lunes, 6 de marzo de 2017

Las tres edades

En el camino de Tebas la Esfinge sale al paso de Edipo y le plantea el siguiente enigma: “Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene solo una voz, y es también trípode. Es el único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, aire o mar. Pero, cuando anda apoyado en más pies, la movilidad de sus miembros es más débil”. Edipo no duda: es el hombre. El ser que camina a cuatro patas cuando es niño, con dos pies de adulto y que se apoya en un tercer pie, el báculo, cuando es anciano, ese ser de una sola voz pero de múltiple aspecto no es otro que el ser humano.

El niño, el adulto, el anciano; las tres edades de la vida, tres seres diferentes en uno en el devenir del tiempo, ¿soy yo acaso como adulto el mismo que fui de joven? sin duda no somos la misma persona, aún cuando compartamos el mismo envoltorio, ¿y quién será el anciano que viva en este cuerpo mío de ahora? será interesante llegar a conocerlo, espero.

Tiziano comparte con sus contemporáneos renacentistas el gusto por las alegorías eruditas, su arte es un arte docto destinado a un público entendido. De este modo, a propósito de las tres edades del hombre, ha construido una imagen compleja, con varias capas de significado superpuestas, y ha usado el topos de las tres edades para convertirlo en una alegoría de la prudencia. El texto escrito en latín sobre la imagen ya nos pone sobre aviso: 

EX PRAETERITO / PRAESENS PRVDENTER AGIT / NI FVTVRA[M] ACTIONE[M] DETVRPET

Lo que traducido vendría a ser: "A partir del pasado, el presente obra con prudencia para no arruinar la acción futura". En eso es en lo que consiste la prudencia, en una cierta capacidad de prever lo futuro a partir de las enseñanzas extraídas del pasado, para de este modo evitar los errores que podrían llevarnos a la ruina o al desastre. La prudencia siempre ha sido una de las virtudes más estimadas por los filósofos clásicos, acaso la que más, de tal manera que figura entre las cuatro virtudes cardinales, también llamadas virtudes socráticas: justicia, prudencia, fortaleza y templanza.

En el cuadro, a los tres rostros de hombre, joven, maduro y viejo, que protagonizan el cuadro, Tiziano asocia tres efigies de animales, una cabeza de perro corresponde al joven, otra de león al hombre maduro y finalmente un lobo es el avatar destinado al anciano ¿qué significan estas imágenes y porqué esta asociación? ¿qué tienen que ver con la prudencia, el tema del cuadro?

El autor latino Macrobio (siglo V D. C.) cuenta en sus "Saturnales" que en el templo de Serapis en Alejandría, junto a la imagen de culto del dios, había una curiosa imagen de un cuadrúpedo con tres cabezas que estaba rodeado por una serpiente; estas cabezas eran de perro, de león y de lobo. Macrobio nos ofrece su interpretación de este extraña especie de Cancerbero: sería una representación alegórica de Apolo-Helios en su decurso, es decir, una imagen del Tiempo mismo; así, según Macrobio, el león representa "el presente, cuya situación entre el pasado y el futuro es fuerte y ferviente, la cabeza de lobo representa el pasado, pues la memoria de las cosas que pertenecen al pasado es devorada y sus restos abandonados; la imagen del perro, que intenta agradar, representa el futuro, cuya esperanza pinta siempre un cuadro agradable”.

El hombre, ser-en-el-tiempo, y los animales emblemas heráldicos de la eterna mutación. En este contexto la prudencia, entendida como un arte de navegar por las procelosas aguas del tiempo, sería el hilo conductor de la vida, el verdadero hilo de Ariadna para caminar con buen pie por el laberíntico viaje de la vida, ese viaje que se inicia a cuatro patas, se continúa con dos y acaba apoyándose en tres poco antes del fin de trayecto.




Tiziano Vecellio. Alegoría de la prudencia, ca. 1565-70. National Gallery, Londres.





5 comentarios:

  1. Hermoso cuadro para tan interesante reflexión.

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  2. Muchas gracias, Laura, me alegro de que te haya gustado.

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  3. Interesantísima reflexión, que nos aúna por motivos generacionales. Los docentes, en particular, solemos tener una visión bastante estática del tiempo, pues cada curso recibimos a los alumnos con las mismas edades y desempeñamos el mismo papel contando, más o menos, lo mismo; siendo semejantes también los horarios, la actitud en el aula,...Lo que nos induce a desentendernos de la huella que el transcurso del tiempo sella en nosotros, creyéndonos jóvenes cuando no lo somos. Pero, como tan bellamente ilustra el cuadro alegórico, este es inquisitorial, de modo que solemos buscar un guiño a la eternidad mediante la rutina. Cuesta admitir que, tras la nuestra, discurrirán por el tiempo muchas generaciones que, "por no hacer mudanza en su costumbre" siempre serán consideradas inmaduras por sus mayores.

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    1. Como dice Macrobio, la memoria de las cosas que pertenecen al pasado es devorada y sus restos abandonados, como carroña, es una metáfora brutal, pero es la pura verdad, desde que nacemos estamos colocados sobre una cinta transportadora que nos impele siempre hacia adelante, aun cuando a veces quisieramos pararnos, volver atrás, la cinta no se detiene. En ese sentido no acabo de compartir la reflexión de Tiziano sobre la prudencia como esa virtud que conecta pasado con presente y futuro, ya que creo que la memoria es falaz, el joven no puede ser prudente porque sino no sería joven y el viejo es prudente por necesidad, porque la propia vida le va cerrando las opciones y no tiene ya margen ni para el error... el animal humano se debate en una cárcel de tiempo cuyos barrotes no puede limar, ni hay carcelero al que sobornar porque la Parca es insobornable.

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    2. Tampoco hay que ponerse trágicos. A mí también me ha sorprendido la opinión de Tiziano, pues prefiero la definición aristotélica de virtud - prudencia - como el punto medio entre dos extremos - defectos. Evidentemente, el pasado escribe nuestro presente, y este determina nuestro futuro, pero también es cierto que los problemas acaecidos conllevan las soluciones del mañana. Por otra parte, el placer y el dolor están tan próximos como la vida y la muerte, pero, si nos inmunizamos contra ellos...¿Qué sentido tendría la vida?

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