jueves, 20 de octubre de 2016

Tres miradas judías V: Camille Pissarro

Jacob Abraham Camille Pissarro (Saint Tomas, 1830 - Paris 1903), pese a tener un nombre tan impresionantemente judío, seguramente eso es todo lo que nuestro pintor retuvo en su vida de dicha identidad. Nacido en un territorio de Las Antillas entonces perteneciente a Dinamarca, hijo de un padre judío sefardí de origen portugués, pero nacido en Burdeos y por tanto de nacionalidad francesa, y de una madre dominicana hispanoparlante, el joven Camille Pissarro es el ejemplo más acabado que pudiera concebirse de indentidades cruzadas o superpuestas: remotamente judío por parte de padre, hispano por parte de madre, francoparlante se vinculará pronto a la cultura francesa, por ámbito geográfico se cría en el Caribe, pero conservará toda su vida su pasaporte danés... es un ciudadano del mundo.

La vida de Camille Pissarro es un viaje a contracorriente, de no ser así hubiera pasado sus días al frente de la compañía comercial de su padre, mas el joven Camille pronto descubre su afición a la pintura, con veinte años emprende un viaje que dura cuatro años en compañía del pintor danés Fritz Sigfred Georg Melbye por la República Dominicana y Venezuela del que se conservan algunas acuarelas. Cuando vuelve a Saint Tomas ya es un artista, ahora lo que necesita es formarse, crecer. Consigue el permiso paterno para irse a París con la excusa de la Exposición Universal de 1855. Ya no se volverá atrás.

En París entra en contacto con Camille Corot y la escuela de Barbizon, que practicaba una pintura alejada de los convencionalismos de la pintura clásica,  y que abogaba por abordar el estudio del paisaje pintando al aire libre y no en el estudio y buscaba reflejar más los efectos lumínicos y atmosféricos, despreocupándose del cuidadoso dibujo y composición que eran la marca de la pintura academicista. El contacto con Corot será esencial en la formación pictórica de Pissarro, así como su asistencia a la Academia de Jules Suisses, donde conocerá a Claude Monet y a Paul Cézanne, conformándose así la Santísima Trinidad del Impresionismo. Los tres amigos se influenciarán mutuamente y compartirán reflexiones, decepciones, rechazos y todo ello los reafirmará aún más en sus postulados y contribuirá a la coherencia interna del Impresionismo como movimiento artístico.

Pissarro va exponiendo con cierta regularidad en los Salones, si bien su pintura no es muy apreciada por la crítica. Ante este continuo rechazo, que no es el único en sufrir, en 1874 un grupo de pintores, entre los que se encuentran Degas, Monet y Pissarro constituyen una Sociedad Anónima, cuyos estatutos redacta el propio Pissarro (seguramente el único de ellos que tenía conocimientos de derecho mercantil) a la que se incorporarán los demás pintores que hoy conocemos como impresionistas y organizan su primera exposición ese mismo año en una sala en el 35 Boulevard des Capucins de París. La exposición será uno de esos sonoros fracasos que han jalonado la historia de las vanguardias artísticas, pero es un comienzo, aunque sea para ser criticados, se dan a conocer. A raíz de esta exposición aparece en la vida de Pissarro un marchante que será decisivo para la historia del movimiento impresionista, Paul Durant Ruel. 

El éxito comercial no llegará sin embargo hasta mucho después a finales de la década de los 80. Hasta ese momento la vida de Pissarro transcurre en una relativa pobreza, en localidades cercanas a París, donde podía pintar paisajes campestres "au plein air" como a él le gustaba, y que además contaban con la ventaja de ser más asequibles que la capital. Pissarro se había casado, pese a la oposición de su familia, con una joven de origen gentil y modesta condición social, Julie Velay, que le convertirá en padre de muchos hijos, lo que le obliga a trabajar sin parar para mantener precariamente a su familia. El pintor sentirá, quizás por eso mismo, toda su vida simpatías por la izquierda anarquista y socialista y será apreciado por los pintores impresionistas como una especie de padre, ya que es el mayor de todos ellos. Tras una larga vida de duro trabajo muere en París en 1903 rodeado del respeto y reconocimiento por su obra.

Así, si en la entrada anterior nos encontramos a Samuel Hirszenberg, un judío polaco fervoroso y ortodoxo que se identificó toda su vida con las costumbres y con las desdichas del pueblo judío hasta el punto de que acabó por emigrar a la Tierra Santa de sus antepasados, Camille Pissarro en cambio se verá a sí mismo desde joven como un ser humano cosmopolita: progresista adepto a las ideas anarquistas y socialistas, rechaza los nacionalismos; ateo, deja atrás sus orígenes judíos para convertirse lo que siempre quiso ser: un artista europeo de vanguardia en la capital cultural del mundo de su tiempo, París.





Camille Pissarro, L'Eglise et la ferme d'Eragny, 1895.




Camille Pissarro, Les Seigles, côte des Gratte-Coqs, Pontoise, 1887.




Camille Pissarro, Pastor con rebaño, 1888.




Camille Pissarro, La Sente du Chou, Pontoise, 1878.




Camille Pissarro. Prados de Berneval por la mañana, 1900




Camille Pissarro, Mujer remojándose los pies en un arroyo, 1895.




Camille Pissarro, Paisaje en Chaponval, 1880.




Camille Pissarro, Hyde Park, Londres, 1890.




Camille Pissarro, Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve, 1870.




Camille Pissarro, Camino, efecto de la nieve, 1879.




Camille Pisarro. Le Quai Malaquais, mañana soleada, 1903.




Camille Pissarro, L'Ile Lacroix à Rouen, 1883.




Camille Pissarro, Pont Saint Sever desde Rouen, 1890.




Camille Pissarro, Puesta de sol en el puerto de Rouen, 1892.




Camille Pissarro. Pont Boieldieu, Rouen, puesta de sol, 1896.




Camille Pissarro. Le Louvre, 1902.




Camille Pissarro. Puente de Charing Cross, Londres, 1896.




Camille Pissarro. L'Ile Lacroix à Rouen, efecto de la niebla, 1888.




Camille Pissarro. Puesta de sol, Rouen, 1898.




Camille Pissarro, Avenue de l'Opera, con nieve, 1899.




Camille Pissarro, Boulevard Montmartre de noche, 1897.



Para saber más sobre la vida y obra de Camille Pissarro del recomiendo este vínculo a un blog ,muy interesante: http://chrismielost.blogspot.com.es/2013/06/camille-pissarro-el-pintor-tranquilo.html




4 comentarios:

  1. Me decanto por "El último judío", y no precisamente de Noah Gordon. Debe ser un auténtico placer contemplar en directo esa impresionista captación de la luz que tanta vivacidad transmite, sobre todo en los cuadros que ejemplifican visualmente el "locus amoenus", tan olvidado en nuestro siglo, pese a su indiscutible valor terapéutico. El contraste entre esas manifestaciones de la animosidad y los cuadros que reproducen un entorno nublado, sugerentes de tristeza, soledad e incluso serenidad, sentimientos inducidos eficazmente por el cromatismo apagado y casi uniforme, se ve rematado finalmente con dos cuadros antitéticos: la luminosa alegría de la avenida de la Ópera, tan concurrida de día, frente a su visión nocturna, ya desierta, apagada, inánime, oscura,...."Feliz hallazgo" José Miguel, como diría cierto escritor cartagenero. Enhorabuena.

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    1. La verdad es que la pintura de Pissarro en directo es un placer para los sentidos, y yo añadiría incluso para el alma. En España hay alguna obra suya en la Colección Thyssen y en París es posible ver más obra en el D'Orsay.

      De Pissarro, a veces eclipsado por otros impresionistas con quizás más talento como Monet o Cézanne, o quizás sólo más mediáticos, lo que me gusta mucho es su búsqueda permanente, su no conformarse con lo ya hallado, un seguir buscando nuevos modos de hacer, frente a otros compañeros suyos de movimiento, tal vez más sectarios,tal vez más comprometidos con una línea determinada de trabajo, Pissarro es un hombre dispuesto a seguir aprendiendo durante toda su vida, aprende junto a Corot y los de la escuela de Barbizon, sigue aprendiendo en contacto con Monet y Cézanne, pero incluso en las postrimerías de su vida se atreve a seguir aprendiendo de los jóvenes como Seurat practicando el divisionismo,esa modestia intelectual de no pensar que ya lo sabes todo, que te permite seguir aprendiendo incluso de los que son más jóvenes que tú es algo que me parece signo de inteligencia y de honradez personal. Me encanta este pintor por su personalidad casi tanto o más que por su extraordinaramente bella pintura.

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  2. Para mí, tú lo has dicho, un artista con un derroche de generosidad impecable. Siempre dispuesto a captar y plasmar la riqueza de sus impresiones para deleite del interesado. El patriarca del impresionismo y uno de los más importantes y prolíficos creadores de este movimiento, sin embargo todavía sigue a la sombra de otros artistas, como Monet o Cézanne. La crítica siempre trató su pintura de "densa", pero supongo que sólo era debido a las siempre "odiosas" comparaciones.
    Detenerse en sus creaciones va más allá de un simple encuentro, tienes razón, trasciende su especial personalidad. Abundancia de belleza, sin duda.

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    1. Lo cierto es que cuando investigas un poco sobre la vida y el carácter de Pissarro te enamoras de la persona, frente al estereotipo del artista egocéntrico y veleidoso, Camille Pissarro es un hombre sencillo, al que en ocasiones sorprende el aprecio que otros muestran por su pintura, un padre afectuoso y un buen compañero, cosa aún más rara entre artistas, donde las rivalidades de egos son la norma.

      Pero aparte de esto, que es muy importante sin duda, lo que queda, lo que nos queda son sus preciosos cuadros, llenos de luz, de color, de una observación afinada y sutil de la naturaleza, de una visión casi panteísta que contempla el mundo y lo ve hermoso, esa hermosura y ese gozo es el que transmite la obra de Pissarro, el tiempo, estoy seguro, le hará justicia como el inmenso impresionista que es y le restituirá al lugar que se merece.

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