viernes, 22 de abril de 2016

Don Quijote, grabado por William Strang

Hablando consigo mismo don Quijote ya en los primeros instantes de su aventura, el día de su primera salida, se decía unas razones que han resultado más proféticas de lo que su autor, Miguel de Cervantes, hubiese podido imaginar ni en sus sueños más halagüeños: "Dichosa la edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a la luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro". En efecto las hazañas y hechos del hidalgo manchego han sido una y mil veces desde entonces entalladas en bronces, pintadas en tablas y, cómo no, también grabadas sobre papel. 

Mi modesto homenaje este año a la inmortal obra de Don Quijote de la Mancha y a su autor, de cuya muerte se cumplen ahora los 400 años, toda una efeméride, consiste en traer aquí un conjunto de grabados maravillosos de un autor británico, escocés para más señas, poco conocido por estas tierras, llamado William Strang

Debo reconocer que yo mismo acabo de descubrir esta extraordinaria obra que me ha dejado admirado por la calidad de los grabados, pero además por otra característica que ustedes, que tienen buen ojo para estas cosas, descubrirán enseguida: Strang es un extraordinario grabador que siente una fuerte devoción por sus maestros e inspiradores, así en sus grabados se puede percibir claramente en ocasiones la influencia de Rembrandt (el grabado del cabrero), o del Goya de los Caprichos (el mozo del campesino), a veces uno ve a Velázquez (la duquesa, después de los yangüeses), a veces es William Blake el que asoma, a veces Daumier, Millet, a veces Tiziano... 

Sus contemporáneos, que eran unos criticones, y como siempre estaban menos prestos a reconocer el mérito que aquellos que, pasado el tiempo ya no nos sentimos amenazados por la competencia y podemos ser más generosos, decían que Strang no tenía un estilo propio, que era un camaleón que se pintaba del color de la rama que lo albergaba. Nosotros postmodernos, que usamos con frecuencia la cita del arte clásico, que consideramos todo el patrimonio del arte, desde el neolítico hasta las vanguardias, como un inmenso repertorio en el que rebuscar para nuestros propósitos y reutilizar a voluntad, podemos muy bien entender a William Strang y leer sus aproximaciones como homenajes a sus pintores o grabadores favoritos. 

Pero sobre todo nos sentimos obligados a rendir homenaje a un grabador excepcional que merece estar, junto con la obra de Gustave Doré, en primera línea de aquellos que más han contribuido al fijar el imaginario quijotesco entre los lectores. Benditos grabadores que han confrontado sus imágenes visibles a las que nuestra imaginación se iba formando mientras leíamos los textos literarios, gracias a sus buriles hemos visto al volver la página cómo las aspas del molino elevaban a Don Quijote, la apariencia de la simpar Dulcinea del Toboso, a Sancho manteado en la venta o el mismísimo retablo de Maese Pedro.

William Strang (Dumbarton, Escocia 1859 - Londres 1921), procedente de una familia de empresarios de astilleros, decide no seguir el negocio familiar e ingresa en la Slade School de Londres en 1876, donde estudia con Edward Poynter y Alphonse Legros, fue uno de los fundadores de la Royal Society of Painter-Etchers y sus trabajos fueron parte de la exposición inaugural de esta sociedad. A lo largo de su carrera producirá más de 700 grabados y en este terreno tuvo un gran éxito de público y una excelente acogida de la crítica. Uno de sus grabados, "The Plough", de 1899, fue descrito como "uno de los grabados más grandes jamás realizados (Binyon 1906). Su obra pictórica tuvo buena acogida en su tiempo, si bien hoy es poco conocida. Su arte se adscribe al realismo y se encuadra siempre en una corriente voluntaria y deliberadamente clasicista.





Frontispicio, Miguel de Cervantes





Las mozas de la venta.





El mozo del campesino





La locura de Don Quijote





La segunda salida





Aventura de los molinos





Lucha con los yangüeses





Después de los yangüeses





Mari Tornes





Sancho manteado en la venta





Sancho y los dientes




Don Quijote y los galeotes





El cabrero





Dulcinea del Toboso











El Caballero de los Espejos





El león





El mono





La duquesa





Clavileño





Sancho gobernador en la ínsula de Barataria





Sancho disciplinándose





Muerte de Don Quijote




Para conocer más sobre la vida y obra de este pintor y grabador escocés les recomiendo este vínculo, en inglés, of course: http://1890s.ca/HTML/strang_bio.html


2 comentarios:

  1. ¡Qué placer, rememorar esos pasajes! Estoy convencida de que la inmortalidad de tan excelsa obra se debe a la empática plasmación literaria de la humanidad y humildad de su protagonista: don Quijote conoce el miedo, el hambre, el dolor, el ridículo, el desdén, la enfermedad, e incluso la muerte, como genialmente reflejan estos grabados. Como explicita Cervantes en "El amante liberal", "Quien sabe sentir, sabe decir", pues él es experto en observar y comprender. De ahí que en la segunda parte se haga referencia a la lectura de la primera con tanto éxito:"...los niños la manosean; los mozos la leen; los hombres la entienden, y los viejos la celebran". Me ha encantado tu homenaje cervantino. Enhorabuena.

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    1. Estoy ahora volviendo a leer el Quijote y, además de divertirme mucho, me vuelve a gustar la humanidad de Cervantes en cada comentario en cómo quiere a sus personajes, con qué mimo los delinea, cómo nos muestra la hidalguía y la hombría de bien de Don Quijote debajo de su locura, cómo simpatiza con la limitada pero robusta sesatez de Sancho, cómo incluso los que apalean a nuestros héroes nos son descritos, no como unos malvados, sino como aquellos que "no saben lo que hacen" y por lo tanto hay que disculparlos. Lo estoy disfrutando. Gracias

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