miércoles, 15 de marzo de 2017

...que estás en la tierra. Gloria Fuertes

Hace unos días, mirando y remirando en una librería de viejo, me encontré con un libro de Gloria Fuertes (Madrid 1917 - ibid. 1998) y me lo llevé a casa por aquellas cosas, aunque sin especiales expectativas (recordaba de niño a Gloria Fuertes en televisión, en "Un globo, dos globos, tres globos", en aquel momento, lo confieso, no era especialemente devoto de aquella abuelita extraña que recitaba unos ripios, o a mí me lo parecían, tremendos), sin embargo empecé a leer por una página al azar... y ya no pude dejar el libro, tenía un modo de contar las cosas, un tono, que no era frecuente, era una voz diferente, muy interesante, también muy triste. Tristes tiempos hacen poetas tristes, el franquismo, ya saben. Me emocionó su sinceridad, tan difícil sin duda en aquella época; muchas bofetadas se debió llevar aquella valiente mujer que, en vida del Caudillo, se atrevía, mujer, pobre, lesbiana, a decir aquellas cosas. Me emociona el valor de los que lo tienen a tiempo, es decir, que dicen las cosas cuando toca, y no a toro pasado, como los progres de ahora. 

Ahora, también por casualidad, porque soy un despistado, me he enterado de que este año se celebra el centenario de su nacimiento. En buena hora si sirve para sacarla del olvido. Por ello he querido con toda humildad recoger unos pocos poemas de este libro del que les hablaba, titulado "...Que estás en la tierra" editado en el año de mi nacimiento, en 1962, por Seix Barral (¿quién si no?) a cura del impagable José María Castellet (aunque el antólogo, si mi información no es incorrecta, es Jaime Gil de Biedma), y hacer con ellos mi pequeño homenaje a este maravilloso ser humano, a esta enorme escritora.

Junto a Gloria Fuertes se me ha ocurrido colocar obras de pintores de su época (la mayoría), para rendir también un modesto homenaje a todos esos pintores que vivieron y pintaron bajo el franquismo, unos del régimen, muchos otros no, algunos incluso en el exilio, pero que hoy están todos por igual tan olvidados y que sin embargo hicieron lo mejor que pudieron por mantener viva la llama del arte, por poner belleza en tiempos feos. Así, mi homenaje a Pancho Cossío, Benjamín Palencia, Godofredo Ortega, Julia Minguillón, Ángeles Santos, José Moreno Villa, Eduardo Vicente y todos los de aquellos tiempos, así como también a las excelentes, y más contemporáneas, Isabel Quintanilla y Amalia Avia.




Amalia Avia. Tienda de máquinas, 1987.



NOTA BIOGRÁFICA

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad, 
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada, 
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre, se fue cuando más
     falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.




Isabel Quintanilla. Vaso, lápiz sobre papel, 1969.



DESDE ENTONCES NO SÉ LO QUE ME DIGO

Mi madre era de clase media,
mi padre de clase baja, 
yo de clase gratuita, 
ahora soy de clase soñadora.

Una monja me enseñó una pierna
y yo aprendí el Sermón de la Montaña
y se lo recitaba a mis amigos
en las soeces tabernas de Madrid.

Un miliciano me dio un bote de leche
y me pedía a cambio cuatro cosas,
yo me fui con el bote escupiendo
cuatro palabras bajo la metralla.

la guerra la pasé pasando hambre,
la guerra la pasé pasando sal.

Desde entonces no sé lo que me digo, 
si digo poco, quiero decir más.
Me plancho la bufanda y a otra cosa, 
¡me piso la tristeza y a triunfar!




Francisco Gutiérrez Cossío. bodegón Nº 5.



¡HAGO VERSOS, SEÑORES!

Hago versos, señores, hago versos, 
pero no me gusta que me llamen poetisa, 
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas, señores, que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.

Sigue habiendo solteras con su perro, 
sigue habiendo casados con querida,
a los déspotas duros nadie le dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta, 
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!

Esto pasa, señores, y yo debo decirlo.




Ángeles Santos Torroella. Dos hermanos, 1930.



MEDIA MUERTE

El que no lleva encima simpatía,
es que lleva debajo media muerte,
va de muerte caída por la vida,
el que no tiene risa que ponerse
es el peor mendigo de la esquina, 
es el pobre más pobre, más sin suerte,
el que tiene camisa,
y no sonrisa
que ponerse.




Godofredo Ortega Muñoz. La jaula. Colección particular.



PENA DE VIDA

Pena de vida tiene aquel que nace,
por no sé qué delito que habrá hecho,
pena de muerte tiene el que, derecho,
lo mal hecho deshace.

Pena, más pena tiene el que lo sabe
y, acompañado, solo va a morirse;
pena, más pena cuando quiere irse
el que en tu casa cabe.

Y no hay sereno, no, que tenga llave
para abrirte una noche la alegría,
y ni la mano amiga va y te fía
cuando el casero Muerte te desahucia.

Es necesaria mucha, mucha audacia
para ser cosa tuya siendo mía.
Pena de muerte tiene aquel que nace,
y tan sólo el amor pena de vida.




Benjamín Palencia. Naturaleza muerta con sifón, 1920.



¿SUICIDA?

Le hacían mucho daño los conflictos,
las listas de muertos le enfermaban.
Las pequeñas insidias que veía
le lanzaban al pozo del insomnio.
Le estaba grande el mundo,
le sobraba.
Recibía regalos mortales de los compañeros, 
de los amigos recibía palabras venenosas,
risas, que casi no eran.
Le fuimos suicidando poco a poco,
y era buena persona.




José Moreno Villa. Interior con caballo, 1935.



VENTANAS PINTADAS

Vivía en una casa
con dos ventanas de verdad y otras dos pintadas
     en la fachada.
Aquellas ventanas pintadas fueron mi primer dolor.
Palpaba las paredes del pasillo,
intentando encontrar las ventanas por dentro.
Toda mi infancia la pasé con el deseo
de asomarme para ver lo que se veía
desde aquellas ventanas que no existieron.




Julia Minguillón. La escuela de Doloriñas, 1941. Museo Provincial de Lugo.



EL DOLOR ENVEJECE MÁS QUE EL TIEMPO

El dolor envejece más que el tiempo,
ese dolor dolor que no se acaba,
y que te duele todo todo todo
sin dolerte en el cuerpo nada nada.

A tantos días de dolor se muere uno,
ni la vida se va,
ni el corazón se para,
es el dolor acumulado el que
cuando no le soportas,
él te aplasta.

Mi accidente será un buen epitafio:

Cuando una calle bajo el sol cruzaba,
de dolor -o de amor- es lo mismo,
murió desbaratada.




Eduardo Vicente. El puente de Segovia, 1945.





4 comentarios:

  1. Entrañables versos, sabiamente aliñados con precisos condimentos visuales. El frío y solitario vaso de Isabel Quintanilla me recuerda al cuadro de Antonio López que reproduce una destartalada nevera, enfatizando su penuria al mostrar unos pocos - básicos y económicos- alimentos.
    La Vida, la Muerte, el Amor, el Dolor,... esos temas tan manidos por la literatura de todos los tiempos, y que con tanta expresividad refleja Gloria Fuertes, certifican que nuestro frecuente intento de anticipación a los grandes baches que la Vida nos depara es una presunción. Desconocemos cuál será nuestra actitud en el campo de batalla, ya que vivir consiste en descubrir quiénes somos partiendo de lo que nos ocurre. De ahí la necesidad de inmortalizar los sentimientos universales, esos genuinos protagonistas de las manifestaciones artísticas.

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    1. Fue una revelación leer el libro de Gloria Fuertes. Ya hace años recuerdo que Ana Datri, la editora de ficción de Planeta, me decía que Gloria Fuertes era una gran poeta, pero yo recordaba a la de la tele y sus ripios, y no me apeteció nunca leerla, lástima, hay un gran valor literario expresando verdaderos sentimientos y experiencias humanas dramáticas en su obra que merecen ser leídos una y otra vez, por lo bellos, pero también por el testimonio de una época, el franquismo, y su dolor, su tristeza.

      Pienso que esta obra los que de verdad la pueden entender son mis padres, yo al fin y al cabo conocí los coletazos finales del régimen y no viví la peor parte, ellos seguramente no necesitan traductor para descifrar sus versos y pueden leer entre líneas.

      En cuanto a las imágenes pensé que a potenciar la atmósfera emocional que se desprende de los versos contribuían no poco muchos cuadros que se pintaron en aquellos años y que también son, cómo no, algo tristes, melancólicos, grises, y con todo, tienen su particular belleza. Me encantó por ejemplo descubrir a Julia Minguillón y su "Escuela de Doloriñas", me recuerda a la escuela de Villarrobledo, o a la mía de Carabanchel, y me gustaría investigar más y ver más obra de Pancho Cossío, sus bodegones me parecen maravillosos, creo que en Alicante hay algo suyo en algún museo, pero tendría que comprobarlo.

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  2. Gracias, MIguel. Maravillosas tus palabras y maravillosa ella, la amiga de los versos y más sola que ella misma, pero audaz, entrañable, sincera. Perdurable su manera de contar la vida.

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    1. La verdad es que por una vez la aritmética de las conmemoraciones viene bien para rescatar del olvido a una gran poeta, una mujer sincera y entrañable que merece formar parte de nuestro patrimonio literario. Gracias a ti, Clarisa. Un saludo

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