viernes, 1 de julio de 2016

ATLANTE


Recuérdame, Musa, el día que el hijo de Alcmena, el divino Heracles, encontró en el extremo Occidente al gigante Atlas, que sostiene firme la bóveda celeste. Ese día el héroe suplicó a Atlas que le cogiera las manzanas del jardín de las Hespérides, las ninfas de Poniente. Heracles a cambio prometió sujetar su carga mientras le hacía el trabajo. El Titán accedió a sus ruegos, descargó el peso del orbe sobre los hombros de Heracles y marchó hacia el jardín de los frutos de oro.

No me recuerdes ahora, oh Musa, el final de la historia, permíteme hoy sólo acordarme de Atlas la tarde de aquel día, mientras caminaba más ligero, sintiendo el alivio en sus hombros, el mundo ya no pesa sobre ellos, ahora es sólo un paseante que siente la brisa en su rostro, recorre los senderos del jardín, toca los árboles, la hierba, mira alrededor como si todo lo viera por primera vez, como si todo fuera nuevo, diferente, juguetea en sus manos con las divinas manzanas y piensa para sus adentros que éste es el primer día del resto de su vida...

 
Qui sapit capere, capiat


 John Singer Sargent. Atlas. 1916- 1922. Museo de Bellas Artes de Boston






3 comentarios:

  1. Te comprendo, humano Atlas. La explicación ilustrativa del cuadro - de admirable luminosidad dorada para realzar la titánica divinidad del protagonista- me ha hecho evocar la moraleja de una fábula poco conocida, "El grillo" de Jean-Pierre Claris de Florian: para ser feliz, lo mejor es ocultarse.

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    1. λάθε βιώσας, "vive oculto", dice la máxima de Epicuro, un experto en placer que aconseja buscar un camino sensato y modesto hacia la felicidad. Yo quiero ahora, después de haber seguido el camino de los estoicos comprometiéndome con la polis y haberme ejercitado en virtudes como la abnegación y el servicio a la comunidad, volver a seguir la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido y llevar una vida más tranquila, más próxima a mi modo natural de ser, más discreta y dedicada a mis amigos y mis afectos, pero sobre todo más libre y desenvuelta. Ya no más querer ser ejemplo para nadie, no más medir mis palabras, no más llevar el peso del mundo sobre los hombros. Como dice el Tao Te King, "el mundo es un recipiente espiritual, que no se puede trabajar, quien lo trabaja lo destroza, quien lo sujeta lo pierde", es mejor seguir la naturaleza. Hay que intentar vivir, esa es nuestra tarea, y no es poca.

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    2. Por cierto, gracias por darme a conocer la fábula del grillo de Jean-Pierre Claris de Florian, no la conocía y me ha encantado. Bueno, gracias por eso y por tantísimas cosas más que tú y yo sabemos.

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