miércoles, 7 de septiembre de 2016

La esencia de las cosas: Giorgio Morandi

Entre los artistas existe un tipo de personalidad de talento polifacético, vario, multiforme, son creadores que a lo largo de su carrera prueban diversos géneros, diversos estilos, abren o cierran puertas, señalan nuevos caminos, experimentan y ejercen una enorme influencia sobre sus contemporáneos, ejemplos de este tipo de artistas podrían ser Goya o Picasso. Otros artistas, por el contrario, lo que hacen es insistir en una sola vía, ahondando progresivamente, depurando, en una línea continua de investigación, un ejemplo de este tipo de artista podría ser Giorgio Morandi (Bolonia 1890 - ibidem 1964).

En el extenso catálogo de Morandi (unos 1700 cuadros) hay apenas una insignificante cantidad de paisajes y algún que otro retrato, todo lo demás son unas peculiares naturalezas muertas, compuestas por lo que son infinitas variaciones de unos pocos objetos, siempre los mismos, que el pintor tenía en su estudio y colocaba y combinaba de diferentes maneras en cada obra en particular, unos objetos que deliberadamente, contra la tradición del bodegón clásico que representa objetos bellos o con texturas buscadas a propósito para evidenciar la maestría del pintor (cristal, textiles, frutas, aves, caza, etc), son objetos cotidianos, insignificantes, casi feos, cacharros de rastro, tazas, botellas, alcuzas, jarrones viejos. El pintor ni siquiera trata de dibujarlos "bien", ni de conseguir un modelado ilusionista, más bien los apila siguiendo patrones geométricos, estos objetos se destacan apenas como manchas de color, pero unos colores apagados, tenues, una reducida gama tonal de grises, pardos, rosas, azules...

Toda la Historia del Arte, nada más y nada menos, se halla contenida en estas naturalezas muertas: Morandi ha conocido en su período formativo a los impresionistas, sobre todo a Cézanne, de quien admira su distanciamiento frente al sujeto, estrategia que busca penetrar en la esencia formal del propio acto de la representación pictórica. Está presente el despliegue de planos del cubismo, aunque depurado de sus peculiares manierismos. Hay también un ir y haber vuelto de la pintura metafísica en la que militó en su juventud. Está incluso, en mi opinión, el último Chardin.

Los objetos en las naturalezas muertas de Morandi devienen sólo un repertorio de formas, colores, espacio, planos. El cuadro se compone así como una pintura abstracta: colores, formas, planos, composición. El propio pintor en una entrevista afirmaba lo siguiente: "Creo que nada puede ser más abstracto e irreal que lo que realmente vemos." 

Y sin embargo no podríamos afirmar que esos objetos sean meramente un excusa para plantear problemas técnicos de composición o armonía tonal, no, precisamente los jarrones, vasos, botellas de Morandi son en cierto modo, "ese" objeto en particular, con "esa" luz concreta, en "esa" posición determinada y única, y al mismo tiempo son una especie de archiobjetos, de arquetipos platónicos del vaso, de la taza, de jarrón, la jarroneidad, si así pudera decirse. El artista, mediante ese obsesivo y laborioso proceso de combinatoria, de variaciones, de cuidadoso despojamiento, ha llegado a tocar el límite mismo de la representación, en el que el objeto representado es captado en su esencia -la idea en sentido platónico- mediante la aprensión de su apariencia material, lo que parece una contradicción en sí misma, pero, y esta es la cuadratura del círculo que obra Morandi, no lo es. Morandi no representa, no copia el objeto, lo recrea.

Qué conduce a una persona a vivir una vida oscura, pintando una y otra vez unos pocos objetos en combinaciones tan parecidas que cuesta distinguirlas, es un misterio. Su vida me parece enigmática en su cuasimonacal rutina, silencio y continuidad; vivió siempre en Bolonia de la que casi nunca salió (apenas dos veraneos en la vecina Suiza), con trabajos docentes de menor importancia, hay en ello una búsqueda deliberada de olvido, podría ser una necesidad de su carácter, pero creo que lo que busca Morandi es tener el silencio y la independencia necesaria para hacer su trabajo. Él mismo lo confirma en una entrevista en la que rememora a sus contemporáneos durante los años del fascismo, cuando todo artista famoso temía no ser lo bastante "nacional" o lo bastante "imperial", en un arte subordinado a la ideología. Mientras, Morandi en su olvidada provincia consigue pintar en su estudio lo que quiere, justamente porque nadie le presta atención, y es así como consigue llegar a ser el único pintor verdaderamente moderno de su país. Un interesante ejemplo de cómo la oscuridad es, a veces, una precondición para poder centrarse en el objetivo de crear.

El fruto de una vida apartada y sin eventos es esta obra tranquila, armoniosa, bella, que comunica la privacidad austera, limpia, que su autor tanto valoraba. Como su autor afirma: "Lo que importa es tocar el límite, la esencia de las cosas".

































































































































Para comprender mejor este concepto de las variaciones no se me ocurre nada mejor que una comparación: Cualquiera que tenga unos conocimientos musicales básicos está familiarizado con el concepto de variación en el arte musical. Para disfrutar mientras contemplan las obras de Morandi les dejo aquí las "Variaciones Goldberg", de Johann Sebastian Bach, en la versión que, a mí por lo menos, es la que más me gusta, la del clavecinista canadiense Scott Ross.




2 comentarios:

  1. Perfecta fusión de sencillez y elegancia, barnizada con un intenso lirismo, que, acentuado por la suavidad del colorido y las variadas perspectivas de los objetos, alcanza una impactante dosis de originalidad plástica que, en cambio, me ha hecho evocar los decimonónicos versos de Campoamor:"En este mundo traidor/nada es verdad ni es mentira/ todo es según del color/ del cristal con que se mira".

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    1. El arte de Giorgio Morandi se compone de unas pocas cosas esenciales: geometría, silencio, una mirada intensa, un color de una extrema delicadeza... Al final consigue una dificilísima armonía en cada cuadro, un espacio de recogimiento y sencillez. Su arte es en sí mismo un ejercicio de meditación en el más estricto sentido de la palabra.

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