domingo, 31 de enero de 2016

DE MADRID AL CIELO


Ante el trono de Dios llegó un cuitado
Con más faltas encima que pelota.
Y el alma por mil partes sucia y rota
Con el continuo roce del pecado.

El Soberano Juez miróle airado,
Y el pecador, sintiendo su derrota,
Echó a temblar, sudando cada gota
Como un piñón, y dijo atribulado:

"¡Señor pequé! mi culpa es conocida:
Pero viví en Madrid sin una blanca
Los tres últimos años de mi vida."

-¡Cesa!... repuso Dios: del cielo franca
La puerta tienes; que en mi juicio eterno
Nadie del purgatorio va al infierno.

                                    Francisco José de Orellana (1820-1891). 




 Miguel Vivo. "Schweppes", 1999. Lápiz, tinta y acrílico sobre tabla.



Encontré este poemilla en una antología de poemas, libro que mi bisabuelo, Francisco Baeza Sánchez, se molestó en registrar de puño y letra con su nombre el 15 de octubre de1896. No he podido resistirme a compartirlo aquí porque me parece graciosísimo. 

Si desean saber más sobre este tal Francisco José de Orellana éste es el vínculo a su biografía: http://gicesxix.uab.es/showAutor.php?idA=239 

 

martes, 26 de enero de 2016

Bibliotecas, Candida Höfer

Hace muy poco que la fotógrafa alemana Candida Höfer (Eberswalde, Alemania 1944) ha inaugurado en la Galería Helga de Alvear de Madrid una exposición con el título "El espacio, el detalle, la imagen". El otro día, después de leer la noticia y la entrevista del ABC, me puse a hacer búsqueda de imágenes por el GOOGLE y, para mi sorpresa, me di cuenta de que la mayor parte de las que había ido recogiendo por internet de las grandes bibliotecas europeas eran suyas, que, mira por dónde, esas imágenes que me habían hecho soñar con esos maravillosos espacios las había ido fotografiando paciente y cuidadosamente Candida Höfer. 

Lo primero que pensé fue, ¡Qué suerte haber podido estar allí! Si os detenéis a mirar las bellas fotografías de Höfer convendréis conmigo en que las bibliotecas son unos lugares muy especiales, lugares sagrados, no menos que las iglesias. Además de la intencionada monumentalidad con que han sido construidos todos ellos, independientemente de que la propia fotografía de Höfer está concebida para mostrar esa monumentalidad, para desvelar la simetría de su arquitectura, además de todo ello, estos lugares están penetrados de un silencio muy especial, de un silencio reverente, justo como el de un templo. Flota en ellos el denso y pesado bagaje del saber humano, las lentas horas de estudio que dieron  luz esos libros, las horas que se tardó en leerlos, en comprenderlos, en conectar su saber con el contenido en otros muchos libros, esa conexión neuronal que en toda biblioteca vibra en el aire como la electricidad. 

El saber humano que es vanidad, pero no sólo ni siempre vanidad, que es la tarea del hombre en esta tierra. Los lomos multicolores de todos estos libros, como las miles de teselas de un mosaico, componen entre todos ese inmenso Libro de la Creación que el Gran Rabino celeste lee incansablemente, hasta el día en que, tras la última letra de la última página del último capítulo, el mundo llegue a su fin porque ya haya sido leído y desvelado por completo.






Candida Höfer. Biblioteca de la abadía de Admont, Alemania





Candida Höfer. Biblioteca general de la Universidad de Coimbra, Portugal





 Candida Höfer. Biblioteca de la abadía de Wiblingen, Alemania.





 Candida Höfer. Biblioteca del Real Monasterio del Escorial, Madrid.





 Candida Höfer. Archivo general de Indias, Sevilla.





Candida Höfer. Biblioteca Anna Amalia de Weimar, Alemania.





Candida Höfer. Biblioteca del castillo de Detmold, Alemania.





Candida Höfer. Biblioteca degli Uffizzi, Florencia, Italia.





Candida Höfer. Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela.





Candida Höfer. Sala de lectura pública de la British Library, Londres, UK.





Candida Höfer. Biblioteca dei Girolamini, Napoles, Italia.





Candida Höfer. Biblioteca del Trinity College, Dublin, Irlanda.





Candida Höfer. Bibliothèque Administrative Géneral de Paris, Francia.





Candida Höfer. Biblioteca del Palacio de Mafra, Portugal.





Candida Höfer. Bibloteca Nacional de Francia.





Candida Höfer. National Libray of Ireland, Dublin.





Candida Höfer. Biblioteque National de France, Paris.





Candida Höfer. Real gabinete portugés de lectura, Río de Janeiro, Brasil.





Candida Höfer. New York Public Library, EEUU.





Candida Höfer. Biblioteque de Saint Genevieve, Paris, France.





Candida Höfer. Antigua biblioteca del ministerio de justicia, Handelindenkamer, La Haya, Holanda.





Candida Höfer. Biblioteca Cappuccini Redentore, Venezia, Italia.





martes, 19 de enero de 2016

Hecho en Polonia: Wiesław Walkuski

Las imágenes de Wieslaw Walkuski no son de las que dejan indiferente, te atrapan inmediatamente y no podrías dejar de mirarlas, es más, si las miras durante el tiempo suficiente corres el riesgo de que se introduzcan en tus sueños y te persigan en ellos. Ése es el secreto del cartelista, debe crear un icono que sea lo bastante poderoso para captar nuestra atención, atención hoy cada vez más dispersa, más reclamada por múltiples señuelos, pero al mismo tiempo condensar en una sola imagen el contenido emocional de una película, de una obra de teatro, de una ópera, de un evento, pocos diseñadores gráficos salen con bien de semejante reto, aunque, hay que decir que Polonia tiene una muy buena escuela de cartelistas, pienso ahora en Mieczyslaw Gorowski o en Michal Batory, que son los dos que yo conozco y admiro, pero hay gremio en abundancia. 

Walkuski, nacido en 1956, estudió en la Academia de Bellas Artes de Varsovia entre 1976 y 1981 coincidiendo con los últimos años del gobierno comunista, como profesional ha trabajado como cartelista para el cine y el teatro y ha recibido numerosos premios tanto en su país como en USA. Su arte se ha beneficiado de la apertura de su país tras la caída del bloque soviético, hecho que posibilitó al arte polaco deshacerse de la rígida censura a que estaba sometido, pero también de los prejuicios estéticos que estaban vigentes durante el período comunista, así los años 80 ven a Polonia abrirse a posturas más postmodernas en consonancia con el arte globalizado actual (es curioso, hablo de Polonia y pienso en España, qué paralelas son nuestras historias contemporáneas). 

El arte de Walkuski no será ajeno a este movimiento general, si bien su obra transita por territorios de una retórica expresiva cercana a veces al surrealismo, a veces al comic, pero siempre en una búsqueda de intensidad emocional, de sorpresa, el rostro humano es para él esa imagen desconcertante, bella u horripilante, enigmática siempre, portadora de significados variables, muro o palimpsesto escrito una y otra vez, que esconde y manifiesta, máscara que se ha quedado adherida, nihil humanum a me alienum puto es lo que, como Terencio, nos viene a decir el arte de Wieslaw Walkuski desde sus affiches.
 



























































































































viernes, 15 de enero de 2016

Acuarelas de Winslow Homer

Winslow Homer (Boston 1836 - Prouts Neck 1910) ha sido probablemente el artista estadounidense más importante de la segunda mitad del siglo XIX y sin duda el pintor más amado por el público americano hasta nuestros días, cosa que a la vista de sus extraordinarias acuarelas no cuesta entender. Sus comienzos son humildes, una formación casi autodidacta (apenas tomó algunas clases de pintura del natural en la National Academy of Design) desde 1859 trabaja como ilustrador para la revista Harper's Weekly, para la que hace numerosos dibujos como corresponsal durante la guerra civil americana. 

Acabada la guerra tiene ocasión de viajar a París para la Exposición Universal de 1866 y es allí donde establece contacto con la pintura francesa del momento, sobre todo la escuela realista, que es la que por esos años está en pleno vigor, Courbet, Corot, etc, más adelante conocerá también a los impresionistas, que por cierto no le impresionarán demasiado. Su trabajo como ilustrador le obliga a tratar multitud de temáticas y no es sino hasta la década de 1870 cuando su obra inicia su decisiva aproximación a la naturaleza, ese año hace su primera excursión a los Montes Adirondacks adonde volverá en repetidas ocasiones a pintar. Poco a poco el pintor busca más y más entornos próximos a la naturaleza, así en 1881 vive un año en Inglaterra, en Cullercoats, en la costa el Mar del Norte, donde pintará algunas de sus mejores obras de temática marina y desde 1883 se traslada a Prouts Neck, una península en la costa de Maine donde residirá hasta su muerte. 

Su obra de madurez es una inmersión en la naturaleza, un diálogo del hombre con el paisaje que a mí me recuerda en ocasiones a los autores de la pintura china clásica de paisaje, con su lagos y sus montañas difuminadas entre la niebla,  en otras ocasiones su uso de la aguada me lleva hacia un Zhang Daqian, o a las estampas japonesas y la moda del japonismo, o incluso a un Monet (véase sino ese "remando a casa" de 1890), pero siempre, siempre consigue ir un poco más allá, sus obras buscan una mayor sencillez, sus escenas muestran apenas un personaje en medio del paisaje, unos efectos de color, los reflejos de la luz en el agua, unas aguadas que se mezclan en el fondo de la escena con singular eficacia. En sus paisajes de Maine anticipa ya la obra futura de mi querido y admirado Andrew Wyeth, el otro gran americano.

Winslow Homer es el reverso de su contemporáneo John Singer Sargent, aquél, cosmopolita, vive en la viejas ciudades europeas, cargadas de historia, en un medio artístico y sofisticado, éste, americano hasta la médula, prefiere la vida en una pequeña población de la Costa Este, más cerca de la naturaleza, ambos fueron extraordinarios acuarelistas que, buscando objetivos diametralmente opuestos con su arte, contribuyeron a ampliar los horizontes de una técnica tan bella como delicada mediante una producción extraordinaria.





 Winslow Homer. Pesca de la trucha, Lake St. John Quebec. 1895.




 
 Winslow Homer.  Lanzamiento de la mosca. 1894. National Gallery of Art, Washington D. C.





  Winslow Homer. El guía de Adirondaks. 1894. Museum of Fine Arts, Boston





  Winslow Homer. La captura. 1900. National Gallery of Art, Washington D. C.





  Winslow Homer. Remando en la oscuridad. 1892.





  Winslow Homer. Guías sorteando los rápidos. 1895.





 Winslow Homer.  Pescando en los rápidos, Saguenay. 1902.





  Winslow Homer. La canoa roja. 1889.





 Winslow Homer.  Esquina, Santiago de Cuba. 1885.





  Winslow Homer. En Tampa, 1886.





  Winslow Homer. Siguiendo el rastro. 1889.






  Winslow Homer. North Woods Club, Adirondacks. 1892.





  Winslow Homer. Poblado indio, Adirondacks. 1894. Fogg Museum of Art, Harvard University.





 Winslow Homer. La caza del oso, Prospect Rock. 1892. Smithsonian American Art Museum, Washington D. C.





  Winslow Homer. Marea entrante. 1883.





  Winslow Homer. El vigía, costa oriental Prouts Neck. 1894.





  Winslow Homer. Remando a casa. 1890.





  Winslow Homer. Rompiendo la tormenta, Costa de Maine. 1894. Art Institute of Chicago.





  Winslow Homer. La tormenta que viene. 1901.





  Winslow Homer. Claro de luna. 1874.





  Winslow Homer. Puesta de sol en Gloucester. 1880. Addison Gallery of American Art, Andover.





  Winslow Homer. Winslow Homer. Las casas del Parlamento. 1881.



Si uno quiere ver cientos y cientos de obras de Winslow Homer esta web en inglés es a donde tiene que ir: http://hoocher.com/Winslow_Homer/Winslow_Homer.htm