jueves, 29 de septiembre de 2016

SAN MIGUEL ARCÁNGEL


"Y se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles iniciaron el combate contra el dragón. Y el dragón peleó y con él sus ángeles, y no pudieron resistir, y no se halló ya para ellos lugar en el cielo. Y fue precipitado el dragón grande, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el que seduce a todo el mundo; fue precipitado a la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados."


San Juan, Apocalipsis 12, 7-10.
Nuevo Testamento Trilingüe.  B. A. C.
Edición crítica de José María Bover y José O'Callaghan




"Después miré y vi, a los cuatro lados del Señor de los espíritus, cuatro rostros diferentes de los que no duermen, y aprendí sus nombres que me dio a conocer el ángel que andaba conmigo y me hacía conocer todos los secretos.
Y oí las voces de esos cuatro rostros, mientras cantan alabanzas en presencia del Señor de la Gloria.
Y la primera voz bendice al Señor de los espíritus por los siglos de los siglos.
Y oí la segunda voz bendecir al Elegido y los elegidos que dependen del Señor de los espíritus.
Y oí la tercera voz pedir y rogar por los que habitan la tierra; y suplicaba en nombre del Señor de los espíritus.
Y oí la cuarta voz expulsar a los Satanes, y no les permitía llegar cerca del Señor de los espíritus para acusar a los que habitan sobre la tierra.
Después pregunté al ángel de paz que andaba conmigo y me enseñaba todo lo que está oculto: "¿Quiénes son esos cuatro rostros que he visto y cuya palabra he oído y escrito?"
Y él me dijo: "El primero es el misericordioso y pacientísimo Miguel; el segundo, que está encargado de todas las enfermedades y de todas las heridas de los hijos de los hombres, es Rafael; el tercero, que está encargado de toda fuerza, es Gabriel, y el cuarto, que preside en el arrepentimiento, para esperanza de los que heredarán en la vida eterna, su nombre es Fanuel".
Estos son los cuatro ángeles del Señor de los espíritus y las voces que he oído estos días."

El libro de Henoch
Traducción del etíope por François Martin 




"¿Quién me oiría, si gritase yo, desde la esfera de los ángeles? Y aunque uno  de ellos me estrechase de pronto contra su corazón: su existencia más fuerte me haría perecer. Pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible en un grado que todavía podemos soportar, y si lo admiramos tanto es sólo porque, indiferente, rehúsa aniquilarnos. Todo ángel es terrible."

Rainer María Rilke, Elegías de Duino
Traducción de Jenaro Talens. Hiperión poesía.






Tabla de San Miguel. S. XIII. Procedente de Sant Miquel de Soriguerola de Fontanals de Cerdanya. Museu Nacional d'Art de Catalunya.




San Miguel, ilustración. Libro de Horas de Catalina de Cleves.




San Miguel combatiendo al dragón. Jean Fouquet. Ilustración del Apocalipsis de Juan. S. XVI




San Miguel combatiendo al dragón. St. Michael, Irstead, Norfolk. UK




Miguel Arcángel y el diablo. Icono ruso de Simon Ushakov. S. XVII




San Miguel pesando las almas. Basílica de Vézelay, Francia. SS. XI-XII




San Miguel pesando las almas. Juan de la Abadía (el viejo) S. XV. Procedente de Liesa, Huesca. Museu Nacional d'Art de Catalunya




Retablo de San Miguel. Gérard David. S. XV. Kunsthistorisches Museum, Viena.




San Miguel y los ángeles en la guerra contra los demonios. Domenico Ghirlandaio. S. XV. Florencia.




Arcángel Miguel. Guariento di Arpo (1310-1370). Musei Civici di Padova.




Arcángel Miguel. Piero della Francesca (1415-1492). National Gallery, Londres.




San Miguel y el dragón de siete cabezas. Arte colonial español. S. XVIII




San Miguel y otros santos. Pintura devocional escuela cuzqueña, S. XVIII




Aparición del Arcángel San Miguel del Milagro. Anónimo S. XVIII. Iglesia de San Miguel del Milagro. Municipio de Natívitas, Estado de Tlaxclala, México.




Aparición de San Miguel Arcángel. Cristóbal de Villalpando (1649-1714). Sacristía de la Catedral de México




San Miguel Arcángel. Talla policromada anónima S. XVIII. Iglesia de San Nicolás, Burgos.




San Miguel y la caída de los ángeles rebeldes, 1526-1530. Domenico Beccafumi. Iglesia de San Niccoló al Carmine, Siena.




San Miguel expulsando a Lucifer y los ángeles rebeldes. Pieter Paul Rubens 1622. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid.



San Miguel exila el diablo del abismo. Bartolomé Esteban Pérez Murillo (1617-1682). Sevilla




San Miguel Arcángel. Valdés Leal (1622-1690). Retablo de la Iglesia del Carmen de Puerta Nueva, Córdoba.




Arcángel Miguel. ca. 1780. Juan de Espinal (1714-1783). Museo de Bellas Artes de Sevilla.




San Miguel derrota a Satanás. Rafaele Sanzio 1518. Musée du Louvre, Paris.




El Arcángel Miguel. Guido Reni, 1636. Pintado para la Iglesia de los Capuchinos de Roma.




San Miguel Arcángel. Cristóbal de Villalpando (1649-1714). México.




El Arcángel Miguel arrojando a los ángeles rebeldes al abismo, 1666. Luca Giordano. Kunsthistorisches Museum, Viena.



San Miguel Arcángel. Claudio Coello, ca. 1660. Museum of Fine Arts, Houston, Texas.




San Miguel Arcángel derrotando a Satán. Escuela italiana, finales del S. XVII o principios del XVIII.




San Miguel Arcángel, príncipe de la milicia celestial. Francesco Hayez (1791-1882)



¡Feliz día de los santos arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael!

viernes, 23 de septiembre de 2016

La burra de Balaam

Hace poco estuve en Madrid de fin de semana y aproveché para visitar la exposición que bajo el título "De Caravaggio a Bernini: Obras maestras del Seicento italiano en las colecciones reales" se puede ver en el Palacio de Oriente hasta el próximo 16 de octubre. La exposición contiene una buena cantidad de pinturas muy dignas de verse, de autores como Velázquez, Ribera, Caravaggio, Giordano o Reni, además de otros artistas menos conocidos pero no menos interesantes. 

El cuadro del que deseo hablarles en esta entrada es uno muy bello del pintor napolitano Luca Giordano, artista que en los reinados de Felipe IV y Carlos II pintó mucho y muy bien en la villa y Corte, e influenció a los pintores de la escuela madrileña de la segunda mitad del XVII, como Francisco Rizzi o Claudio Coello entre otros. Este cuadro fue pintado entre 1665 y 1666 y tiene por título "La burra de Balaam". 

Si ustedes se fijan en la pintura verdaderamente lo que primero atrae la atención y lo que está pintado con más realismo y cuidado es la burra, su rostro en particular. El resto está subordinado, tanto el anciano que la golpea  quien, siguiendo los cánones del tenebrismo post-caravaggista, queda medio en sombras, como el ángel, que por su parte está pintado de un modo muy convencional con su aspecto andrógino y una cierta blandura. La burra es la absoluta protagonista del cuadro. Eso muestra lo gran artista que era Luca Giordano, como buen narrador, va a contarnos lo importante de la historia. 

La historia de Balaam y su burra hoy no la conocen ya ni los curas, pero en los tiempos en que el cuadro fue pintado debía ser algo más familiar para unos espectadores provistos de una cultura cristiana y por tanto bíblica más extensa -e intensa- que la nuestra. Como la historia es interesantísima les introduzco el contexto y copio a continuación el pasaje bíblico. 

El relato pertenece al libro de los NÚMEROS 22: El pueblo de Israel, en su largo peregrinar por el desierto hacia la tierra prometida, ha llegado finalmente a la tierra de Moab, cuyo rey, al ver a un pueblo tan numeroso en sus tierras, ante tal avalancha de inmigrantes temió que "Esa multitud va a devorar nuestros confines como devora un buey la hierba del campo". Así pues hizo el rey llamar a Balaam, el profeta, para que maldijese al pueblo de Israel, "pues sé que es bendito aquel a quien tú bendices y maldito aquel a quien maldices tú". Balaam ora a Yavé y Éste le dice que no vaya porque el pueblo de Israel es siempre bendito en su presencia, pero los mensajeros del rey tanto y tanto le insisten que Balaam finalmente va al encuentro del rey con intención de maldecir a Israel.... 

A partir de aquí copio al autor del texto bíblico (Números 22, 21-32) "Levantóse Balaam y aparejó su burra y se fue con los príncipes de Moab, pero Dios estaba indignado de que fuese y el ángel de Yavé se puso delante de él en el camino para cerrarle el paso. Iba Balaam sobre su asna y llevaba consigo a dos de sus criados. El asna, al ver el ángel parado en el camino con la espada desenvainada en la mano, se salió del camino y echó por el campo, y Balaam se puso a fustigarla para retraerla al camino. Entonces el ángel se puso en una estrechura entre las viñas, entre pared de un lado y pared de otro; y al verle el asna, echóse contra una de las paredes, cogiendo entre ella y la pared la pierna de Balaam. Este se puso de nuevo  a fustigarla. El ángel de Yavé volvió a ponerse en una angostura, de donde ni a derecha ni a izquierda podía desviarse; y al verle el asna se echó debajo de Balaam, quien enfurecido la fustigó más. Abrió entonces Yavé la boca del asna, que dijo a Balaam: "¿Qué te he hecho yo para que por tres veces me hayas fustigado?" Y Balaam respondió: "¿Por qué te burlas de mí? Si tuviera a mano una espada, ahora mismo te mataría" Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? Tú me has montado desde que yo soy tuya hasta hoy ¿Te he hecho yo nunca cosa semejante? Y él respondió: "No". Entonces abrió Yavé los ojos a Balaam y vio al ángel, que estaba en el camino con la espada desenvainada en la mano."

Finalmente Balaam comprende que el pueblo de Israel es grato a Dios y desiste de su sacrílego propósito y sólo usa su verbo profético para, como le ordena Yavé, bendecir al pueblo elegido. Pero en esta ocasión lo que me interesa de esta preciosa historia es la parte de la pobre burra, que se nos muestra como más sabia que el hombre, ya que ve lo que éste en su obstinación no puede ver y con mejor corazón, ya que abnegadamente intenta salvar a su dueño por tres veces, sólo para ser fustigada en recompensa otras tres veces, hasta que Dios la hace hablar para recriminar a su amo el injusto trato.

Ahora seguro que vuelven a mirar la pintura de Luca Giordano con otros ojos. Esa burra tan expresiva ¡está hablando! Si los animales hablaran, qué de cosas dirían ¿No? Seguro que muchas serían más sensatas y más dignas de escucharse que las infinitas tonterías que nuestros congéneres humanos dicen, y dicen, y vuelven a decir...







 Luca Giordano. La burra de Balaam, 1665-66. Colecciones Reales. Patrimonio Nacional






 Luca Giordano. La burra de Balaam, 1665-66. Colecciones Reales. Patrimonio Nacional. Detalle.




"De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las colecciones reales".
Exposición temporal. Madrid, Palacio de Oriente, del l7 de junio al 16 de octubre de 2016.
Este es el vínculo al  microsite de la exposición: De Caravaggio a Bernini



viernes, 16 de septiembre de 2016

Sísifo

Hijo de Éolo, el de las mil tretas, tortuoso Sísifo, ahí tienes la piedra, a ver cómo te las ingenias ahora para volver a subirla a la cima. 

La piedra, siempre la misma, idéntica, pesada piedra, ahí está retándote de nuevo, si tuviera humor la piedra dirías, Sísifo, que se ríe para sus adentros (las piedras todo lo hacen para sus adentros, son muy profundas, reservadas más bien) pero las piedras no conocen el humor, ni la misericordia, ni nada, son sólo peso inerte, ellas tienen siempre todo el tiempo del mundo, se cuecen a fuego lento en tiempos geológicos que son eras, eternidad pura, si algo tiene una piedra es paciencia, una paciencia sorda y cachazuda que puede confundirse con el humor, pero ni una risa, poca broma con la piedra. 

Así que, Sísifo, ya puedes sudar, resoplar, ya te puedes ingeniar poleas o palancas, porque ahí tienes a tu silente, pesada, paciente piedra para acompañarla día tras día pendiente arriba. Ése es el trabajo que el padre Zeus ha destinado para ti y nadie escapa de los designios del Cronida, no escapó el Titán Prometeo, por más que en astucia te sobrepasase, de sufrir atado en el Caúcaso que un buitre le devorase el hígado cada día, ni escapó tampoco el hijo de Alcmena, el valiente Heracles, de servir al menguado Euristeo en los doces trabajos prescritos, así que tú ya puedes darte por afortunado con la piedra, no hay escapatoria, esa es la carga que te ha correspondido, tu tarea. 

De septiembre a junio subirás cada vez la piedra, cada vez una piedra nuevecita, por estrenar, esperando tu abrazo y tu esfuerzo para irla izando poquito a poco. Tranquilo, ni ella ni tú vais a ir a ninguna otra parte, tranquilo, agárrala fuerte, abrazate a ella y juntos id haciendo camino, cuesta arriba, despacito, hay mucho tiempo, todo el tiempo del mundo, de septiembre a junio nada menos, nueve meses, un embarazo, tu embarazo de cada curso. Anda, Sísifo, ponte ya en camino, que hay mucho que subir.


 "Amor meus, pondus meus" (Agustín de Hipona).

















Vínculos interesantes sobre la obra de Paul Rumsey:


A mis compañeros de la enseñanza en el comienzo del nuevo curso.
¡Que nos sea leve!

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La esencia de las cosas: Giorgio Morandi

Entre los artistas existe un tipo de personalidad de talento polifacético, vario, multiforme, son creadores que a lo largo de su carrera prueban diversos géneros, diversos estilos, abren o cierran puertas, señalan nuevos caminos, experimentan y ejercen una enorme influencia sobre sus contemporáneos, ejemplos de este tipo de artistas podrían ser Goya o Picasso. Otros artistas, por el contrario, lo que hacen es insistir en una sola vía, ahondando progresivamente, depurando, en una línea continua de investigación, un ejemplo de este tipo de artista podría ser Giorgio Morandi (Bolonia 1890 - ibidem 1964).

En el extenso catálogo de Morandi (unos 1700 cuadros) hay apenas una insignificante cantidad de paisajes y algún que otro retrato, todo lo demás son unas peculiares naturalezas muertas, compuestas por lo que son infinitas variaciones de unos pocos objetos, siempre los mismos, que el pintor tenía en su estudio y colocaba y combinaba de diferentes maneras en cada obra en particular, unos objetos que deliberadamente, contra la tradición del bodegón clásico que representa objetos bellos o con texturas buscadas a propósito para evidenciar la maestría del pintor (cristal, textiles, frutas, aves, caza, etc), son objetos cotidianos, insignificantes, casi feos, cacharros de rastro, tazas, botellas, alcuzas, jarrones viejos. El pintor ni siquiera trata de dibujarlos "bien", ni de conseguir un modelado ilusionista, más bien los apila siguiendo patrones geométricos, estos objetos se destacan apenas como manchas de color, pero unos colores apagados, tenues, una reducida gama tonal de grises, pardos, rosas, azules...

Toda la Historia del Arte, nada más y nada menos, se halla contenida en estas naturalezas muertas: Morandi ha conocido en su período formativo a los impresionistas, sobre todo a Cézanne, de quien admira su distanciamiento frente al sujeto, estrategia que busca penetrar en la esencia formal del propio acto de la representación pictórica. Está presente el despliegue de planos del cubismo, aunque depurado de sus peculiares manierismos. Hay también un ir y haber vuelto de la pintura metafísica en la que militó en su juventud. Está incluso, en mi opinión, el último Chardin.

Los objetos en las naturalezas muertas de Morandi devienen sólo un repertorio de formas, colores, espacio, planos. El cuadro se compone así como una pintura abstracta: colores, formas, planos, composición. El propio pintor en una entrevista afirmaba lo siguiente: "Creo que nada puede ser más abstracto e irreal que lo que realmente vemos." 

Y sin embargo no podríamos afirmar que esos objetos sean meramente un excusa para plantear problemas técnicos de composición o armonía tonal, no, precisamente los jarrones, vasos, botellas de Morandi son en cierto modo, "ese" objeto en particular, con "esa" luz concreta, en "esa" posición determinada y única, y al mismo tiempo son una especie de archiobjetos, de arquetipos platónicos del vaso, de la taza, de jarrón, la jarroneidad, si así pudera decirse. El artista, mediante ese obsesivo y laborioso proceso de combinatoria, de variaciones, de cuidadoso despojamiento, ha llegado a tocar el límite mismo de la representación, en el que el objeto representado es captado en su esencia -la idea en sentido platónico- mediante la aprensión de su apariencia material, lo que parece una contradicción en sí misma, pero, y esta es la cuadratura del círculo que obra Morandi, no lo es. Morandi no representa, no copia el objeto, lo recrea.

Qué conduce a una persona a vivir una vida oscura, pintando una y otra vez unos pocos objetos en combinaciones tan parecidas que cuesta distinguirlas, es un misterio. Su vida me parece enigmática en su cuasimonacal rutina, silencio y continuidad; vivió siempre en Bolonia de la que casi nunca salió (apenas dos veraneos en la vecina Suiza), con trabajos docentes de menor importancia, hay en ello una búsqueda deliberada de olvido, podría ser una necesidad de su carácter, pero creo que lo que busca Morandi es tener el silencio y la independencia necesaria para hacer su trabajo. Él mismo lo confirma en una entrevista en la que rememora a sus contemporáneos durante los años del fascismo, cuando todo artista famoso temía no ser lo bastante "nacional" o lo bastante "imperial", en un arte subordinado a la ideología. Mientras, Morandi en su olvidada provincia consigue pintar en su estudio lo que quiere, justamente porque nadie le presta atención, y es así como consigue llegar a ser el único pintor verdaderamente moderno de su país. Un interesante ejemplo de cómo la oscuridad es, a veces, una precondición para poder centrarse en el objetivo de crear.

El fruto de una vida apartada y sin eventos es esta obra tranquila, armoniosa, bella, que comunica la privacidad austera, limpia, que su autor tanto valoraba. Como su autor afirma: "Lo que importa es tocar el límite, la esencia de las cosas".

































































































































Para comprender mejor este concepto de las variaciones no se me ocurre nada mejor que una comparación: Cualquiera que tenga unos conocimientos musicales básicos está familiarizado con el concepto de variación en el arte musical. Para disfrutar mientras contemplan las obras de Morandi les dejo aquí las "Variaciones Goldberg", de Johann Sebastian Bach, en la versión que, a mí por lo menos, es la que más me gusta, la del clavecinista canadiense Scott Ross.