miércoles, 26 de octubre de 2016

Tres miradas judías VI: El Lissitzky

No sabemos demasiado de los orígenes familiares de Eliazar Márkovich Lissitzky (Óblast de Smolensk 1890 - Moscú 1941), más conocido como El Lissitzky, salvo que era de origen judío asquenazí, comprometido con la enseñanza del yiddish en los primeros tiempos de su carrera como docente, para lo que colaboró ilustrando unos libros infantiles en esta lengua aprovechando la derogación de las leyes antisemitas por el gobierno de Kerensky en 1917. El Lissitzky fue toda su vida un ardiente bolchevique y su militancia comunista le llevó a convertirse en uno de los más asiduos propagandistas del régimen soviético hasta su muerte, desarrollando en esta faceta sus inmensas dotes para el cartelismo y el diseño tipográfico.

Lissitzky es también un revolucionario en el arte, es consciente de vivir en un período único de la historia, en el que la función del artista comprometido es alumbrar un arte nuevo para el mundo nuevo que está siendo edificado por la Revolución. Estamos aún el la euforia de la lucha revolucionaria, en el ardor por destruir lo viejo, lo caduco, y dar paso a lo nuevo, crear la Utopía, con la pluma y con los pinceles, sí, y a martillazos también, si hace falta, y a tiros si hace falta, también. Pero es comprensible, pertenece a la generación que ha nacido bajo la autocracia zarista, un ancien régime especialmente arcaico, brutal y opresor, sólo pueden creer en el futuro porque lo que han dejado atrás ha muerto definitivamente. Hay que contruir un nuevo mundo y ese nuevo mundo no puede buscar referentes en el pasado, hay que inventarlo todo desde cero.

Ellos no sabían, no podían saber, lo que estaba por venir, el terror, las purgas, las masacres, el Gulag. Nosotros, los contemporáneos hemos leído a Solzhenitsyn, a Varlam Shalámov, a Ajmátova, a Mandelstam, sabemos. Ellos tenían ilusiones, querían construir un mundo más justo, no sabían, no podían saber, en qué Leviatán se iba a convertir el Socialismo Real, por lo tanto debemos abstenernos de juzgarlos.

El Lissitzky comienza uno de sus períodos más creativos con su incorporación a la escuela de Vítebsk, llamado por su director, Marc Chagall. Allí coincide con Kazimir Malévich el creador del suprematismo, pronto la escuela revive sus propia querelle des anciens et des modernes, y son los modernos, encabezados por Malévich, quienes se salen con la suya, transforman toda la didáctica de la escuela y fundan el grupo UNOVIS al que se adhiere Lissitzky. Chagall en desacuerdo abandonará la escuela y muy pronto la misma Rusia para emigrar a Paris. 

El suprematismo proclama la supremacía de la sensibilidad pura en las artes figurativas, el arte no debe de ahora en adelante tratar de imitar a la naturaleza, por lo que el virtuosismo ilusionista en la plasmación del modelo es desdeñado como inútil y sin valor, el arte debe ser un medio de expresión del sentimiento del artista, como ellos mismos dicen en su manifiesto, el arte ya no sirve a la Iglesia o al Estado ni ilustra las costumbres, por lo que el figurativismo carece de sentido. Esta expresión o encarnación de la sensibilidad pura del artista la expresan mediante el uso de formas geométricas, rehuyendo así de paso cualquier posible aproximación o reminiscencia de lo natural. 

Lissitzky dentro de este movimiento participa en los primeros años 20 con su serie de los PROUN, a la que pertenecen todas las obras que he traido a esta entrada, unas obras de formatos y técnicas diversas (hay óleos, pero también acualeras, litografías o dibujos) donde unas formas geométricas flotan en un espacio sin atenerse ya a la perspectiva clásica, pero interactuando entre sí y creando sus propias coordenadas espaciales y rítmicas, sus propias armonías tonales, sus oposiciones lleno-vacío, bidimensional-tridimensional. El autor más tarde sacará las conclusiones a que conduce este modo de concebir el espacio y convertirá sus PROUN en tridimensionales, siendo el primer artista, que yo sepa, en diseñar el espacio de exposición como objeto artístico en sí mismo. 

Las aplicaciones de todo este quehacer teórico y práctico el propio Lissitzky las llevará a Alemania, donde este nuevo evangelio artístico sirve de inspiración a los que están a punto de crear la Bauhaus, así como a los holandeses de De Stijl. El Lissitzky ha sido uno de los padres fundadores (por no decir EL padre fundador) del cartelismo moderno, del diseño industrial, del diseño gráfico y del diseño de exposiciones. Era por tanto obligatorio rendir tributo a este judío asquenazí, ardiente revolucionario ruso, cuya obra hoy ha quedado por desgracia algo eclipsada por otros talentos más conspicuos, pero cuyo legado es tan grande que apenas hay campo que no haya tocado, de tal manera que no podemos concebir la contemporaneidad sin su aportación. Vaya desde aquí mi humilde y sincero homenaje, espero que su obra les guste a Vds. tanto como me ha gustado a mí.









































































































































jueves, 20 de octubre de 2016

Tres miradas judías V: Camille Pissarro

Jacob Abraham Camille Pissarro (Saint Tomas, 1830 - Paris 1903), pese a tener un nombre tan impresionantemente judío, seguramente eso es todo lo que nuestro pintor retuvo en su vida de dicha identidad. Nacido en un territorio de Las Antillas entonces perteneciente a Dinamarca, hijo de un padre judío sefardí de origen portugués, pero nacido en Burdeos y por tanto de nacionalidad francesa, y de una madre dominicana hispanoparlante, el joven Camille Pissarro es el ejemplo más acabado que pudiera concebirse de indentidades cruzadas o superpuestas: remotamente judío por parte de padre, hispano por parte de madre, francoparlante se vinculará pronto a la cultura francesa, por ámbito geográfico se cría en el Caribe, pero conservará toda su vida su pasaporte danés... es un ciudadano del mundo.

La vida de Camille Pissarro es un viaje a contracorriente, de no ser así hubiera pasado sus días al frente de la compañía comercial de su padre, mas el joven Camille pronto descubre su afición a la pintura, con veinte años emprende un viaje que dura cuatro años en compañía del pintor danés Fritz Sigfred Georg Melbye por la República Dominicana y Venezuela del que se conservan algunas acuarelas. Cuando vuelve a Saint Tomas ya es un artista, ahora lo que necesita es formarse, crecer. Consigue el permiso paterno para irse a París con la excusa de la Exposición Universal de 1855. Ya no se volverá atrás.

En París entra en contacto con Camille Corot y la escuela de Barbizon, que practicaba una pintura alejada de los convencionalismos de la pintura clásica,  y que abogaba por abordar el estudio del paisaje pintando al aire libre y no en el estudio y buscaba reflejar más los efectos lumínicos y atmosféricos, despreocupándose del cuidadoso dibujo y composición que eran la marca de la pintura academicista. El contacto con Corot será esencial en la formación pictórica de Pissarro, así como su asistencia a la Academia de Jules Suisses, donde conocerá a Claude Monet y a Paul Cézanne, conformándose así la Santísima Trinidad del Impresionismo. Los tres amigos se influenciarán mutuamente y compartirán reflexiones, decepciones, rechazos y todo ello los reafirmará aún más en sus postulados y contribuirá a la coherencia interna del Impresionismo como movimiento artístico.

Pissarro va exponiendo con cierta regularidad en los Salones, si bien su pintura no es muy apreciada por la crítica. Ante este continuo rechazo, que no es el único en sufrir, en 1874 un grupo de pintores, entre los que se encuentran Degas, Monet y Pissarro constituyen una Sociedad Anónima, cuyos estatutos redacta el propio Pissarro (seguramente el único de ellos que tenía conocimientos de derecho mercantil) a la que se incorporarán los demás pintores que hoy conocemos como impresionistas y organizan su primera exposición ese mismo año en una sala en el 35 Boulevard des Capucins de París. La exposición será uno de esos sonoros fracasos que han jalonado la historia de las vanguardias artísticas, pero es un comienzo, aunque sea para ser criticados, se dan a conocer. A raíz de esta exposición aparece en la vida de Pissarro un marchante que será decisivo para la historia del movimiento impresionista, Paul Durant Ruel. 

El éxito comercial no llegará sin embargo hasta mucho después a finales de la década de los 80. Hasta ese momento la vida de Pissarro transcurre en una relativa pobreza, en localidades cercanas a París, donde podía pintar paisajes campestres "au plein air" como a él le gustaba, y que además contaban con la ventaja de ser más asequibles que la capital. Pissarro se había casado, pese a la oposición de su familia, con una joven de origen gentil y modesta condición social, Julie Velay, que le convertirá en padre de muchos hijos, lo que le obliga a trabajar sin parar para mantener precariamente a su familia. El pintor sentirá, quizás por eso mismo, toda su vida simpatías por la izquierda anarquista y socialista y será apreciado por los pintores impresionistas como una especie de padre, ya que es el mayor de todos ellos. Tras una larga vida de duro trabajo muere en París en 1903 rodeado del respeto y reconocimiento por su obra.

Así, si en la entrada anterior nos encontramos a Samuel Hirszenberg, un judío polaco fervoroso y ortodoxo que se identificó toda su vida con las costumbres y con las desdichas del pueblo judío hasta el punto de que acabó por emigrar a la Tierra Santa de sus antepasados, Camille Pissarro en cambio se verá a sí mismo desde joven como un ser humano cosmopolita: progresista adepto a las ideas anarquistas y socialistas, rechaza los nacionalismos; ateo, deja atrás sus orígenes judíos para convertirse lo que siempre quiso ser: un artista europeo de vanguardia en la capital cultural del mundo de su tiempo, París.





Camille Pissarro, L'Eglise et la ferme d'Eragny, 1895.




Camille Pissarro, Les Seigles, côte des Gratte-Coqs, Pontoise, 1887.




Camille Pissarro, Pastor con rebaño, 1888.




Camille Pissarro, La Sente du Chou, Pontoise, 1878.




Camille Pissarro. Prados de Berneval por la mañana, 1900




Camille Pissarro, Mujer remojándose los pies en un arroyo, 1895.




Camille Pissarro, Paisaje en Chaponval, 1880.




Camille Pissarro, Hyde Park, Londres, 1890.




Camille Pissarro, Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve, 1870.




Camille Pissarro, Camino, efecto de la nieve, 1879.




Camille Pisarro. Le Quai Malaquais, mañana soleada, 1903.




Camille Pissarro, L'Ile Lacroix à Rouen, 1883.




Camille Pissarro, Pont Saint Sever desde Rouen, 1890.




Camille Pissarro, Puesta de sol en el puerto de Rouen, 1892.




Camille Pissarro. Pont Boieldieu, Rouen, puesta de sol, 1896.




Camille Pissarro. Le Louvre, 1902.




Camille Pissarro. Puente de Charing Cross, Londres, 1896.




Camille Pissarro. L'Ile Lacroix à Rouen, efecto de la niebla, 1888.




Camille Pissarro. Puesta de sol, Rouen, 1898.




Camille Pissarro, Avenue de l'Opera, con nieve, 1899.




Camille Pissarro, Boulevard Montmartre de noche, 1897.



Para saber más sobre la vida y obra de Camille Pissarro del recomiendo este vínculo a un blog ,muy interesante: http://chrismielost.blogspot.com.es/2013/06/camille-pissarro-el-pintor-tranquilo.html




jueves, 13 de octubre de 2016

Tres miradas judías IV: Samuel Hirszenberg

Casi en los comienzos de este blog ya propuse una serie de otras tres miradas judías. En aquel momento los artistas que conocimos fueron Isidor Kaufmann, Felix Nussbaum y Abshalom Jac Lahav. A través de ellos pretendía acercarme a la realidad del pueblo de Israel en tres momentos históricos diferentes: la existencia en los Shtetl en la Europa central anterior a la Gran Guerra, el Holocausto judío provocado por los nazis y la realidad judía contemporánea.

En esta ocasión mi motivación para aproximarme de nuevo al arte judío tiene más que ver con las reflexiones que me ha provocado lo visto y oído en relación con la celebración reciente de nuestra Fiesta Nacional del 12 de octubre y el asunto de los conflictos identitarios. ¿La identidad es algo que tenemos sin más, querámoslo o no, o por el contrario es algo voluntario a lo que uno se vincula consciente y deliberadamente? ¿Existe una identidad musulmana, judía, española, catalana como algo que nos incluye nos guste o no? ¿O es algo de lo que ELEGIMOS formar parte? ¿Podríamos tener, o sentir, varias identidades a la vez? Como detesto sermonear prefiero ilustrar la cuestión mediante ejemplos y cada cual que saque sus propias conclusiones.

En esta reflexión sobre las identidades vamos a comenzar por un judío polaco que hizo de su pertenencia judía una razón de vida y la motivación de una parte importante su obra, hasta el punto de que acabó yéndose a concluir su vida en Israel. Samuel Hirszenberg (Lodz, Polonia 1865 - Jerusalén, Israel 1908) nace en un ambiente obrero y debe oponerse a los deseos paternos para estudiar bellas artes en Cracovia. De allí marcha pronto a Munich a estudiar en la Akademie der Bildenden Künste, en esta ciudad comienza a darse a conocer y marcha sin demora a la meca artística del momento, París, donde participa en alguna exposición y es galardonado con una medalla de plata. Allí continua estudios en la Academia Colarossi.

Sin encontrar con todo asidero en París, vuelve a su ciudad natal donde comienza pintando escenas de costumbrismo judío más o menos al estilo común de la época. Será algo más tarde cuando contacte emocionalmente con la doliente historia del pueblo de Israel para pintar sus grandes obras, como "El judío errante", que no obtiene la repercusión que su autor esperaba, o "Exilio", o, la mejor desde mi punto de vista, "Bandera Negra", donde ilustra de un modo intenso y dramático la realidad terrible de los pogromos contra los judíos en la Europa del Este.

Hirszenberg viajará por Italia en 1901, tras lo cual vive aún unos años en Cracovia, para finalmente, decepcionado por el antisemitismo de la sociedad europea y cada vez más identificado con el destino de su pueblo, emigrar a Israel, donde enseñará a las jóvenes generaciones en la Academia Bezalel y vivirá un período de intensa creatividad hasta su muerte en 1908.






 El Judío Errante, 1899.




 Exilio, 1904.




 La bandera Negra, 1905. (Pogromo contra los judíos)




Capr, 1901.




 Cementerio judío en Lodz, 1892.




Descanso sabático, 1894.




 La cúpula de la Roca, Jerusalén, 1908.




 Paisaje de Oriente Medio




 Escena en un jardín




 Acantilados de Capri, 1901.




 Muchacho junto a la ventana




 Retrato de árabe




 Retrato de poeta judío polaco




 Estudio




 Retrato de Dinah Hirzenberg, 1903.




 Rabino




 Escuela talmúdica




 La excomunión de Spinoza, 1907.




Retrato de dama




Muchacho vendiendo esteras




Retrato de Samuel Hirszenberg, por Olga Boznanska, 1905