miércoles, 9 de noviembre de 2016

Venecia pintada II. When Anglosaxons Invaded Venice

Me ocupaba en la entrada anterior de la visión de Venecia promovida por los propios venecianos y su escuela clásica de vedutistas. En la entrada de hoy pretendo mostrar una mirada completamente diferente de la ciudad: la de los artistas anglosajones, ingleses y americanos, que visitaron Venecia en el siglo XIX y XX.

Los británicos siempre me han parecido, tras esa capa de educación y reserva, bajo ese disfraz de humor y flema, un pueblo apasionado y vehemente, esto puede decirse de todos los artistas a cuya obra vamos a asomarnos hoy. Así lo fue, y mucho, el primero de todos, Jospeh Mallord William Turner (Londres 1775 - ibid. 1851), su arte explora dimensiones pictóricas y emocionales hasta ese momento no definidas. Curiosamente esta audacia suya tuvo éxito y Turner se convirtió pronto en una joven celebridad entre los románticos, con los que compartía sin duda esa búsqueda de lo sublime en el arte. Su progreso como artista le conduce cada vez más desde el paisajismo tradicional de los maestros del XVII, donde aprende el estudio de los efectos de la luz en Claudio de Lorena y la composición en su frecuentación de Poussin, hasta unas cotas de libertad cada vez más audaces y más sintéticas. En sus óleos su pincelada es abierta, muy diluida, casi como en una acuarela, impresiona su plasmación obsesiva de la luz y lo que la luz hace con los objetos y con nuestra percepción de éstos.

Pero sin duda es en sus acuarelas donde Turner consigue alcanzar los mayores grados de libertad creativa y de modernidad; sus aguadas, liberadas de la minuciosidad descriptiva habitual en el acuarelismo de su época, llegan casi a lo abstracto en su interés exclusivo por plasmar los efectos lumínicos. Es en las acuarelas que produjo ya en su madurez en Venecia donde Turner se muestra más radical y más ambicioso. Esta producción marca un antes y un después. Antes, el arte clásico, después, los impresionistas y todo el arte moderno. Turner es, como Goya, una bisagra que cierra el clasicismo y abre la modernidad.

La revolución que ha provocado Turner ya no tiene vuelta atrás, y uno de los que mejor supieron extraer las consecuencias de esta revolución en el ámbito anglosajón fue sin duda el americano más europeo de cuantos hayan existido, el pintor James Abbott McNeil Whistler (Massachusetts 1834 - Londres 1903), quien fue uno de los artistas más influyentes, talentosos e inclasificables de toda su generación. En su viaje a Venecia entre 1879-80 pinta una serie de óleos, dibujos y grabados que son un nuevo hito en la historia de la representación artística de esta ciudad, describe una Venecia nocturna, calma, silente, alejada de los tópicos, de una belleza arrebatadora, su "Notturno oro e blu", por ejemplo, es un poema pintado al óleo.

El tercer pintor anglosajón que quería mostrar esta selección es un extraño personaje al que en su día se relacionó con Jack el Destripador (todavía hoy algunos se hacen cábalas sobre si este pintor además de los pinceles no manejaba también otras herramientas) Walter Richard Sickert (Munich 1860 - Bath 1942). Si es por su obra no me cabe duda de que uno estaría tentado de atribuirle tendencias oscuras al autor, es una pintura de una belleza extraña, desasosegadora, que nos muestra en sus campañas venecianas una ciudad inquietante, lóbrega, con una pincelada densa, espesa y un colorido mortecino poco habitual.

Como despedida a esta muestra de anglosajones en Venecia me han gustado mucho los cuadros de un pintor galés contemporáneo, Kyffin Williams (Anglesey 1918 - ibid. 2006) que curiosamente es el que, a mí al menos, más me parece que ha preservado el legado de Turner mediante una exqusita simplicidad muy moderna que hace de sus paisajes unas pinturas casi abstractas.





J. M. W. Turner. Mirando al Este hacia San Pietro di Castello, amanecer, 1819. Tate Gallery, Londres.




J. M. W. Turner. Venecia, la boca del Gran Canal, 1840. Yale Center for British Art, New Haven, Connecticut.




J. M. W. Turner. El extremo superior del Gran Canal con San Simeone Piccolo, 1840. Tate Gallery, Londres.




J. M. W. Turner. San Giorgio Maggiore al atardecer desde el Hotel Europa, 1840. Tate Gallery, Londres.




J. M. W. Turner. Venecia a la luz de la luna, 1840.




J. M. W. Turner. La Zitelle, Santa Maria della Salute, el campanile y San Giorgio Maggiore desde el canal de la Grazia, 1840. Tate Gallery, Londres.




J. M. W. Turner. Venecia al amanecer desde el Hotel Europa con el campanile de San Marco, 1840. Tate Gallery, Londres.




J. M. W. Turner. La Piazzetta, 1835. National Galleries of Scotland, Edimburgo.




James Abbott McNeill Whistler. Las Salute, Venecia, atardecer, 1880. Harvard Art Museums, Cambridge, Massachussets.




James Abbott McNeill Whistler. Nocturno en azul y plata, La laguna, Venecia, 1879-80. Museum of Fine Arts, Boston.




James Abbott McNeill Whistler. Notturno Blu e Oro, San Marco, Venezia, 1879-80. National Museum of Wales, Cardiff.




Walter Richard Sickert. La Aduana y Santa María della Salute.




Walter Richard Sickert. Palazzo Eleanora Duse, Venecia, 1895-1904. National Museum of Wales, Cardiff.




Walter Richard Sickert. El puente de Rialto, Venecia. Colección privada.




Walter Richard Sickert. San Marco, Vencia (Pax tibi Marce Evangelista meus) 1896. Tate Gallery, Londres.




Walter Richard Sickert. Catedral de San Marco, Venecia, c. 1896.




Walter Richard Sickert. Variación sobre Peggy, 1934-5. Tate Gallery, Londres.




Walter Richard Sickert. Santa Maria della Salute, Venecia, 1901. Royal Academy of Arts, Londres.




Kyffin Williams. Venecia desde los jardines, 1979.




Kyffin Williams. El Gran Canal, 2004.


Vínculos para saber más sobre los artistas:




2 comentarios:

  1. Nunca hubiera pensado que la gran luminosidad pictórica podría dotar de un eficaz halo de misterio a una de las ciudades más atractivas para los artistas. Los cuadros de Turner me han sorprendido, tanto por la hábil fusión lumínica de la masa acuática y la celeste, como por la mágica estela neblinosa que impregna los edificios venecianos, aunque los maravillosos efectos lumínicos de la tormenta de "La Piazzeta" me tienen hechizada. Y qué comentar de las misteriosamente líricas versiones " en azul y plata" o bien "blu e oro" de Whistler, tan evocadoras de una tenebrosa paz, de naturaleza inefable, que solo el Arte puede acoger. Sickert, misteriosamente original al mostrarnos una Venecia inánime, solitaria, inmortal. Excelente entrada.

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    1. La Venecia de Turner es una ciudad de luz intensa (supongo que esa luminosidad para alguien que viene de la nubosa Gran Bretaña debe ser algo muy especial) y a la vez de distancias suavizadas por la niebla de la laguna, un lugar mágico que consigue plasmar de un modo único gracias a un extraordinario (y muy preciso) dominio técnico de la acuarela. Esa aparente simplicidad es el resumen de dos cosas: técnica y audacia.

      Aparte de Turner queria mostrar aunque fuera un poco de la maravillosa obra de Whistler, un autor tan admirado y querido en el mundo anglosajón como ignorado en nuestro país, es una lástima, me parece uno de los grandes de su siglo, a la altura de Monet, Gauguin o Van Gogh, por poner un ejemplo. En cuanto a Sicker, qué decir, no lo conocía hasta ahora y ha sido una gratísima sorpresa para mí, muy personal, que no es poco.

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