domingo, 7 de agosto de 2016

Aquiles en Esciros

Aquiles no siempre fue el héroe guerrero que llevado de la ira llenó el curso del Escamandro con tantos cadáveres que el propio río se revolvió contra él intentando ahogarle, o el que vengativo arrastraba el cuerpo de Héctor atado por los tobillos a su carro entorno a los muros de Troya. 

Antes de que Paris raptase a Helena dando origen al conflicto más famoso de la historia, el joven Aquiles había había sido confiado para su educación al centauro Quirón. Cuando por fin se produjo el ultraje del rapto y Agamenón convocó a los jefes aqueos para ir a la guerra de Troya, no todos se apuntaron de buen grado, muchos intentaron eludir la leva con diversas excusas, como Ulises, que se fingió loco cuando los reclutadores lo visitaron en Itaca, sembrando sus campos con sal mientras araba, hasta que Palamedes, que adivinó la treta, le puso en el surco, delante de la reja del arado, a su hijo recién nacido, Telémaco, y Ulises hubo de interrumpir su representación, había sido descubierto. 

Otros pusieron tierra de por medio y desaparecieron: La divina madre de Aquiles, Tetis, conocía la profecía del adivino Calcante, si su hijo acudía a Troya moriría joven, aunque famoso, si se quedaba en casa viviría una oscura y larga vida. Protectora como madre lo escondió, vestido de mujer, entre las hijas del rey Licomedes, en Esciros. Allí pasó algunos años el joven héroe  y allí conoció su primer amor en la persona de Deidamía, una de las hijas del rey, quien sería con el tiempo la madre de Neoptólemo, o Pirro, en honor al nombre ficticio de su padre en aquellos días, Pirra.

Si una profecía decía que el joven viviría poco si participaba en la guerra de Troya, otra, no menos verídica, afirmaba que sin el concurso de Aquiles nunca vencerían los griegos a los troyanos, así pues Agamenón envía a Ulises a buscar al héroe desaparecido. 

El astuto Ulises, sospechando de su paradero, va a buscarlo a la corte de Licomedes, pero para mejor camuflarse se disfraza de vendedor ambulante y se introduce en el gineceo llevando sus mercancías para las hijas del rey. Las jóvenes se lanzan sobre las joyas, los vestidos y otros objetos que el supuesto mercader les enseña, entre los cuales, como por descuido, introduce una espada, un escudo, unas grebas, una lanza. Mientras las chicas se prueban las joyas o los vestidos, Pirra, una joven un poco rara, agarra la espada, embraza el escudo. En ese momento se dice que Ulises hace sonar un clarín, como si fuera un toque de alarma, la extraña joven reviste las armas y responde a la alarma como le enseña su entrenamiento. Ya no puede encubrirse más que la supuesta Pirra es Aquiles, ni que el supuesto mercader es Ulises. 

Este es el momento en que Aquiles debe tomar la decisión que marcará su vida: sabe que si se va con los griegos a la guerra de Troya su vida será corta, pero gloriosa, o también podría quedarse, elegir no ir, y llevar una vida larga y oscura en Ftía con su padre Peleo. Todos sabemos lo que Aquiles elige finalmente, esa elección es Aquiles más que ninguna otra cosa.

Por esta razón probablemente, por ser el momento de la encrucijada de Aquiles, la hora decisiva en que el héroe debe elegir entre el deber y la Fama o el egoísmo de una vida confortable y sin gloria, es por lo que el motivo de Aquiles en Esciros ha sido tan repetidamente representado en el arte romano. Para los romanos de la clase dirigente simbolizaba sin duda una llamada al cumplimiento del deber, de las obligaciones de su clase, muy en línea con la mentalidad estoica que impregna las élites romanas durante todo el medio y bajo imperio. 

Curiosamente, o quizás de un modo muy natural, cuando más tiende a popularizarse este motivo es justo en las postrimerías del imperio, en los conflictivos y angustiosos tiempos del imperio tardío (ss. III-V) cuando las llamadas a la solidaridad, al cumplimiento del deber, debían ser más acuciantes y tener su resonancia más oscura. Así un desconocido noble romano que vivió en una lujosa villa urbana en lo que hoy es La Olmeda (Palencia), quiso decorar su gran salón de audiencias con este motivo para recordar a los demás, para recordarse a sí mismo, la elección de Aquiles.




 Aquiles en Esciros. Oecus de la villa romana de La Olmeda, Palencia (s. IV-V D. C.)





 Aquiles en Esciros. Decoración mural de la Domus Aurea de Nerón, Roma. (s. I D. C.)





 Aquiles en Esciros. Fresco de Pompeya, casa de los Dióscuros. (s. I-II D. C.)





 Aquiles en Esciros. Fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles. (s-. I-II D. C.)





 Aquiles en Esciros. Mosaico procedente de la ciudad de Zeugma (s. III D. C.) Museo de Gaziantep, Turquía





 Aquiles en Esciros. Mosaico de la ciudad romana de Thysdrus (s. III D. C.) El Jem, Túnez.





 Aquiles en Esciros. Fragmento de mosaico de Pompeya. (s. I-II D. C.)





 Aquiles en Esciros. Mosaico del imperio romano oriental (s. IV-V D. C.). Dallas Museum of Art. EEUU




 Aquiles en Esciros. Sarcófago romano. Museo del Ermitage, San Petersburgo, Rusia.





Aquiles en Esciros. Sarcófago romano. British Museum, Londres, UK



Para saber más sobre este mito les remito a la extraordinaria web dedicada a la Mitología Clásica por la universidad de Salamanca: http://clasicas.usal.es/Mitos/


10 comentarios:

  1. Tu superdidáctica explicación de las maravillas que expones - ¡Qué sorpresa , los imponentes sarcófagos¡ - me induce a la reflexión sobre el estoico cumplimiento del deber, que tanto nos inmuniza contra la insatisfacción y la melancolía. Pero, dado que los romanos no vivieron un periodo político tan adverso como los estoicos helenísticos, veo en su filosofía más ambición, pues ampliaron el sentido del deber a la gestión del Imperio: Cicerón, prestigioso senador; Séneca, consejero del César; Marco Aurelio, señor del Imperio,...En suma, como bien refleja nuestra actualidad política, la búsqueda de la felicidad se hallaba vinculada al protagonismo político, pero, eso sí, ¡salvando las distancias¡ Un fuerte abrazo vacacional.

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    1. Es curioso cómo los mitos son un tipo especial de historias que pueden utilizarse y reutilizarse indefinidamente porque son como los arquetipos de todas las historias. Así Aquiles, según las épocas, puede ser visto como la encarnación del héroe individualista, sanguinario y que sólo obedece a su cólera, o por el contrario, como lo leyeron sin duda los romanos a partir de alguna interpretación alegórica tardía de medios estoicos, como el ejemplo de un sentido del deber que antepone ésta a la preservación de la propia vida.

      Yo no sé si esta última interpretación no resulta un poco forzada en lo que a Aquiles se refiere, es curioso que para los antiguos Aquiles es el héroe por excelencia, seguramente sólo equiparable a Heracles, mientras que nosotros los modernos, más complejos, admiramos sobre todo a Ulises. Sin embargo Aquiles sigue teniendo para mí esa connotación de fuerza vital incontaminada, es dinamita pura, es como una estrella del rock: vive rápido, muere joven y dejarás un cadáver bonito. Ése es un componente nada despreciable del glamour que rodea a Aquiles ¿Elegiría yo como él? Soy demasiado viejo para morir joven y demasiado joven para morir, así que me temo que estoy del otro lado, soy de los que eligieron, aún sin saberlo, la vida larga y oscura, qué se le va a hacer!

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  2. Gracias. He vuelto a Ítaca...
    " Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria (...)".
    Sin un mínimo de pasión por descubrir las posibilidades de la vida, todo queda en simple paso efímero y sin color...
    "¡Oh, Aquiles, hijo de Peleo, el más valiente de los aquivos! Vine por el oráculo de Tiresias, a ver si me daba algún consejo para llegar a la escabrosa Ítaca, que aún no me acerqué a la Acaya, ni entré en mi tierra, sino que padezco infortunios continuamente (...)".
    Gracias por esta entrada tan maravillosa.
    Los cantos de Homero son mi debilidad (entre otros cantos, je).
    Saludos.

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    1. Homero es el mejor contador de historias de la cultura occidental, sus historias tienen carne y sangre, cada muerte es única, cada personaje vive y se muestra de un modo especialísimo desde la primera palabra, los dioses se mezclan en los asuntos mortales con tanta naturalidad que incluso nosotros, lectores modernos de un mundo sin dioses, aceptamos esta premisa con toda naturalidad. Homero muestra la vida elevada a un nivel heroico y en esa intensidad vital todo participante es un héroe, la vida, la muerte, el botín, el viaje, el amor, el trabajo, el sacrificio, todo ha sido elevado a una altura existencial que quiere ante todo revelar la trascendencia de la vida humana, no después de esta vida, como dice el cristianismo, sino en su propia trayectoria terrenal, el héroe trasciende en la Fama, su presente es eterno, por eso a Aquiles no le importa la muerte, sabe que cada instante de esa corta carrera vital es un paso en la eternidad.
      Gracias a tí, Clarisa, por tu bello comentario. Un saludo

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  3. No parece secarse la fuente de los mitos. Poco puede añadirse a esta entrada, subrayo tu primer comentario, que nos trae a un Aquiles contemporáneo, embuchado en nuestra piel, y sometiéndonos a una trágica decisión sobre su destino. Me temo que nos recuerda a todos nuestra vida tranquila y gris, lejos de la gloria y la fama. Al fin y al cabo, es un dilema que en algún momento hemos tomado. Luego fue cumplir los cuarenta y ahí se termina nuestro Aquiles y comienza nuestro Néstor y Príamo.

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    1. Tu comentario, aludiendo al mío sobre la elección de Aquiles me ha hecho venir a la cabeza un poema de Jaime Gil de Biedma que no me resisto a reproducir:

      "Que la vida iba en serio
      uno lo empieza a comprender más tarde
      -como todos los jóvenes, yo vine
      a llevarme la vida por delante.

      Dejar huella quería
      y marcharme entre aplausos
      -envejecer, morir, eran tan solo
      las dimensiones del teatro.

      Pero ha pasado el tiempo
      y la verdad desagradable asoma:
      envejecer, morir
      es el único argumento de la obra."

      ¿No te parece que esto tiene mucho que ver con lo que estamos hablando? Aquiles es y será siempre joven, porque sólo un joven piensa como él, los que hemos cruzado hace tiempo el Rubicón de los 40 estamos del otro lado, y en algún momento de nuestra vidas, sepámoslo o no, fue cuando tomamos esa decisión. No me malentiendas, no lo lamento, creo que la veneración por la Fama es un espejismo de niñato, la vida es larga y tiene muchas más historias que contar...

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    2. Cuánto tiempo que no leía este poema... Todo un flash que acaba de traerme a la memoria gente y tiempos del pasado.

      Malentender no, pero, quitándole los espejismos de la fama, lo que queda de Aquiles... ¿no lo añoras? A ratos, yo, muchísimo.

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    3. Por supuesto que sí, Aquiles es en cierto modo ese Peter Pan que se niega a hacerse mayor, sí que lo añoro a ratos, quién no, pero la vida continua y cada edad tiene sus propios descubrimientos y retos...

      Un abrazo ;)

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    4. Ya lo decía oto clásico, Víctor Hugo: "En los ojos del joven arde la llama; en los del viejo, brilla la luz".

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    5. ¡Qué magnífica frase! Y qué bien expresa lo que estábamos diciendo. Me la apropio, gracias ;)

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