domingo, 26 de febrero de 2017

Una princesa desconocida

Hay asociaciones que se establecen en la mente por algún motivo que se nos escapa, éste es el caso de la asociación que da origen a esta entrada. Hay un poema de la escritora portuguesa Sophia de Mello Breyner-Andresen, que siempre me ha gustado mucho, aunque no sea realmente capaz de explicar por qué, quizás porque expresa una ambigüedad, la princesa elegante y bella pero sin destino, ese desperdiciar de gente para llegar a ese punto de perfección, esa perfección como un término, un final baldío, no sé. Explicar el elemento connotativo de una obra de arte no tiene gracia.

El caso es que, buscando una imagen que pudiera ilustrar de algún modo el texto y vistos muchos retratos de princesas, conocidas y desconocidas, me parecía que todas eran siempre demasiado reales, unas chicas de rancia alcurnia, no siempre demasiado guapas ni demasiado elegantes bajo sus pomposas vestimentas. Por una de esas asociaciones mentales de las que antes hablaba, me vino a la memoria una fotografía de la reina Doña Victoria Eugenia de Battenberg, de cuando vino a España al bautizo de uno de sus nietos, no recuerdo cuál, se me ocurrió buscar retratos suyos y encontré éste, de un pintor a la moda de aquellos años, un tal Bernhardt Österman, que pertenece a la colección del Museo del Prado, pero que nunca, que yo sepa, se ha expuesto allí, aunque puede que me equivoque, al menos yo no recuerdo haberlo visto nunca. No pretendo afirmar que la reina Doña Victoria Eugenia haya sido una princesa como la del poema, seguramente fue mucho más que eso, nieta de la reina Victoria y bisabuela de nuestro actual rey, no tuvo una vida ni fácil ni demasiado feliz. En todo caso aquí están, unidos por una caprichosa asociación,  poema y pintura, pintura y poema.



RETRATO DE UNA PRINCESA DESCONOCIDA



           Para que ella tuviese un cuello tan fino

           Para que sus muñecas tuviesen un quebrar de tallo

           Para que sus ojos fuesen tan frontales y limpios

           Para que su espalda anduviese tan derecha

           Y ella llevase la cabeza tan erguida

           Con una tan simple claridad sobre la testa

           Fueron necesarias sucesivas generaciones de esclavos

           De cuerpo doblado y gruesas manos pacientes

           Sirviendo a sucesivas generaciones de príncipes

           Aún un poco toscos y groseros

           Ávidos crueles fraudulentos



           Fue un inmenso desperdiciar de gente

           Para que ella fuese aquella perfección

           Solitaria exiliada sin destino


                                                  Sophia de Mello Breyner Andresen




Bernhardt Österman, 1927. S.M. Dª Victoria Eugenia de Battenberg. Colección del Museo Nacional del Prado, Madrid.





7 comentarios:

  1. Degustando, plácidamente, tu ejemplar de "Portugal: la mirada cercana" me resulta difícil no evocar la del cuadro que, tan acertadamente, has seleccionado, así como la genial definición que nuestro Monstruo de la Naturaleza - Lope de Vega - dio a las dos facetas artísticas que tan íntimamente se complementan: "La poesía es pintura de los oídos, como la pintura, poesía de los ojos".

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    1. Si te paras a pensar el poema de Sophia de Mello tiene mucha más enjundia de lo que parece, describe un cierto tipo de evolución humana, mas ¿El proceso es positivo, o es un camino hacia la decadencia? La autora se mantiene en una deliberada ambigüedad, como buen vate no revela todas sus cartas... la reina Victoria Eugenia es y no es esa perfección solitaria sin destino, lo cierto es que al pensar en la princesa del poema no podido sino pensar en ella, por algo será ¿no?

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  2. Elegante retrato de VICTORIA EUGENIA de BATTEMBERG -"La Abuela de Europa"- el que nos muestra en su artículo.
    El pintor supo captar la honda tristeza de esta reina en su profunda mirada de ojos celestes, que -como Ud. dice, es casi desconocida en la España actual- y que se ha hecho últimamente desgraciadamente famosa por su frase: 《Mi marido, en estos momentos, se está acostando con su amante.》
    Enamorada profundamente de Alfonso XIII, llegó a consultar a un médico sobre el excesivo ardor de su marido para con otras mujeres, diagnosticándole aquél que el monarca padecía "satiriasis". (Recordemos que con Carmen Ruiz de Moragas "Neneta", el Rey tuvo dos hijos, Leandro y María Teresa).
    Sólo faltaba que un noble -el duque de Léjara-, descubierto como conspirador contra doña Victoria, falleciera de muerte súbita en el despacho de la Reina, para que ésta se granjeara aún más la enemistad de la Corte. Antitaurina como la reina Sofía y en nada parecida en esa afición o en la de la caza, a su nuera doña María de las Mercedes de Borbón (madre de Juan Carlos I), la dama retratada por Österman sí sería acreedora hoy de nuestras simpatías, así como tenida por fémina ejemplar por sus habituales excelentes colaboradoras Loli Antón y Clarisa Tomás -incansables defensoras del justo papel que ha de desempeñar la mujer en nuestra sociedad-.

    SALUDOS

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    1. Me temo que hoy en día el tema de la monarquía es aún más polémico que el de la tauromaquia y que defenderla es arriesgarse a que le pongan a uno a bajar de un burro los indignados que pululan por las redes, yo lo he hecho y lo seguiré haciendo sin embargo.

      La reina Victoria Eugenia creo que no tuvo mucha fortuna ni con su matrimonio ni con su país de adopción, país que, no hay que olvidarlo, la recibió el mismo día de su boda con una matanza terrible protagonizada por el tristemente famoso Mateo Morral. Después de eso vino aguantar a una suegra con mando en plaza y a un marido distraído, luego el exilio, el divorcio con unas condiciones económicas bastante desventajosas y muchos años de vivir en Suiza casi de donaciones. No creo que tuviera una vida feliz ni que guardase un grato recuerdo de España ni de los españoles.
      Por cierto, mencionaba cuando vino a España la última vez, si no recuerdo mal fue al bautizo de nuestro rey actual.

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    2. Don Gonzalo, le agradezco la elogiosa alusión. Es un placer, de lo más enriquecedor, leer sus acertados comentarios.
      Saludos.

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  3. Sophia de Mello es una poeta extraordinaria. Me impresionó ver poemas suyos por las salas del Oceanográfico de Lisboa, y grabados versos en losas del Castillo de San Jorge. Saludos, José Miguel.

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    1. Tienes toda la razón, Esther. En efecto Sophia de Mello tiene una obra poética extraordianaria, por desgracia poco conocida en España (como por otra parte la mayor parte de la literatura portuguesa, si exceptuamos a Pessoa).

      Recuerdo haber visto, ahora que lo dices, sus versos en el oceanográfico, esa es una de las cosas que me dan mucha envidia de los portugueses, tienen cariño por lo suyo, por su cultura en especial por sus poetas, lo mismito que aquí....

      Gracias, un saludo.

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