sábado, 29 de julio de 2017

Parecidos razonables I. Historia de dos ciudades

Con esta entrada da comienzo una corta serie dedicada a explorar algunas correspondencias notorias entre cuadros que, a veces con siglos incluso de por medio, dialogan entre sí, sea como expresión de la admiración que un creador siente por otro, sea simplemente utilizando la obra del antecesor como fuente de inspiración. Los ejemplos en este sentido son innumerables, pero voy a ceñirme a los pocos casos que me han llamado la atención por una u otra razón.

Para introducir el tema tenemos que hablar un poco de van Dyck. Antoon van Dyck (Amberes 1599 - Londres 1641) fue un auténtico niño prodigio. A los 15 años se establecía ya como pintor independiente y en 1618 será admitido como maestro en el Gremio de San Lucas de Amberes. Rubens, cuyo taller tiene que satisfacer una enorme demanda de encargos de toda Europa, subcontrata a otros pintores, entre ellos a van Dyck, quien aprenderá mucho, y no sólo de pintura, con el maestro. Poco después, en 1620, es llamado a Londres por el Duque de Buckingham y en las colecciones londinenses conoce la obra de Tiziano, lo que le mueve a viajar a Italia para completar su formación artística. En los años italianos se hace una enorme fama pintando a la nobleza de Génova y en la corte de Saboya. Cuando vuelve a Amberes ya es una estrella del rock. En 1629 comienza su relación con el rey Carlos I de Inglaterra para quien ya había hecho algún trabajo de intermediario con los Gonzaga de Mantua, ya que el rey Carlos era uno de los coleccionistas de arte más apasionados y codiciosos de toda Europa. En Londres la fama de van Dyck tocará las estrellas así como su riqueza, siendo nombrado incluso caballero. Allí pintará numerosos retratos para el rey y su familia, así como muchísimos retratos de la nobleza británica. 

El cuadro que vemos en esta entrada, titulado Carlos I de caza fue pintado en 1635 por encargo real y se pagaron por él 100 libras de las 200 que pedía su autor en 1638 (la Administración siempre ha pagado tarde y mal). La novedad de su planteamiento consiste en representar al rey de un modo informal, sin vestiduras de gala ni atributos de poder, sino durante un receso en la cacería, en un medio natural, de hecho el rey ni siquiera ocupa el centro de la composición, sino que está a uno de los lados, ocupando el otro su paje, Sir Endymion Porter, quien refrena el caballo. ¿Cómo conseguir manifestar toda la majestad y el decoro que requiere un retrato real? Mediante la postura. La pose nos lo dice todo acerca de la innata superioridad del monarca sin tener que marcarla mediante el recurso a los símbolos del poder, así la pose del rey es de una estudiada y negligente elegancia, el monarca, de perfil, se gira levemente, como si concediera un minuto de atención al espectador, los pies uno adelantado sobre otro, una mano sobre el bastón y la otra, sujetando el guante, se apoya relajada en su cadera. Parece una pose natural, pero no lo es en absoluto, de hecho nunca antes se había pintado antes a un rey en esa pose, es una innovación de van Dyck. También es idea del pintor el retratar a Carlos desde un punto de vita muy bajo, ya que el rey era un hombre que sufría un cierto complejo por ser de baja estatura. En la pintura nosotros estamos debajo y él nos mira desde arriba. El cuadro es una obra maestra. El arte de van Dyck consiguió hacer que un hombre tan mediocre como Carlos I pareciese el compendio de las virtudes caballerescas, es alquimia pura, la magia que todo rey necesita como instrumento de propaganda.




 Antoon van Dyck. Carlos I de caza, ca. 1635. Musée du Louvre, Paris.



Miremos ahora el segundo cuadro. Éste es el retrato de Luis XIV que pintó en 1701 Hyacinthe Rigaud (Perpignan 1659 - París 1743), un catalán que había marchado desde su provincia a París, donde se había hecho famoso pintando a la élite de la sociedad (todos, nobles o burgueses enriquecidos, quieren ser retratados por la joven promesa). La ocasión de este retrato surgirá porque se le encarga al pintor catalán retratar al nuevo rey de España Felipe V, nieto de Luis, en traje de golilla a la española. El cuadro gustó mucho y el rey de España quiso que el mismo pintor hiciese también un retrato de su abuelo para llevarlo consigo a España. Era ésta una ocasión que el joven Rigaud no podía dejar pasar, de que su cuadro gustase y causase un gran impacto o por el contrario sólo fuese uno más dependía todo su futuro. El pintor emprendió la obra con mucho ímpetu y mucha prosopopeya, va a pintar a Luis XIV "en grand costume", es decir, con el hábito de armiño que visten los reyes para la coronación, pretende ser un retrato majestuoso, y lo será. Dificultades: Luis ya es un señor muy envejecido, afectado de gota, tripón, sin dientes, bajito, vamos, una belleza. En este momento es cuando Rigaud recurre a los trucos de su inspirador van Dyck, ¿que el rey es bajo? pues lo pintamos desde abajo, ¿que está gordo? pues lo ponemos de medio perfil, más estilizado, y con los mantos le disimulamos la barriga. Si se fijan Vds. la pose es muy, muy similar a la del retrato de Carlos I, en este caso además el pas-de-deux del rey es un discreto homenaje a sus habilidades juveniles como bailarín, parece que vaya a iniciar un paso de baile. Por supuesto el retrato del Luis XIV es mucho más rimbombante que el de Carlos, pero la corte francesa estaba sujeta a otras exigencias y eso era lo obligatorio, lo comme-il-faut. El cuadro tuvo un enorme éxito (se pintaron algunas copias más) y consolidó aún más la fama de su autor, fama que le hará morir como un hombre rico, cosa nada frecuente en un oficio tan humilde como el de pintor.



Hyacinthe Rigaud, Louis XIV en Grand Costume, 1701. Musée du Louvre, Paris.



Sin embargo el enorme y evidente parecido entre estos dos retratos nos platea un interrogante ¿Cuándo y dónde vio Rigaud la obra de van Dyck? Hagamos un poco de cronología: el cuadro de van Dyck fue pintado en 1635, sin embargo nunca, ni durante el reinado de Carlos, ni en la relación de obras que se subastaron tras su ejecución en 1649, en la que se conoció como la almoneda del siglo, figura entre las posesiones reales el retrato "Carlos I de caza". ¿Quién era entonces el feliz poseedor de la obra? Es imposible de saber, ¿Quizás Sir Endymion Porter, encargado de las compras de arte del rey y devotísimo monárquico que además figura como retratado?¿Un regalo en premio a la fidelidad? Raro, Carlos no era tan generoso ¿Quizás la reina se lo llevó a Francia en su exilio?¿El Duque de Buckingham? No me atrevo a hacer hipótesis, si acaso me gusta más la de Sir Endymion Porter. El caso es que tras la revolución inglesa y la ejecución del rey, una gran cantidad de nobles ingleses afluyen a la corte francesa, arruinados, y dispuestos convertir su patrimonio en forma de obras de arte en cash. Corte francesa donde, por cierto, los coleccionistas nobles, y no nobles, admiran hasta el delirio a van Dyck. Se sabe que el cardenal Mazarino compró muchos retratos de van Dyck, entre ellos algunos de Carlos I ¿Quizás éste precisamente? También ricos como el banquero Eberhard Jabach, protector y amigo de Rigaud, tenía una gran colección de van Dycks, lo mismo que las colecciones reales. El caso es que el cuadro tuvo que estar en Francia en alguna colección privada donde Rigaud pudo haberlo visto ya antes del 1700. Sin embargo los primeros datos documentados de la presencia del cuadro en Paris datan de 1736, en la colección de la Marquesa de Verrue, más tarde aún, hacia final del siglo, Madame du Barry venderá el cuadro a Luis XVI, pasando así a las colecciones reales, de donde pasó al hoy Museo del Louvre.




2 comentarios:

  1. Además de felicitarle por lo didáctico de su artículo, quisiera aprovechar su comentario sobre la riqueza que logró acumular el pintor catalán H. RIGAUD para hacer una aclaración: fue debida no sólo a la destreza con la que supo poner en valor su arte, sino también a la buena administración de la que hizo gala en el transcurso de su vida profesional; compartió esa doble habilidad con otros dos conocidos pintores de su tiempo: Pedro P. Rubens (1577-1640) y Brueghel 'El Viejo' (1588-1625), mientras como Ud. muy bien señala, la mayoría de la pléyade de sus colegas vivían y fallecían en la más absoluta pobreza.
    Fíjese que los artistas nunca están atentos a las leyes de oferta y demanda de su entorno, y le pondré un ejemplo más cercano en el tiempo: a finales del siglo XIX y con la gran crisis finisecular en que se vio envuelta Málaga, existían en ella 230 artistas pintores que se las veían y deseaban para vender un cuadro e ir sobreviviendo. Sólo aquellos que marcharon -como Horacio Lengo o Moreno Carbonero- lograron hacer fortuna, mientras el resto aún procediendo de la misma Escuela y teniendo gran valía, enterraban a sus compañeros pintores mediante suscripciones populares dada la ruina en que dejaban a sus viudas e hijos.
    Muy pocos artistas como los catalanes Rigaud o más tarde Mariano Fortuny, tenían los pies en el suelo, la mayoría sólo pintaban y soñaban...

    Le deseo un feliz verano en el que recargar pilas para afrontar el nuevo curso.
    Gracias por el tiempo que dedica a ilustrarnos y reciba, como siempre, mi más atento y cordial SALUDO

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    1. Muchas gracias ante todo por su felicitación. Le doy la razón en que, para morir rico, no sólo hay que haber hecho dinero, sino, y esto es tan o más importante, hay que saber administrarlo con realismo y sensatez, y esa cualidad brilla por su ausencia en buena parte de los artistas y otros profesionales que, debido a los vaivenes de su profesión, ganan en ocasiones mucho dinero en períodos concretos de su carrera, pero luego estos se alternan con más o menos largos períodos de sequía financiera. El ejemplo nos puede llevar a deportistas de élite, actores, financieros, etc. En referencia a los artistas en particular hay una perniciosa mitología decadentista que los presenta como unos tipos iluminados, espirituales, pero nada prácticos, casi unos discapacitados en cuanto les sacas de sus pinceles o de sus libros. Me parece una solemne estupidez, los artistas, como cualesquiera personas, unos tiene habilidad para gestionar su patrimonio, y sus vidas, y otros no, pero a ese respecto se encuentran en el mismo terreno de juego que el resto de los mortales. Es muy cierto que Rigaud tenía un sentido de la disciplina y del orden que le ayudó mucho en su trabajo, pero le ayudó aún más a gestionar con cabeza su fortuna, además de esto era un hombre con un hondo sentido de la familia y ayudó mucho a los suyos, y fue ayudado por ellos. El caso casi contrario es el de van Dyck a quien sus amigos casi forzaron a casarse con la intención de obligarle a sentar cabeza. Su fabuloso éxito profesional y financiero parece que le hizo perder el norte, en eso también se parecía mucho a una estrella del rock. Me interesa mucho lo que me cuenta acerca de los pintores malagueños y es totalmente cierto que, en una profesión tan azarosa como las profesiones artísticas, uno debería estar dispuesto a coger el portante e ir a donde haya clientela potencial, pero es verdad que son más los que temen arriesgarse y prefieren pan y cebolla en mi tierra a futuribles ganancias fuera, es un error, pero un error muy humano y comprensible.

      Muchas gracias y le deseo yo también un feliz verano, si pudiera ser que nos alivie estos calores, pero si no, ya nos iremos aliviando como podamos. Un cordial saludo.

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