miércoles, 5 de abril de 2017

El alba

Odio el amanecer, ese mal paso del día. Detesto levantarme aún de noche para ir a trabajar, el frío matinal y las prisas, salir del calor de las sábanas a su insulsa luz, grisácea o lechosa, según la estación, me enfurecen las caras de los transeuntes matutinos, su expresión de fatalidad, de aceptación de la rutina. 

No siempre el alba es un auspicio de vida, de nacimiento o de esperanza. Sin embargo hay toda una poética cursi, de manual de autoayuda, o peor aún, de esas frasecitas que prosperan hoy en día gracias a la vulgarización de la psicología, de frase "motivacional". Hay mucha cusilería entorno al amanecer: el amanecer como símbolo de esperanza, el amanecer como la victoria de la Luz frente a las tinieblas... El propio Homero fue el primero en propiciar todo ese alud de ñoñeces con su epíteto "la Aurora, de rosados dedos", la Aurora, esa gordinflona pelma que nos obliga a madrugar con sus luces de bajo presupuesto.

Como he sido, soy y seré un perpetuo enemigo de la Aurora y siempre me he sentido más buho que alondra, he querido en esta entrada rendir tributo a creadores que han expresado la náusea, el disgusto, el fastidio, la tristeza o incluso el miedo a ese momento del día. 

El recorrido empieza con Manuel Machado: como buen juerguista noctámbulo que fuera en sus tiempos, nos recuerda en su "Canción del Alba" ese momento en que la magia de la noche se desvanece con las primeras luces y lo que era mágica excitación se desvela ahora como resaca, sueño, disgusto. El siguiente es mi admirado Jaime Gil de Biedma que describe en su "Albada" ese debatirse entre el recuerdo de la noche de ayer y el calor del cuerpo que aún yace dormido a nuestro lado, y el fastidio por la inminencia de un día que no será feliz ni placentero. Alejandra Pizarnik canta en el alba a la tristeza de lo que nace, tristeza que ella, radar de toda aflicción, podía captar como nadie. 

Finalmente me he acordado de una canción que fue el himno-protesta de toda una generación. En 1975 el régimen de Franco ejecutó a sus últimos condenados a muerte. Pese a un amplio movimiento, dentro y fuera del país, en contra de las ejecuciones, éstas se produjeron finalmente en septiembre de ese año, apenas dos meses antes de la muerte del propio dictador. La dictadura acababa así como había empezado. La canción "Al alba" que Luis Eduardo Aute compuso en esos días, y que pasó la censura como si fuera una canción de amor, fue reconocida inmediatamente por su público como una protesta contra la pena de muerte y es aún hoy en día una de sus canciones más conocidas. 

P. S. Sé que no soy el único en mi odio al amanecer: Mañana cuando te suene el maldito despertador te acordarás, maldecirás y me darás la razón.




Jeremy Geddes. The Street, 2010.




LA CANCIÓN DEL ALBA

El alba son las manos sucias
y los ojos ribeteados...
y el acabarse las argucias
para continuar encantados.

Livideces y palideces
y monstruos de realidad.
Y la terrible verdad 
mucho más clara que otras veces.

Y terminarse las peleas
con transacciones lamentables.
Y el hallar las mujeres feas
y los amigos detestables.

Y el odiar la Aurora violada
bobalicona y sonriente,
con su cara de embarazada,
color de agua y aguardiente.

Y el empezar a ver cuando 
los ojos se quieren cerrar.
Y el acabar de estar soñando
cuando nos vamos a acostar.
 

                            Manuel Machado, El mal poema.

 



 Kim Kogan. Staple Street Skybridge, 2014.




ALBADA

Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
              llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
              y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
               Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
               después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
               que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
               en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
                desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
                 hecho al amanecer.

-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
                 en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
                 y no por el placer.


                 Jaime Gil de Biedma. Las personas del verbo.





Rackstraw Downes. Untenanted Space in the World Trade Center - Winter Sun. 1998.



AL ALBA

Si te dijera amor mío
que temo a la madrugada,
no sé que estrellas son éstas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba.

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche...

Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza amor mío
esta silenciosa danza.
Maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.
Presiento que tras la noche... 

                  Luis Eduardo Aute, 1975










 Stefan Hoenerloh. The Acceptance of the Inherited Lies in Everything. 2001.





He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

                  Alejandra Pizarnik. El árbol de Diana, 1962.





2 comentarios:

  1. Como buena alondra, y ante los textos tan bellos que nos has reproducido, no me queda otra justificación para el hábito del que disfruto que remontarme a la tradición occidental, pues aquí las horas se conformaban con las siete canónicas: maitines, prima, tercia, sexta, nonas, vísperas y completas, con el objetivo de conjugar las labores con el día solar y, así, la vida privada con la comunitaria.
    Además, "Quien madruga..."¡Desayuna más temprano!

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    1. Jejeje, te veo muy alondra. Es verdad que madrugar, además de desayunar más temprano, permite conjugar la vida productiva y pública con la agenda personal aprovechando la luz del día. Yo de todos modos soy de los que nada me hace más feliz que poder levantarme con el sol ya bien alto, desayunar a una hora en que no tenga que encender la luz y, sobre todo, no tener la obligación de echarme a las calles recién levantado. Vida de señorito, como ves. lo malo es que, como no tengo rentas ni más ingreso que el sueldo, me toca contravenir mi tendencia y sumarme a las alondras matutinas. Sin embargo en cuanto puedo y tengo vacaciones vuelvo a mis hábitos nocturnos, ¡con lo bien que se está de noche! Sería un buen vampiro

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