el mensajero, cuando le preguntó Periandro por la respuesta; pero él le dijo: -«¿Qué respuesta, señor? ninguna me dio Trasíbulo;» y añadió que no podía acabar de entender cómo le hubiese enviado Periandro a consultar un sujeto tan atronado y falto de seso como era Trasíbulo, hombre que sin causa se entretenía en echar a perder su hacienda; y con esto dióle cuenta al cabo de lo que vio hacer a Trasíbulo. Mas Periandro dio al instante en el blanco, y penetró toda el alma del negocio, comprendiendo muy bien que con lo hecho le prevenía Trasíbulo que se desembarazase de los ciudadanos más sobresalientes del Estado."

Heródoto, Historias V, 92.


Una historia casi, casi idéntica nos cuenta el romano Tito Livio; en este caso un joven Sexto Tarquinio se ha hecho con el poder en Gabies, ciudad vecina de Roma, y pide consejo a su rey, Tarquinio el Viejo, sobre cómo podrá mejor afianzarse en el poder. Así es como nos lo refiere Livio en su obra Ab Urbe Condita:

"Cuando se creyó lo suficientemente fuerte como para tener éxito en cualquier cosa que intentase, envió a uno de sus amigos a su padre en Roma para preguntarle qué deseaba que hiciese ahora que los dioses le habían concedido el poder absoluto en Gabies. A este mensajero no se le dio respuesta verbal, porque, creo, desconfiaba de él. El rey entró en el jardín de palacio, sumido en sus pensamientos, seguido del mensajero de su hijo. Mientras caminaba en silencio, se dice que golpeó lo más alto de los capullos de adormidera con su bastón. Cansado de pedir y esperar una respuesta, y sintiendo que su misión era un fracaso, el mensajero regresó a Gabies e informó de lo que había dicho y visto, y agregó que el rey, fuese por temperamento, por aversión personal o por su arrogancia natural, no había pronunciado una sola palabra. Cuando se hizo evidente a Sexto lo que su padre deseaba de él por lo que hizo durante su misterioso silencio, procedió a deshacerse de todos los hombres del Estado difamando a algunos entre el pueblo, mientras que otros caían víctimas de su propia impopularidad. Muchos fueron ejecutados, algunos contra los que no había cargos plausibles fueron secretamente asesinados."

Tito Livio, Ab Urbe Condita, I, 54.


Unos cuantos cientos de años trascurren hasta la tercera y más macabra de estas historias, para ser más exactos unas decenas de cientos de años. Nos encontramos en la Edad Media, en el reino de Aragón. Al morir el rey Alfonso I sin descendencia, los nobles del reino eligen como sucesor al trono a un hermano monje, Ramiro II, a quien esperan poder manejar a su gusto. Éste se encuentra con un reino dividido por nobles turbulentos, soberbios y sediciosos que no cesan de luchar entre sí y que no obedecen órdenes de nadie. El inexperto rey pide consejo al que había sido su preceptor en el monasterio. Así relata el anónimo cronista:

"Et por dar remedio al su regno embió un mensagero al su monasterio de Sant Ponz de Tomeras con letras al su maestro, clamado Forçado, que era seydo porque yes costumbre et regla de monges negros que a todo novicio que era en la orden dan un monge de los ancianos por maestro, et según la persona de aquesti don Remiro que merecía dieronli el maestro muyt bueno et grant et savio, en las quales letras recontava el estamiento del su regno et mala vida que passava con los mayores del su regno, rogándole que le consellasse lo que faría; el maestro con grant plazer que havía, recebidas las letras, pensó que sería irregular si le consellava que fizies justicia, clamó el mensagero al huerto en el qual havía muytas coles et sacó un gavinet que tenía et, teniendo la letra en la mano et leyendo, talló todas las colles mayores que yeran en el huerto et fincoron las solas chicas, et dixole al mesagero: "Vete al mi sennor el rey et dile lo que has visto, que no te do otra respuesta". El qual mesagero con desplazer que respuesta non le havía dada, vinose al rey et recontole que respuesta ninguna non le havía querido fazer, de la qual cosa el rey fue muit despagado, pero quando contó la manera que havía visto, pensó en si mesmo quel huerto podía seer el su regno, las colles yeran las gentes del su regno, et dixo: "Por fer buenas colles, carne y a menester".

Crónica de San Juan de la Peña.

Dicho lo cual mandó mensajeros por todo el reino para anunciar que iba a construir una campana enorme en Huesca, la más extraordinaria que jamás se hubiese visto, campana tamaña que su tañer se oiría en todo el reino. Los nobles, pensando que se tratara de otra locura del pobre monje metido a rey, acuden a reírse un poco a su costa, pero el rey, tal como acuden, los va haciendo entrar en una sala donde les esperaba un verdugo, luego con las cabezas de los nobles forma un círculo y pone como badajo la del noble más señalado, para ejemplo de lo que les sucede a los rebeldes. Esta será la famosa campana de Huesca que aún sigue oyéndose desde entonces.  




 José Casado del Alisal, La campana de Huesca, 1880. Ayuntamiento de Huesca.


Las historias las carga el diablo, y más este tipo de historias que pretenden dar lecciones sobre lo que el poder ¿es? ¿o debe ser? La moraleja uno no sabe si es la de un pesimista político que dice que al final hay que hacer lo que hay que hacer, que por desgracia es inevitable, o nos hallamos por el contrario frente a un autoritario propagandista de la dictadura. De todos modos la pregunta que yo me hacía ya en mis lejanos tiempos escolares, cuando el hermano Arturo nos contaba en clase de Historia el relato de la campana de Huesca a unos alumnos fascinados-aterrorizados, es la siguiente ¿En qué momento la historia dejó de ser un relato en el papel y pasó a ser un hecho en el mundo real? ¿Alguno de estos tres gobernantes llegó a poner en práctica esta peculiar lección? Si ellos no, otros sí sacaron las oportunas lecciones, pienso por ejemplo en el camarada Stalin ¿Leería él también estos relatos, o llegó a la conclusión de modo autodidacta?



8 comentarios:

  1. Don José María, le ruego me permita una observación sobre el más reciente de los tres relatos, concretamente el sustentado en la Crónica de San Juan de la Peña.
    Ramiro II "El Monje" (1134-1157) rey de Aragón, que a la luz de los hechos relatados en la leyenda puede parecernos tremendamente cruel a pesar de su anterior profesión religiosa, fué al contrario, justo gobernante:
    Investigaciones históricas realizadas recientemente sobre documentos de la época, atestiguan que el verdadero motivo de las ejecuciones ordenadas por el Rey-monje fué que los nobles, comandados por un rebelde arzobispo -cuya cabeza hizo de badajo en la tétrica "campana"- habían ordenado asaltar una caravana de musulmanes en tiempo de tregua para hacerse con el botín, poniendo en peligro la paz del reino y por consiguiente multitud de vidas caso de reanudarse la guerra. Se vió obligado a dar tal escarmiento para satisfacción de la agredida parte contraria.

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    1. No rsabía cuál fue el detonante concreto que procvocó que el rey decidiese hacer un escarmiento semejante, pero sí se lee en la crónica los apellidos de los ajusticiados, por lo que se puede suponer que, al menos en este caso nos hallamos, no ante una fábula, sino ante un hecho histórico, y es verdad que las crónicas en general hablan de Ramiro II el monje como uno de los buenos y justos reyes de la corona de Aragón. Es cierto que el reino de Aragón padeció durante toda su existencia de un gran desorden nobiliario, las grandes familias hacían literalmente de su capa un sayo y a menudo provocaban disensiones, bandolerismo y una perpetua inestabilidad que hacían de este reino un reino más débil que su vecina Castilla, quizás una de las razones por las que, andando el tiempo, fuera Castilla la que unificó los reinos peninsulares bajo su égida. Gracias por el interesantísimo dato que desconocía. Un saludo, Don Gonzalo

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  2. Perdone el lapsus don José Miguel. Le he cambiado su nombre compuesto, por error.
    Lo siento

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    1. Estoy acostumbrado, a los José Miguel nos llaman con cualquier combinación de nombres menos por el nuestro, no se preocupe.

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  3. Felicidades por vuestro dominio en la amena narración de unos "exempla"de carácter histórico-legendario tan sabiamente documentados. La pintura que los ilustra, macabra e impactante, me induce a la reflexión sobre qué es realmente la pintura de historia, llegando a la conclusión de que el poder político utilizó a los pintores como instrumento para trasmitir lo que ellos pretendían que se entendiera por Historia, al tiempo que el artista se aseguraba un solvente comprador y prestigio social. Desde luego, el creador de esta maravilla demostró su admirable maestría en la captación de la luz, el movimiento, los gestos y la dramatización de tan espeluznante escena.

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    1. La pintura de historia sustituye a la pintura religiosa en el siglo XIX y, al igual que su predecesora, se convierte, es mi opinión, en un modo de legitimación de las élites, antes se usaba el mito cristiano, ahora se usa una historia domesticada de la que se han extraído unas cuantas anécdotas ejemplares, que son justamente las que nos sirven para dar legitimidad al poder establecido (pienso ahora en la pintura que todos conocemos de la entrega de las llaves de Granada a los reyes católicos por Boabdil, pero se pueden obtener cuanto ejemplos se quieran). Todo lo cual no quita para que los artistas en el dominio de su arte a veces puedan producir obras de gran interés y poder expresivo, como ésta de Casado del Alisal que no desmiente de lo macabro de la narración original, yo quería poner esta en especial porque la recuerdo de mi libro de texto de Historia, ¡cuántos ratos imaginando quién sabe qué mirando las imágenes de los libros de texto!...

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  4. Sra. Antón: con el permiso de don José Miguel Baeza, me permito aclararle que en este caso concreto, dicho cuadro de historia no fué creado para alabar al poder político de turno, al contrario, supuso un fenomenal "berrinche" a su autor, a saber: JOSÉ CASADO DEL ALISAL, recién nombrado Director de la Real Academia de España en Roma, esperaba conseguir con este cuadro los máximos honores en la Exposición Nacional de 1881, dado que otros cuadros de historia de inferior calidad habían obtenido primeras medallas en anteriores eventos. Pero ese año el Jurado estaba ya "hasta el gorro" de tan truculentos episodios, por lo que decidió no premiar "La Campana de Huesca". Casado del Alisal se sintió tan ofendido, que inmediatamente presentó su irrevocable renuncia a su nombramiento, cesando como Director de la Academia de España en Roma.
    Más que por motivos políticos, la elección por los artistas de temas como éste ha de entenderse desde la óptica romántica en la que se desenvolvían. Este pintor, sin ir más lejos, era amigo íntimo de Gustavo Adolfo Bécquer e incluso, al fallecimiento del Poeta, financió la publicación de sus poemas y ayudó pecuniariamente a su viuda e hijos.
    El siglo XIX es muy complejo en cuanto a motivaciones que indujeran a crear sus obras de arte.

    Saludos al equipo del IES "Jorge Juan" de Alicante.
    g. de amarante

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  5. No soy un devoto de la pintura de historia en particular, ya el hecho de que naciese bajo la égida de un individuo tan sospechoso como Jacques-Louis David, con toda aquella parafernalia de poses heroicas y ropajes acartonados de puro bien pintados, me aburre un poco. Cuando voy al museo del Prado y paso por la planta baja donde está toda esta pintura no puedo evitar que esos grandísimos formatos y esas poses gesticulantes me parezcan en el fondo un poco vulgares... lo cual no quiere decir en absoluto que estén mal pintado, ni mucho menos, pero veo mucho ruido para pocas nueces, mucha gesta patriótica y mucho llenar metros y metros de tela, pero una ambición artística muy corta, muy de ateneo provinciano, no sé, perdonen el exabrupto, pero es que estos artes oficiales de medalla del salón de otoño no me dicen nada.

    Un saludo a ambos

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