miércoles, 5 de octubre de 2016

¡Mira ese cuadro! Hotel Bedroom, de Lucian Freud

Una mujer joven, pero con un rostro como envejecido, emaciado, aparece echada en la cama en primer plano. Su frágil belleza y su expresión entre melancólica y angustiada despiertan en el espectador un impulso de ternura y desasosiego. Un hombre también joven, que a juzgar por la situación, una habitación de hotel, debe ser su amante, o su esposo, permanece en pie envuelto en la sombra provocada por el violento contraluz de la ventana. Sombra sin embargo cargada de significado, como su mirada de desconsuelo que interpela al espectador, como sus manos en los bolsillos en manifestación de impotencia. Una luz fría envuelve la escena y apacigua un poco siquiera gracias a los grises-malvas la dureza de lo que contemplamos. 

El cuadro es un retrato del desamor, dos personas en una habitación de hotel que están absolutamente solas, sin ninguna comunicación entre ellas. La punzante desesperación que nos sobrecoge cuando nos damos cuenta que el amor se ha ido, que de repente la persona que está a nuestro lado es un extraño, que nada volverá a ser como antes, porque ha caído como un velo, porque se ha roto algo en nuestro interior y ya nada nunca será igual. Estamos solos de nuevo. Lo que queda es, en el mejor de los casos, una gestión civilizada del desescombro de las ruinas o, en el peor, un período de recriminaciones, de disputas, de traiciones mutuas, de obstinados silencios, de frialdad.



Lucian Freud Hotel Bedroom 1954. The Beaverbrook Foudation, The Breaverbrook Art Gallery, Fredericton, Canada.



Lucian Freud (Berlín 1922 - Londres 2011) pintó esta Hotel Bedroom en 1953 durante su estancia en París. Los representados son el propio Lucian y su esposa, Lady Caroline Hamilton Temple Blackwood, el lugar es el Hotel La Louisiane, donde el joven matrimonio estableció por un tiempo su residencia parisina.

En 1952 la esposa del escritor Ian Fleming presentó a Caroline Blackwood a Lucian Freud. Caroline era la riquísima heredera de la cerveza Guinness por parte de madre y marquesa de Dufferin y Ava por parte de padre, su infancia había transcurrido en una mezcla de abandono parental y negligencia de sus nannies (hasta el punto de llegar a pasar hambre) y fastuosidad aristocrática (sus padres, muy amigos de Evelyn Waugh, se supone que le sirvieron de inspiración por su estilo de vida para su obra "Retorno a Brideshead"). Hija de una madre alcohólica y un padre que murió en Birmania cuando Caroline tenía sólo 13 años, la joven aristócrata era una persona herida, herida a la par que fascinante, fue una de las bellezas de su época y era de un carácter tempestuoso. Acostumbrada a los jóvenes aristócratas que sólo hablaban de cacerías y blasones familiares, lady Caroline se enamoró de aquel joven artista que provenía de los círculos más bohemios, divorciado y para colmo judío. 

La pareja, para escándalo de la clasista sociedad británica, se escapa a París donde contraen matrimonio. El amor y la fascinación que siente el joven Lucian por su esposa puede apreciarse en la serie de seis retratos que pinta de Caroline en los primeros tiempos de su amor. Sin embargo lo que comienza como una romántica protesta contra el mundo burgués se convierte muy pronto en una pesadilla para los propios protagonistas. Caroline enfrenta un grave problema de alcoholismo, en tanto que Lucian se hace adicto a los juegos de azar y se mete en peleas. El matrimonio regresa a Londres donde frecuenta los locales del Soho y es conocido por su afición a la bebida, sus discusiones y un desfile de amantes por ambas partes, que acaban por hundir la relación. Caroline abandona a Lucian Freud y se marcha a Hollywood en 1957. El matrimonio se disuelve definitivamente el año siguiente. Caroline volverá a casarse todavía otras dos veces. Su tercer marido, el poeta Robert Lowell, despechado, la definirá como "una sirena que come sobre los huesos de sus innumerables amantes". Lucian quedará devastado tras la ruptura con Caroline, sus amigos incluso temen que se quite la vida, el hecho es que ambos seguirán mantendiendo el contacto hasta la muerte de ella y Lucian, a pesar de volver a tener muchos otros amores e hijos de varias de estas relaciones, nunca volverá a casarse.

El cuadro Hotel Bedroom es la crónica íntima de la ruptura de una relación amorosa, dejando plasmado en él todo el dolor y el desgarro de lo vivido con Caroline. Éste es el último cuadro que pintará donde ella aparezca, pese a que su matrimonio aún se arrastrará por tres años más, y es el último de su primer estilo. Es como si con esta obra cerrara todo un período de su vida, cerrara una puerta que nunca volverá a abrirse. La obra en su momento desconcertó a la crítica, que se preguntaba por las razones de representar a una mujer joven como era su esposa (22 años) prematuramente envejecida y que no comprendió las razones para el ambiente triste e inquietante en un retrato casi de viaje de novios de una joven pareja. Sin embargo la obra se expondrá con éxito junto con obras de Francis Bacon en la bienal de Venecia de 1954. Hoy puede verse en una fundación privada en Canadá.



Para conocer mejor las circunstancias de la relación Blackwood-Freud es muy interesante este artículo del diario británico The Telegraph: Lucian's Freud fragile bauty: The life of Lady Caroline Blackwood




4 comentarios:

  1. Al contemplar el cuadro que ha elegido para simbolizar el desamor, no puedo menos que entristecerme al pensar en los matrimonios de hoy y el futuro que deparará a nuestros jóvenes la influencia de la civilización occidental.
    Cuando yo era niño, existían reparadores de paraguas, mujeres que cosían los puntos idos -carreras- en las medias de seda femeninas, establecimientos especializados en reparar radios y electrodomésticos, zapateros remendones,etc.,etc.
    Hoy, nuestros hijos y nietos han sido educados en la SUSTITUCIÓN despreciando el arreglo o reparación.
    Por eso al mínimo problema acaecido en sus relaciones de pareja, optan por la ruptura sin dar siquiera opción a un posible entendimiento -la mayoria de las veces habiendo surgido la desavenencia por una nimiedad- y desestructurando una familia donde pagan los platos rotos los más inocentes: los hijos.

    Su artículo y el desasosiego que provoca, debería incentivar en nuestros jóvenes, cuando menos, un atisbo de reflexión.

    Enhorabuena por los temas que selecciona, tan de actualidad.

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    1. Una de las instituciones que más ha cambiado en nuestra civilización occidental sin duda es la de la pareja-matrimonio. La relación afectiva entre dos personas, al perder su encaje dentro de las estructuras de parentesco que sostenían la estructura social y al mismo tiempo al verse liberada de las reglas que le imponía la religión, ha quedado librada sólo y exclusivamente a su éxito como proveedora de gratificación emocional. Esto hace imposible cualquier relación a largo plazo, ya que la pura relación entre dos personas, sea en el aspecto sexual, sea en el afectivo o en la compatibilidad de proyectos de vida, es algo que va cambiando en cada etapa de la vida y no tiene por qué cambiar en paralelo, con lo cual los contrayentes, cuando estiman que están invirtiendo más de lo que están obteniendo suelen decidir SUSTITUIR el artefacto y adquirir otro nuevo. La elección de pareja se ha asimilado en nuestros días a la elección racional coste-beneficio que hace el homo oeconomicus cuando evalúa qué producto comprar, es decir, se ha situado en la lógica del consumo. Esto es terrible y tiene las consecuencias funestas que Vd. señala: hijos abandonados o convertidos en prenda o en objeto de litigio, heridas emocionales, vistas a abogados, psicólogos y soledad y egoísmo. Hemos tomado un camino que hace casi imposible el amor en su sentido verdadero de abandonarse al destino, de asumir que conocer y amar a otra persona es abrise a la vida y sus posibilidades, ser generoso, responsable, tolerante, paciente, y sobre todo construir con esa otra persona. Hoy hay que ir a contracorriente para mantener una relación, para seguir enamorado, vivimos en un mundo que no cree en esas cosas, que sólo prima la gratificación individual, así no se puede construir nada. Es tristísimo.

      Una persona que ha diagnosticado los males que nos aquejan del modo más certero es el británico Zygmunt Bauman, quien en su libro "Amor Líquido" reflexiona sobre el destino de las relaciones humanas y su banalización en estos tiempos de internet. Se lo recomiendo porque es muy esclarecedor y pasa revista a las magnitudes de la catástrofe.

      Reciba un afectuoso saludo.

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  2. Ya veo que el otoño no os anima mucho. Resulta evidente que la emancipación de la mujer ha favorecido la disolución de la pareja ante situaciones humillantes, antes incluidas en el lote de "las labores propias de su sexo". Afortunadamente, hoy en día somos muchas las feminas que hemos recibido una educación privilegiada, entendiendo por tal el fomento, desde edades muy tempranas, del sentido de la independencia, la fuerza de voluntad y la disciplina, valores que fundamentan una personalidad que no está dispuesta a aceptar el menosprecio, la humillación o, simplemente, la integración de roles habituales en el pasado, pues la amante - la que ama, vamos - exige, entre sus "derechos y deberes" un equitativo reparto de las responsabilidades que conlleva la convivencia, con, o sin hijos. No creo que estos fueran más felices viviendo las desavenencias de sus padres mediante continuas discusiones.
    Lo que me resulta preocupante es el panorama que circunda esa situación, pues pocos padres conozco que realmente compartan su tiempo libre con sus vástagos, se ocupen de su educación emocional y manifiesten interés por su rendimiento académico. De ahí el gran deterioro de la institución familiar.
    Saludos a ambos.

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    1. Creo que tienes mucha razón, Loli, en tus argumentos, y tu punto de vista completa el mío. Yo me había centrado en los efectos que la mentalidad individualista y economicista ha causado en las relaciones de pareja, pero no había pensado en el otro gran factor de nuestro tiempo: La emancipación de la mujer y sobre todo su evolución humana que la ha hecho aventajar y sobrepasar al hombre, al menos como término medio. Una gran cantidad de mujeres habéis evolucionado mental y personalmente, os habéis empoderado en ese proceso, mientras la media de los hombres, al menos pienso en el hombre heterosexual standard, han evolucionado menos o más lentamente, o con menos entusiasmo, el caso es que hay un desfase cada vez más notorio entre hombres y mujeres que hace muy difícil la relación entre los sexos. Los hombres todavía tienden a esperar que sus parejas femeninas desempeñen roles más tradicionales en la relación, mientras que las mujeres cada vez se sienten más lejos del modelo que representan sus madres y no desean conformarse a ese status familiar. Es lógico y natural, pero ese desfase crea serios problemas. Creo que la solución pasa por que los hombres abracemos el cambio, no como algo impuesto por las circunstancias ante lo que debemos someternos, sino como lo que es verdaderamente, una oportunidad para mejorar, para crecer como personas.

      Gracias por aportar desde el lado femenino el punto de vista que faltaba. Buen fin de semana

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