martes, 9 de febrero de 2016

Suicidas ejemplares: Petronius Arbiter

Hay ocasiones en que, contra la tiranía, frente a la injusticia y la arbitrariedad absolutas, lo mejor que un hombre decente puede hacer es morir, lo mejor al menos para poder preservar su dignidad. Eso es lo que hicieron algunos gloriosos suicidas en tiempos difíciles. En ese momento me viene a la mente, no la muerte obstinada de Sócrates, ni su imitación acartonada, que es la muerte de Anneo Séneca, sino una muerte tan digna como las anteriores, pero con el toque de elegancia y de humor que su autor supo imprimirle, la muerte de Petronio, "árbitro de la elegancia" de la Roma de Nerón y autor de la mejor novela picaresca de la antigüedad, el Satiricón, un personaje al que me hubiese encantado conocer. La historia de este desenlace, entre trágico y cómico, nos la cuenta Tácito, un cotilla genial y la mejor pluma a la hora de denunciar los abusos del poder. Les dejo con ella:

« 17. Y es que en el plazo de unos pocos días cayeron, en serie, Aneo Mela, Cerial Anicio, Rufrio Crispino y Tito Petronio

18. Acerca de Petronio debo recordar algunos datos de atrás. En efecto, se pasaba el día durmiendo y la noche en sus ocupaciones y en los placeres de la vida; al igual que a otros su actividad, a él lo había llevado a la fama su indolencia, pero no se lo tenía por un juerguista o un derrochador, como a tantos que consumen sus patrimonios, sino por hombre de un lujo refinado. Sus dichos y sus hechos, cuanto más despreocupados y haciendo gala de no darse importancia, con tanto mayor agrado eran acogidos, por tomárselos como muestra de sencillez. Sin embargo, como procónsul de Bitinia y luego como cónsul se reveló hombre de carácter y a la altura de sus obligaciones. Después volvió de nuevo a los vicios o a la imitación de los vicios, y fue acogido como árbitro de la elegancia en el restringido círculo de los íntimos de Nerón quien en su hartura, no reputaba agradable ni fino más que lo que Petronio le había aconsejado. De ahí la envidia de Tigelino, que veía en él un rival, y más experto en la ciencia de los placeres. Por eso echa mano de la crueldad del príncipe, ante la que cedían sus demás pasiones, y acusa a Petronio de amistad con Escevino, corrompiendo a un esclavo para que lo denunciara, y privándolo de defensa al arrastrar a la cárcel a la mayor  parte de su servidumbre.

19. Era el caso que por aquellos días el César había marchado a Campania, y Petronio, que llegó hasta Cumas, quedó allí detenido; ya no quiso dar largas a su temor o a su esperanza. Pero no se quitó la vida precipitadamente, sino que, tras cortarse las venas, se las ligó y se las volvió a abrir de nuevo según le vino en gana, mientras hablaba con sus amigos, no en términos serios o que le ganasen fama de valeroso; y escuchaba lo que le decían, que no era nada acerca de la inmortalidad del alma y de las opiniones de los filósofos, sino canciones ligeras o versos ocasionales. A sus siervos, a unos les hizo larguezas y a otros los dio de azotes. Se puso a la mesa, y se entregó al sueño para que su muerte aunque forzada, se pareciera a la natural. Tampoco aduló en sus codicilos al contrario de la mayoría de los que perecían, a Nerón o a Tigelino o a cualquier otro de los poderosos, sino que relató con detalle las infamias del príncipe con los nombres de los degenerados y de las mujeres que en ellas participaban, así como la originalidad de cada uno de sus escándalos los selló y se los envió a Nerón y luego rompió su anillo a fin de que no sirviera para perder a otros.

20. Hallándose Nerón incierto acerca de cómo habrían llegado a saberse los refinamientos de sus noches pensó en Silia, mujer no sin notoriedad, por ser esposa de un senador, a la que él se había ganado para toda clase de excesos, y cuya familiaridad con Petronio era grande. Es obligada a exiliarse, acusada de no haber sabido callar lo que había visto y soportado, pero en realidad para complacer a los odios personales de Nerón. »

Cornelio Tácito, Annales XVI, 18-20.
Anales de Cornelio Tácito.Traducción de José L. Moralejo. Ed.Gredos, 1980.






Konstantin Yegorovich Makovsky (1839-1915), "La muerte de Petronio", 1904. Galeria Tetryakov, Moscú.



 

2 comentarios:

  1. Curioso era capaz de entregarse a la vida disoluta y cumplir con sus obligaciones de mando. Y digo curioso, pues tal pareciese que cuando se entregaba a sus vicios, se transformaba en otra persona. Hacía tiempo que no entraba en tu blog. Interesantísimo como siempre.
    Un saludo.

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    1. Me parece, y es un juicio enteramente personal, que Petronio quizás sea uno de esos pocos sabios que son tan sabios y tan elegantes en su sabiduría que saben que deben hacerse el tonto en las más de las ocasiones, que no hay nada menos sabio ni menos elegante que la jactancia de sabiduría, quizás por eso esa indolencia un poco impostada para poder vivir en un mundo regido por un loco como fue Nerón, y por eso sin embargo, cuanto tuvo que desempeñar cargos públicos supo hacerlo dignamente. Esa ausencia de ostentación me parece en Petronio el summum de la sabiduría y de su elegancia como persona.
      Como decía La Rochefoucauld, querer ser cuerdo cuando todos son locos es la mayor locura. Es una pena que ni siquiera esto le evitara la muerte, el tirano siempre apunta contra los mejores, en eso su puntería nunca falla.
      Gracias por tu comentario, Maribel. Un saludo

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