martes, 13 de junio de 2017

Muerte a muerte

La muerte es el hecho radical que más nos iguala a todos los seres humanos, quienes considerados bajo este prisma somos, todos, mortales, lo que significa que, al tiempo que vivimos y por ello mismo, vamos muriendo cada día un poco y así, paso a paso, nos vamos aproximando a nuestra Muerte, esa frontera que nadie ha cruzado jamás de vuelta. "Amor odio, envidia, para ellos ya todo se acabó", dice el Eclesiastés. Recuerdo a este propósito unos versos de Lucrecio que me impactaron de modo especial; decían así: "Por tanto, puedes vivir tantos siglos como quieras; no por ello la eterna muerte dejará de aguardarte, y no durará menos el no ser para éste que hoy dejó la luz del día, que para aquél que cayó muchos meses y años atrás". ¿A que impresiona? Lucrecio es único para alegrarte el día.

Desde el inicio de los tiempos ha habido una corriente de pensamiento que  ha insistido en enfatizar la radical igualdad de todos los humanos ante a la muerte y que subraya que la misma suerte alcanza al pobre que al rico, al malvado que al santo, al joven o al anciano, una vez muertos todos son lo mismo: cadáveres que se descomponen y nada más. Cenizas a las cenizas, polvo al polvo.

Sin embargo, no es menos cierto que la muerte, además de un acontecer personal, es también un hecho que puede ser contemplado en su repercusión social, y es en este ámbito donde se convierte en un hecho significativo, es decir, la muerte, como todo lo que tiene que ver con el ser humano, está cargado de significados, y a partir de aquí ya no todas las muertes son iguales. Así, independientemente de las creencias religiosas de cada uno, y de si unos piensan que tras su muerte les espera otra vida o no, lo cierto es que las sociedades humanas siempre hemos atribuido significados diversos a las muertes de nuestros congéneres. 

De este modo juzgamos honrosa la muerte del héroe Ignacio Echeverría y vil la de sus asesinos, por citar un ejemplo reciente. La sociedad, según los códigos éticos y culturales de cada momento, ha estimado que ciertas muertes son ejemplares, incluso deseables: la del héroe, el mártir, el soldado, el santo, el anciano que muere rodeado de los suyos... otras las ha considerado deplorables: la del muerto por sobredosis, el suicida, el muerto de SIDA... otras llegan a provocar un sentimiento incluso de alivio, como la muerte del ajusticiado, del tirano, del terrorista. 

Lo que quiero resaltar es que la muerte significa, así un mismo acontecimiento puede tener distintos significados, y no son las mismas las connotaciones del suicidio de Catón de Útica que del de Séneca, ni el de Kurt Cobain que el suicidio de un adolescente víctima de acoso escolar. No se atribuye el mismo valor a la tortura de un mártir que a la tortura pública de un regicida, ni al ajusticiamiento en la guillotina de Luis XVI que al garrote vil de un asesino. En cada uno de estos casos la sociedad, el Estado, las personas, atribuimos significados diferentes a cada muerte.

El arte es un código de comunicación, incluso más, es un creador de significados, como tal ha tratado de expresar y transmitir estos particulares significados otorgados por el colectivo social a todas estas muertes diferentes: las honorables o las odiosas, las dignas de imitación o de lástima, o de repulsa. De este modo dentro de las artes plásticas se han ido consolidando tipologías de representación de la muerte: la muerte del sabio, del héroe, la muerte del mártir, del santo, la buena o la mala muerte... La pintura ha ido acuñando modelos para expresar de manera gráfica los significados que socialmente atribuimos a cada una de estas muertes. Desde el arte clásico, pasando por el arte religioso medieval, hasta nuestros días el arte sigue construyendo, replanteando, revisando significados, obra a obra, muerte a muerte. 

Al mismo tiempo la obra de arte, gracias a su polisemia, a su valor totémico, diríase mágico, no se contenta con limitarse a representar lo socialmente admitido, sino que nos confronta a la muerte con miradas nuevas y nos sigue compeliendo a reflexionar sobre este hecho fundamental aportando perspectivas inéditas, más intuitivas, más emocionales, más íntimas; como el mito, el arte enseña mediante símbolos que crea a cada momento, porque la muerte, mi muerte, su muerte, cada muerte, necesita todavía ser explicada y aún no hemos ni comenzado el camino...




EL DICTADOR
León Golub. Franco en el ataúd.



ESCRITOR MALDITO
Marléne Dumas. Céline.



EL PADRE DE LA PATRIA
Silvestro Lega. Muerte de Mazzini



EL SIDA
 AA Bronson. Felix Partz, June 5, 1994.



PREMONICIÓN DE LA PROPIA MUERTE
 Alfonso Ponce de León. Accidente (Autorretrato).



LA MUERTE DEL AMIGO
 Pablo Ruiz Picasso. Casagemas en su ataúd.



ABONANDO LOS CAMPOS CON SANGRE
 Vasily Vereschagin. Endecha



VUELTA AL BARRO
C R W Nevinson. Senderos de gloria.



EL CONDENADO
Vicente Carducho. La conversión de San Bruno ante el cadáver de Diocres.



HAMBRE
 José Aparicio Inglada. El Hambre de Madrid



LA PROTESTA
 Antonio Fillol. Después de la refriega.



EL INFANTE
Escuela cuzqueña. Mariano Francisco de Cardona, muerto con diez meses.



LA MUERTE DE LOS NIÑOS
 Charles Willson Peale. Raquel llorando.



LA MUERTE DEL HIJO
 Anto Carte. Piedad



HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO
 Daphne Todd's. Retrato de la madre de la artista



LONGEVIDAD ¿UNA BENDICIÓN?
 Shaun Downey. Retrato de su madre a la edad de 89 años



LA MUERTE DEL SANTO
 Vicente Carducho. Muerte del Venerable Odón de Novara.



EL MAGNICIDIO
 Jacques-Louis David. Muerte de Marat.



MUERTE DE UNA REINA
 Eduardo Rosales. Doña Isabel la Católica dictando su testamento.



LA MUERTE DEL ARTISTA
 Henry Nelson O'Neil. Los últimos momentos de Rafael.



EL INCOMPRENDIDO
Henry Wallis. Suicidio de Chatterton



DESESPERACIÓN
 Vasily Perov. Encontrada ahogada.



ORGULLO
Guillaume Guillon-Lethière. Muerte de Catón de Útica.



LA MUERTE DEL SABIO

 Jacques-Louis Davis. Muerte de Sócrates.



LA SHOAH
 Boris Taslitzky. El campo pequeño en Buchenwald.



SUPLICIO DEL REGICIDA
 Grabado anónimo. Muerte y sufrimiento de Damiens, atentador de la sagrada persona del rey Luis XV.



GUERRAS DE RELIGIÓN
 François Dubois. Matanza de San Bartolomé.



SACRILEGIO: LA MUERTE DEL REY
 Grabado anónimo. Ejecución de Luis XVI.



INTIMIDACIÓN: EL AJUSTICIADO
 Ramón Casas. Garrote vil.



LA MUERTE DEL TORERO
 José Villegas y Cordero. Muerte del maestro.



LA RESISTENCIA
 Francisco de Goya y Lucientes. Fusilamientos del tres de mayo.



EL HÉROE DE LA PATRIA
 Leonardo Alenza. Muerte de Daoíz en el cuartel de Artillería de Monteleón.



CORONA DE MARTIRIO
 Mestre de Boí. Lapidación de Sant Esteve



ORIGEN: EL SACRIFICIO
Rembrandt van Rijn. El sacrificio de Isaac.



EL PRIMER MUERTO DE LA HISTORIA
Autor anónimo. Muerte de Abel. Panel de Marfil, Catedral de Salerno




jueves, 1 de junio de 2017

Ruskin Spear: Mirando a las personas

El pintor londinense Ruskin Spear (1911-1990) nació y creció en una barriada del Oeste de Londres, en Hammersmith, un barrio obrero que marcará en el artista una cierta mentalidad de"cockney" de clase trabajadora. Así su arte observa el mundo cotidiano de las gentes de la ciudad, tanto los ratos de esparcimiento, como el fútbol, como las charlas de los paisanos en el pub de la esquina, las calles del Londres de la postguerra, el metro, los comercios, los gatos, los niños... es un excelente pintor de género. Sus escenas de género a menudo tienen un toque irónico o humorístico. 

Ruskin Spear es siempre un pintor de lo cercano, no veremos en él paisajes idílicos o exóticos, sino a las gentes y a las calles de su barrio. Se ha dicho que este buscar lo cotidiano estuvo causado porque el pintor, afectado por una poliomielitis infantil, debía usar silla de ruedas, si es así en todo caso hizo de la necesidad virtud, pues es una virtud esa mirada benévola sobre el mundo cercano y cotidiano, ese mundo que a menudo nos pasa inadvertido de puro tenerlo delante a cada rato y que Spear ha sabido convertir en arte.

Como no podía ser de otra manera, un pintor que mira a las personas con la atención y el amor que lo hace Ruskin Spear tenía que ser por fuerza un gran retratista. Sus contemporáneos reconocieron muy pronto esta faceta suya y recibió a lo largo de toda su carrera numerosos encargos en este género, que resuelve con solvencia en todos los casos, supeditándose al modelo sin imponerle una "maniera" artística, así su retratística es muy amplia y estilísticamente variada, hay muchos retratos suyos de personajes relevantes de la vida británica en colecciones públicas, aunque yo personalmente prefiero sus retratos de personas anónimas, donde el artista puede desenvolverse con más libertad sin las imposiciones del decorum oficial. 

La segunda Guerra Mundial, que fue una enorme tragedia humana y material, fue también un desastre para las artes. Así la pintura de postguerra en Europa liquida las vanguardias históricas y rompe con todo lo anterior para volcarse, traumatizada, en el Expresionismo Abstracto. Los artistas, ante el fracaso de la civilización, deciden volver a pintar como los pintores de las cavernas. En Inglaterra sin embargo, un ambiente artístico mucho más conservador, lo que predomina es una sosa pintura academicista, un figurativismo de escasas ambiciones. 

En medio de este panorama tan mediocre, un autor como Ruskin Spear, con su pincelada gruesa y generosa, nos reconcilia con el arte de la pintura, e incluso más, con la humanidad. Los hombres y mujeres que aparecen en sus obras no son héroes ni tipos ideales, son los vecinos de su barrio de Londres, que suspiran aliviados por que la guerra haya acabado, que se toman unas cervezas al atardecer con los amigos en el pub mientras echan unas risas, como los vecinos de aquella maravillosa película "Pasaporte para Pimplico".




 Ruskin Spear. The Band. The Taylor Gallery, Londres.




Ruskin Spear. Escena en el Metro: trabajadores volviendo del turno de noche, 1943. Imperial War Museums, Londres.




 Ruskin Spear. Confetti.




Ruskin Spear. "Desacostumbrado como estoy...", 1956. Aberdeen Art Gallery & Museums




 Ruskin Spear. The Tea Shop. New Walk Museums & Art Gallery, Leicester.




 Ruskin Spear. Escena en un pub.




 Ruskin Spear. Escena de bar.




 Ruskin Spear. "El entusiasta".




 Ruskin Spear. Sid James, 1962. National Portrait Gallery, Londres




 Ruskin Spear. Hammersmith Broadway, 1950. Arts Council Collection, Southbank Center, Londres




Ruskin Spear. The Rutland Hotel, Hammersmith, 1947.




Ruskin Spear. El antiguo Teatro de la Lírica de Hammersmith, 1943. Royal Academy of Arts, Londres.




 Ruskin Spear. Escena nevada, 1946. Tate Gallery, Londres.




 Ruskin Spear. Tarde de invierno. Glynn Vivian Art Gallery.




 Ruskin Spear. Lights of London: Festival of Britain.




 Ruskin Spear. Mujer con jersey rojo, 1948. Arts Council Collection Southbank Center, Londres.




 Ruskin Spears. Otro de los habituales: Retrato de Tom Chalk.




 Ruskin Spear. Ernest Marsh, 1954. Royal Academy of Art, Londres.




 Ruskin Spear. Francis Bacon, 1984. National Portrait Gallery, Londres.




 Ruskin Spear. Sir Harold Wilson, 1974. Primary Collection, Londres.




Ruskin Spear. Gato durmiendo. Sommerset Museums Service




Ruskin Spear. Niña en un portal.




Para saber más sobre la vida de Ruskin Spear les recomiendo estos dos vínculos a páginas británicas donde se pueden leer sendos resúmenes de su biografía:

http://www.alanwheatleyart.com/artists/114/Ruskin-Spear/

http://www.jennaburlingham.com/artists/177-ruskin-spear/biography/