martes, 6 de diciembre de 2016

¡Mira ese cuadro!: Auto de Fe, de Francisco Rizi

“Debemos recordar que el propósito principal del juicio y la ejecución no es salvar el alma del acusado sino alcanzar el bien público y dar temor a los otros”
Francisco Peñas, 1578. Comentario al Manual del Inquisidor de Nicholás de Eymerich


Su Católica Magestad, el piadosísimo rey don Carlos, ha poco que ha contraído nupcias con Doña Maria Luisa de Orleans. Para alegrar al rey y celebrarlo a la española el Santo Oficio, presidido por el Inquisidor General, Don Diego Sarmiento de Valladares, ha pensado que nada mejor que celebrar un Auto General de Fe, donde juzgar en público y solemne tribunal a unos cientos de judaizantes, y así de paso recordar a quienes lo necesiten que la Iglesia y la Monarquía aún tienen capacidad para castigar a los contumaces, que el rey nuestro señor puede parecer débil de salud, pero aún es fuerte para extirpar la herejía de sus reinos. 

Un caluroso domingo, 30 de junio del año 1680, antes del alba comenzó la procesión de los acusados por Madrid, cada uno con sus  vistosas corozas y sambenitos. La multitud de agolpaba a su paso y, de no ser por los soldados de la Fe, alguno no llega vivo al juicio. A las ocho de la mañana la procesión llega por fin al cadalso situado en la Plaza Mayor. Colocan con gran pompa la cruz verde, velada de negro, sobre un altar. El Inquisidor General toma juramento solemne a Su Magestad con estas palabras: 

"Vuestra Magestad ¿jura y promete por su fe y palabra real, que como verdadero, y católico rey puesto por la mano de Dios defenderá con todo su poder la fé católica, que tiene y cree la santa madre iglesia apostólica de Roma, y la conservación y aumento della, y perseguirá, y mandará perseguir a los hereges, y apóstatas contrarios della, y que mandará dar, y dará el favor, y ayuda necesaria para el santo oficio de la Inquisición, y ministros della, para que los hereges perturbadores de nuestra religión cristiana sean prendidos, y castigados conforme a los derechos y sacros cánones, sin que haya omisión de parte de Vuestra Magestad, ni excepción de persona alguna de qualquier calidad que sea?"

Con este juramento da inicio la vista pública hasta que todos los acusados, o bien han confesado y abjurado de sus errores, y son reconciliados con la santa iglesia, o bien se mantienen contumaces y son relajados al brazo secular para ser finalmente conducidos al quemadero. La hoguera fue situada cerca de la puerta de Alcalá y allí había muchos curiosos que, acabado el juicio, se desplazaron a ver arder a los herejes. Los resplandores pudieron verse hasta el amanecer del lunes.

Si para el hombre barroco la vida es un teatro, el Auto de Fe es sobre todo una dramatización ritualizada del Juicio Final. La Inquisición, y sobre ella el rey, detentan la espada para castigar a los pecadores: premio o misericordia para los que se someten a la fe ortodoxa, castigo y llamas para los que se apartan de la Iglesia, el verdadero cuerpo místico de Cristo. 

En realidad todo es una máquina propagandística impresionante, una gran tramolla llena de efectos espectaculares para conmover, y sobre todo, intimidar a todos y cada uno. Cree lo que te dice la iglesia, obedece al rey y no trates de pensar ni de creerte más listo que los demás, porque, como dice San Pablo, "si no obráis bien, temed, porque el príncipe no en vano lleva la espada". Obedecer es bueno, obedecer es santo, obedecer te mantiene vivo, lo demás prudencia y callar y no dar que hablar.




Francisco Rizi, Auto de Fe en la plaza Mayor de Madrid, 1683. Museo Nacional del Prado, Madrid.






Gregorio Fosmán, grabado del Auto General de Fe que se celebró en Madrid en 1680.



A Francisco Rizi, un pintor que había trabajado en muchos grandes encargos, que pintara la cúpula de San Antonio de los Alemanes, en la catedral de Toledo, que fuera pintor del rey, sobre todo, que fue el gran pintor de escenografías y tramollas para el teatro real del Buen Retiro, le piden que pinte esta otra representación en sus últimos años de decadencia, cuando vive de una mísera pensión, concedida a modo de limosna por la reina madre y tarde y mal pagada. El Consejo de la Inquisición le encarga que pinte, tres años después del suceso, el memorable Auto de Fe que tuvo lugar en Madrid en 1680. De este Auto de Fe, uno de los mejor conocidos de la historia gracias a la relación escrita que publicó el año del evento el arquitecto y aposentador real Joseph del Olmo, quedaba un testimonio gráfico contemporáneo debido al buril del grabador Gregorio Fosmán, grabado que ilustraba el libro de Joseph del Olmo, libro que no sabemos si fue un éxito de ventas, pero podría haberlo sido por la distribución de las copias que hoy se conservan de él.

Como puede verse comparando las dos imágenes, Rizi, cuya pintura ha conocido tiempos mejores, no parece haber abordado la tarea con un gran entusiasmo, se puede decir que se ha limitado a copiar y poner color a la imagen del grabado, eso sí, destacando algo mejor a algunos de los participantes, como los reyes y los personajes prinicpales. No podemos reprocharle su falta de entusiasmo. El cuadro debía estar medio escondido entre las colecciones reales hasta que en el siglo XVIII un ilustrado, Antonio Ponz, lo vio entre las obras que llenaban las paredes del Buen Retiro y recomendó que se conservara con estas escuetas pero expresivas palabras: "Se ve así mismo un Auto de Fe de los que hacían en la Plaza Mayor de Madrid, pintura de Francsico Rizi, es digno de conservarse, porque ninguno de los que viven han visto semejante espectáculo"



Sobre los Autos de Fe y la Inquisición:






2 comentarios:

  1. El cuadro que protagoniza la entrada, y tu genial reflexión sobre el tema, me ha evocado al "Auto de fe", de Francisco de Goya, que inconscientemente visualicé cuando leí "Cándido", en concreto el pasaje en el que el protagonista y el médico Pangloss son detenidos, marcados con sambenitos y mitras, para ofrecer este espectáculo al pueblo tras un terremoto, como medida preventiva de otro, aunque no surtió efecto porque, al iniciarse el proceso, la tierra tembló. Y, cómo no evocar a Mariano José de Larra, uno de los primeros escritores españoles que combatió públicamente la pena de muerte, como ocurre en su célebre artículo "El reo de muerte", en el que tan brillantemente pone en tela de juicio la índole de una sociedad que condena a garrote vil, pues si el sentenciado "había hecho mal matando a otro, la sociedad iba a hacerlo matándolo a él. Un mal se iba a remediar con dos". En suma, viviendo en aquella época, me parece totalmente lógica la dieciochesca reflexión voltaireana: "Si este es el mejor de los mundos posibles, ¿Cómo deben de ser los otros?"

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    1. Que éste sea el mejor de los mundos posibles no quiere decir que sea bueno, sólo que es el mejor de los posibles, parece un matiz insignificante, pero no lo es. El Estado, ese Levitatán que decía Hobbes, tiene que crear y mantener los consensos sociales para dar a los ciudadanos una impresión de justicia y orden. Eso por desgracia se ha venido haciendo y se hace aún hoy en día eligiendo a determinados chivos expiatorios a los que se señala arbitrariamente como "el enemigo" y luego se procede a una elminación ritualizada según los estándares jurídicos de cada época. Es un procedimiento muy efectivo. Si no me crees piensa en lo que ocurre en nuestra asustada Europa con el fenómeno del terrorismo, leyes especiales, períodos de excepción prorrogados en nombre de la seguridad, persecución de la "radicalización" (vaya término vago y amplio donde meter cualquier cosa) y por supuesto total aquiescencia de las masas, nadie pregunta, nadie cuestiona qué se hace, qué se tapa con esas actuaciones... El Estado ha tenido y tiene sus maneras de mandar, hacer callar, manipular, y hacer pasar por verdad todo aquello que se le antoje.

      El gran peligro a mi modo de ver es que los estados democráticos, con todas las reservas, tienen aún unos ciertos controles al poder absoluto del Estado, hay jueces independientes (haberlos haylos) hay ONGs, periodismo que no está dirigido por el gobierno, oposición parlamentaria, un derecho legítimo de protesta y manifestación, etc. Mi temor es que veo que en esta asustada Europa cada vez hay más ciudadanos que claman por otorgar más poderes al Estado en nombre de la Seguridad, contra toda una serie de enemigos, a veces reales, pero las más veces imaginarios, y el día que desaparezcan esos tímidos controles que aún funcionan, con los medios técnicos que hay hoy en día, todos estaremos fichados y todos correremos un terrible peligro. Eso va a pasar y me da la sensación de nadie ve todavía el peligro, sé que parezco Casandra anunciando la caída de Troya, pero dos más dos son cuatro, aquí y en Pekín, y si no al tiempo...

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