viernes, 18 de noviembre de 2016

Pater Aeneas

Estoy en estos días explicando a mis alumnos el surgimiento de la épica romana, y, cómo no, si se habla de épica romana hay que hablar de la Eneida. Ni qué decir tiene que a mis alumnos las aventuras o desventuras del padre Eneas no les dan ni frío ni calor, les parece un tema polvoriento y vetusto que nada tiene que ver con sus vidas, la guerra por suerte no forma parte de su experiencia cotidiana, ninguno de ellos ha tenido que salir huyendo con lo puesto de su casa, gracias a Dios. 

Y sin embargo no estamos, como pensamos, ni tan lejos ni tan libres de esas realidades, la guerra es la vida cotidiana aquí enfrente, en nuestro querido Mediterráneo, nuestros hermanos sirios o iraquíes huyen de sus hogares a miles para que sus hijos no sean aplastados por los bombardeos, para que no maten de hambre a sus ancianos, para que no violen a sus mujeres o les obliguen, a ellos o a sus hijos a luchar en una guerra importada en la que nada tienen que ganar si no es una bala en la cabeza. 

Viendo estos días fotografías de estos desdichados refugiados, un poco distraídamente, debo confesar, como nos pasa a todos, que nos acostumbramos hasta cierto punto al horror servido a diario por los medios, de repente tuve un sobresalto: entre unas fotos de refugiados sirios que huyen hacia la frontera turca, lo ví a él, a Eneas, sí, y desde la fotografía me miraba con esa mirada de abatimiento y desesperación que debió tener aquella noche fatídica, la noche en que cayó Troya. Allí estaba ante mis ojos Eneas con su padre Anquises sobre los hombros, penosamente huyendo sin saber qué sería de ambos, pero cumpliendo con su piadoso deber. 



Fotografía tomada en la frontera turca con Siria. 20-Septiembre-2014. Bulent Kilic, AFP, Getty Images



Todas las guerras tienen su Aquiles feroz que mata y mata y encuentra su gloria en la carnicería, todas tienen un artero Ulises que hace lo preciso para salir vivo porque lo que quiere es volver a su casa, todas tienen su Agamenón, que manda a otros a morir mientras con los dedos grasientos hace cómputo de las ganancias, y todas, todas tienen también un padre Eneas, un hombre que, en medio de la muerte y el horror, intenta cuidar de los suyos, cuya gloria no es matar enemigos, su lucha es preservar a los que están bajo su cuidado, debe renunciar a todo, incluso al valor, y huir para que los suyos no mueran, y se echa a su padre, a sus hijos a hombros y sale con ellos al polvo de los caminos del mundo. 

Piadoso Eneas, más sufriente que nunca, ojalá llegues a puerto con toda tu carga a salvo, ojalá tú, o tus hijos, podáis hallar refugio en una nueva tierra prometida, ojalá al otro lado del mar personas también piadosas os acojan, la vida sigue y hay que luchar por ella. ¡Buena suerte, que tus dioses te amparen!




Grupo de Eneas con Anquises y Ascanio, terracota, S. I D. C. Museo Archeologico Nazionale di Napoli



           “Vamos entonces, padre querido, súbete a mis hombros,
           que yo te llevaré sobre mi espalda y no me pesará esta carga;
           pase lo que pase, uno y común será el peligro,
           para ambos una será la salvación. Venga conmigo
           el pequeño Julo y siga detrás nuestros pasos mi esposa.
           Y vosotros, mis siervos, prestad atención a cuanto diga.
           A la salida de la ciudad hay un túmulo y un viejísimo templo
           abandonado de Ceres y a su lado un antiguo ciprés
           que la piedad de nuestros padres guardó muchos años.
           Cada uno por su lado llegaremos todos a ese mismo lugar.
           Tú toma, padre, los objetos de culto y los patrios Penates;
           yo no puedo tocarlos saliendo de guerra tan grande
           y de la reciente matanza, hasta que me purifique
           el agua viva de un río.”
           Dicho esto, me pongo una tela sobre mis anchos hombros
           y el cuello agachado y encima la piel de un rubio león,
           y tomo mi carga; de mi diestra se coge
           el pequeño Julo y sigue a su padre con pasos no iguales;
           detrás viene mi esposa. Avanzamos por ocultos caminos
           y hasta el aire me asusta ahora a mí, a quien todos los griegos
           juntos enfrente ni todas sus flechas podían dar miedo,
           cualquier ruido me alerta de igual modo
           temiendo a la vez por mi compañero y por mi carga.
           Y ya estaba cerca de la puerta y parecía todo el camino
           haber salvado cuando de repente el sonido repetido
           de unos pasos llega hasta mis oídos, y mi padre mirando
           entre las sombras: “Hijo —exclama—, huye, hijo mío, se acercan.
           Puedo ver sus escudos ardientes y sus brillantes bronces.”
           En ese momento no sé qué numen nada favorable
           se apoderó de mi confundida y asustada razón. Pues mientras sigo
           corriendo caminos apartados tras salir de las calles conocidas,
           pobre de mí, Creúsa mi esposa quedó atrás, no sé si por el hado
 si se equivocó de camino o si cansada se sentó.
           Nunca después volvieron a verla mis ojos.

       
        Virgilio, Eneida II, 707-737. Traducción de Rafael Fontán Barreiro 







           Así por fin, consumida la noche, vuelvo con mis compañeros.
           »Y encuentro allí asombrado que una gran muchedumbre
           de nuevos amigos había acudido, mujeres y hombres,
           la juventud reunida para la marcha, una gente digna de lástima.
           De todas partes acudieron preparados de ánimo y recursos
           para partir hacia la tierra que yo eligiera allende el mar.
           Surgía ya Lucifer en lo alto de las cumbres del Ida
           y nos traía el día, y los dánaos tenían ocupados
           los umbrales de las puertas y no quedaba ya esperanza de ayuda.
           Me puse en marcha y los montes busqué con mi padre a la espalda.

                        Virgilio, Eneida II, 795-804.Traducción de Rafael Fontán Barreiro                                            



8 comentarios:

  1. Solo un gran humanista podría dotar de tanta emotividad y belleza épica a una realidad tan prosaica como la descrita. Cuantas con mi más sincera admiración. Efectivamente, convivimos con el clasicismo por " genética": el hemiciclo parlamentario tiene su precedente en el anfiteatro clásico, pero, desgraciadamente, el sello de la elocuencia que protagonizaba las " representaciones" ha sido sustituido por un discurso político basado en el rencor y la frustración, y en el que no últimamente no tienen cabida inmigrantes y refugiados, omisión " políticamente correcta" dada la debilidad de nuestro mercado laboral. La apertura de ese debate político, gestionando los flujos migratorios, es el gran reto del nuevo gobierno, y la nuestra, revitalizar el adormecido valor de la hospitalidad, que tan gratamente acogió a Eneas.

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    1. Los clásicos, como nuestros antepasados, no mueren, están vivos en nosotros, pero sí hay en ocasones lecturas de los clásicos esterilizadoras y muertas. Yo no soy ningún gran humanista, pero sí un ser uhmano que siempre ha sentido una peculiar afinidad con Virgilio, su sensibilidad y su extraordinaria belleza por desgracia hoy yacen bajo estratos y estratos de polvo de filólogos, comentaristas, intérpretes, imitadores, parafraseadores, hasta el punto de que casi es imposible leerlo con la mirada limpia y enfrentarse a él sin prejuicios, para empezar sin el prejuicio de que es un genio y por lo tanto "tiene que" gustarte. A veces es mejor sólo leer y dejarse llevar...

      En cuanto al tema que nos ocupa, la inmigración y nuestra absoluta falta de hospitalidad, pagaremos las consecuencias, no me cabe duda, por nuestro duro corazón. Zeus es el garante de la ley de la hospitalidad y castiga a aquellos que la vulneran, seremos castigados, cuándo o cómo es cosa del destino, o de los dioses...

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  2. Excepcional entrada, por relacionar un tema clásico con la rabiosa actualidad, su conciso y bello discurso, y sobre todo por su emotividad.
    Enhorabuena a su autor, que como siempre acierta de lleno en la elección de temas y su oportunidad didáctica, ejemplo de lo que ha de ser el ejercicio del profesorado en Humanidades.
    SALUDOS

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    1. Muchas gracias don Gonzalo, me alegro de encontrar por aquí de nuevo sus comentarios. En cuanto al ejercicio del profesorado de humanidades, se hace lo que se puede, que no es mucho, ya que nuestras asignaturas cada vez se quedan en menos años y más desconectadas de la corriente general de lo que hoy se enseña. Muchas veces, debo confesarle, me siento como el cura de la novela de Unamuno, San Manuel Bueno mártir, que ha perdido la fe, pero debe seguir haciendo su trabajo y los cargos de conciencia que eso le cuesta. Yo no sé si enseñar latín en estos tiempos todavía tiene algún sentido, quiero creer que sí, que los griegos y los romanos nos enseñaron cosas que no deben caer en el olvido, pero le reconozco que cada día cuesta más mantener el tipo frente a esta civilización de autómatas, este despotismo ya no ilustrado sino embrutecedor, no sé, duros tiempos, los bárbaros ya han cruzado la frontera, nosotros somos los bárbaros.

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  3. Estupenda entrada, la compartiré con mis alumn@s, si te parece bien. Yo también les he estado hablando estos días del piadoso Eneas y también hemos comentado que su destino en nuestros días hubiera sido completamente diferente; a la vista está....

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    1. Muchísimas gracias Josefina, por supuesto que me parece bien, el piadoso Eneas me parece un gran personaje que ha tenido pocos defensores, siempre se ha preferido a otros más vistosos, a Aquiles o al tortuoso Ulises, sin embargo cuando uno ha cumplido unos años llega a comprender la dimensión del responsable Eneas.

      Y en efecto, yo también creo que en nuestros días el padre Eneas hubiese tenido un destino bien diferente...

      Gracias de nuevo, un saludo.

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  4. Admirable texto, José Miguel. Con tu permiso, lo compartiré con mis alumnos (para que entre todos lo lean), a raíz de la visita que haremos estos días a la exposición fotográfica itinerante "Somos migrantes" que estará en alicante hasta el día 30 de noviembre, y que me parece que tu aporte le otorgará de mayor riqueza. También interesante, desde ese acercamiento visual que retrata este drama social al que como abogas, no debemos (no deberíamos) ser indiferentes.

    http://www.diarioinformacion.com/alicante/2016/11/22/exposicion-migrantes-estacion-luceros-tram/1831082.html

    Por encima de cualquier desastre, y ante toda adversidad real, somos humanos que no debemos, ni queremos perder esa humanidad que reclamas en tu bello escrito a modo de carta literaria. Un símil acertado pues siempre fuimos extranjeros...
    Gracias.
    Saludos.

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    1. Me quedo con tu frase: "siempre fuimos extranjeros". Es verdad, la tierra toda es de nadie, o de todos, pero estamos de paso, todos somos forasteros, si apenas llegamos un poco antes que la última oleada, tampoco eso constituye ningún título de propiedad ni podemos poner, como dice el refrán "puertas al campo", ni muros, ni vallas. Si no nos mantenemos humanos, ¿qué otra cosa vamos a ser?

      Gracias por tu estimulante comentario, Clarisa, y por la noticia de la exposición. Creo que me voy a animar yo también a llevar a mis alumnos, al fin y al cabo la tengo al lado del instituto, sólo tenemos que bajar las escaleras y cruzar Marvá. Gracias y saludos ;)

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