jueves, 14 de julio de 2016

Vicente López Portaña, un valenciano en la corte

Es curioso que el mejor y más bello retrato de Goya no lo pintase Goya, que pintó muchos y excelentes autorretratos, sino este, para muchos desconocido, pintor valenciano, Vicente López y Portaña (Valencia 1772 - Madrid 1850). Desconocido y sin embargo muy accesible, la mayoría de sus retratos están visibles en Madrid, muchos en el Museo del Prado, otros tantos en la Academia de San Fernando y algunos más en el Lázaro Galdiano y en el Museo Romántico, con lo que con darse un paseíto por la capital puede uno hacer un máster avanzado en este maravilloso pintor. 

Siempre he sido un fan de Vicente López, lo confieso, desde los lejanos tiempos en que la colección de pintura del siglo XIX del Prado estaba alojada en el Casón del Buen Retiro. Primero, como otras muchas personas, me quedé prendado de su espléndido retrato de Goya, luego fui conociendo más y más muestras de su extensa obra y cada vez me ha ido gustando más. Ha sido, bien puede decirse, una admiración que ha resistido al trato frecuente y al paso del tiempo.

Vicente López nace en Valencia, en cuya Academia de San Carlos estudia con Antonio Villanueva. En 1789 obtiene un premio de primera clase con un lienzo de asunto bíblico, "El rey Ezequías haciendo ostentación de sus riquezas", premio dotado con 40 pesos y una pensión para estudiar en Madrid. En la capital recibe la influencia de Mariano Salvador Maella, del único pintor rococó español, Luis Paret y Alcázar, y del retratista neoclásico Anton Raphael Mengs, entre otros, aunque su obra religiosa se verá también inspirada por los italianos Luca Giordano y Corrado Giacquinto, que acaban de pintar impresionantes frescos en los reales sitios.

Tras esta etapa de formación madrileña en la Academia de San Fernando vuelve a Valencia en 1792 y allí recibe una serie de encargos eclesiásticos que le van a tener ocupado los años de la Guerra de la Independencia. Pinta en esta época su excelente "Retrato de Fernando VII con el hábito de la orden de Carlos III", aparte de retratar a algunos otros personajes españoles o franceses relevantes del momento.

Acabada la guerra y vuelto el rey a Madrid, Fernando VII le llama a la corte para ser primer pintor de cámara desde 1815, sustituyendo a Goya, mal visto por el régimen en ese momento. A partir de entonces Vicente López va a recibir numerosísimos encargos de la nobleza y burguesía madrileña que tendrá que atender como pueda, no obstante ser un trabajador incansable, ya que además colabora con el proyecto de creación del Real Museo de Pinturas (el que luego será el Museo del Prado), impulsado por la reina Doña Isabel de Braganza, siendo nombrado para seleccionar y restaurar los cuadros que constituirán su colección. A partir de 1823 será además director artístico de este museo.

Desde su atalaya de pintor de cámara del rey seguirá como cortesano las vicisitudes y los altibajos de la vida política del reinado de Fernando VII, como las intrigas de la reina María Cristina para asegurar la designación de su hija Isabel como sucesora, o las de los partidarios de Don Carlos en su contra. Finalmente muere en 1850, bajo el reinado de Isabel II, siendo una figura universalmente respetada del arte nacional.

El éxito que le acompañó en vida le ha esquivado sin embargo tras la muerte, las generaciones futuras le han comparado con Goya para su mal y el pedestal que le han levantado al aragonés se lo han quitado al valenciano. Yo creo que es un absurdo hacer ránkings de los mejores pintores, los mejores escritores, los mejores músicos... cada cual tiene su valor propio, hace sus aportaciones específicas y lidia en su época y en su momento con los problemas que le toca resolver. 

Vicente López es un pintor neoclásico que continua una tradición realista, naturalista incluso, que le hace pintar unos bellos y suntuosos retratos sin por ello caer en la adulación. El pintor se sienta ante su modelo y lo retrata con la mayor honradez e imparcialidad que puede, sin juzgarlo, aunque quizás a veces nos parece detectar una cierta reticencia, una cierta sorna muy para sus adentros, muy valenciana, en su retrato de ciertos personajes, así como su cariño por otros, especialmente los más humildes, como el organista de la capilla real, o el aposentador mayor y conserje de palacio, o como con el maestro Goya. Parece como si quisiera con su pintura llevar a cabo aquello que decía Virgilio "parcere subiectis et debellare superbos", aunque esto, claro está, no podrá ser demostrado nunca. Vicente López con su discreción habitual se llevó esos secretillos consigo a la tumba.





 Vicente López Portaña. Retrato de Francisco de Goya y Lucientes. 1826. Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato de María Josefa Amalia de Sajonia. 1828. Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato de María Isabel de Braganza. 1816. Museo Nacional del Prado, Madrid





Vicente López Portaña. Retrato de María Cristina de Borbón-dos-Sicilias. 1830. Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato del Infante Don Francisco de Paula de Borbón, Duque de Cádiz. Fecha de creación y ubicación actual deconocidos. Colección privada.





 Vicente López Portaña. Retrato del Infante Don Carlos María Isidro de Borbón. 1823. Museo Nacional del Prado, Madrid





Vicente López Portaña. Retrato de la Señora de Carvallo niña. 1839. Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato de María Pilar de la Cerda y Marín de Resende, Duquesa de Nájera. 1795. Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato de Don Antonio Ugarte y su esposa Doña María Antonia Larrazábal. 1833 Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato de Mr. Richard Worsam Meade. 1815. Meadows Museum, Dallas, Texas, EEUU.





 Vicente López Portaña. Retrato de Gaspar de Remisa i Miarons, Marqués de Remisa. 1844. Museo del Romanticismo, Madrid.





 Vicente López Portaña. Retrato de Don Manuel González Salmón. 1826. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.





 Vicente López Portaña. Retrato de la Señora Delicado de Imaz.1833. Museo Nacional del Prado, Madrid.





 Vicente López Portaña. Retrato del Deán Ortiz. John and Mable Ringling Museum or Art, Sarasota, Florida, EEUU





 Vicente López Portaña. Retrato del canónigo Mariano Liñán y Morelló. 1835. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.





Vicente López Portaña. Retrato de Vicente Blasco y García, Rector de la Universidad de Valencia. 1802. Museo de Bellas Artes de Valencia





Vicente López Portaña. Retrato de Doña Francisca de la Gándara de Calleja, Virreina de Nueva España, condesa de Calderón. 1846. Museo Nacional del Prado, Madrid





 Vicente López Portaña. Retrato de Félix Máximo López, primer organista de la real capilla. 1820. Museo Nacional del Prado, Madrid.





 Vicente López Portaña. Retrato de Luis Veldrof, aposentador mayor y conserje de palacio. 1823-25. Museo Nacional del Prado, Madrid.





Vicente López Portaña. Autorretrato del pintor. 1840. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.





2 comentarios:

  1. Increíble penetración psicológica con los modelos: inocencia, ternura, ingenuidad, altivez,...¡Naturalismo puro en la señora de Delicado de Imaz!
    Me ha llamado la atención la ostentación en la indumentaria de los personajes, incluyendo el genial retrato de Goya, extremadamente elegante, con una paleta en la mano, así como la - tan exquisitamente lograda - blancura de la piel femenina, símbolo inequívoco del rango aristocrático, que se ve sabiamente aderezada con una miniaturista exposición de joyas y encajes. Un verdadero placer para la vista. Gracias por estos momentos de felicidad.

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    1. Vicente López es lo que se llama un profesional, sus clientes en su momento esperaban un retrato lleno de dignidad y belleza que pudieran colgar en un sitio bien visible del salón donde las visitas y todo el mundo pudiera verlo, imagino que las presiones para ser halagador y hacer al retratado un poco más guapo o quitarle la cara de sinvergüenza, o en el caso de la pobre señora Delicado de Imaz, quitarle discretamente el bigote, de disimular las arrugas o el ceño malhumorado deberían ser tremendas, pero él los complació sólo en lo tocante a la escenografía, les pintó los entorchados bien brillantes, las mantillas primorosas y las joyas bien visibles y en colores entonados y bonitos, pero el rostro, el meollo de la cuestión, lo pintó tal y como lo veía y si Isabel de Braganza, como decía la copla era pobre fea y portuguesa, pues la pintó fea tal como era, y si el aspirante Don Carlos era un cretino, pues le puso la cara que tenía, y si Fernando VII era un gañán, pues lo pintó con aspecto de gañán, eso sí, con muchos ropajes rimbombantes. En su época no cabían disidencias, mira lo que le pasó a Goya, Vicente López, usó la de ver oir y callar, pero dejó testimonio de todo en su arte, no es poco.

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